SIN PERDER LA ESPERANZA… BIENVENIDO EL 2009

Melancolía, cuadro de Edvar Munch, Noruega 1863-1944.¿De qué hablar en este post por fin de año, una tarea casi obligada cada diciembre…? Comentaba con una amiga, bloguera también ella, que tal vez mi crónica se parezca algo a aquellas películas argentinas, de esas que nos hacían llorar en las tandas del mediodía en nuestra televisión en blanco y negro. Si quiero ser sincero, no puedo evocar muchas fiestas y celebraciones en los últimos tiempos, tal como he leído —y me alegra que así sea— en comentarios similares en los blogs de mis colegas.

Apartándonos de este tono del comienzo —por aquello de que “al mal tiempo, buena cara”—, sucede que el 2008 me ha traído varios momentos de tristeza, asociados a la enfermedad prolongada de mi madre y mi esposa. Como es natural, esto ha implicado la dedicación de tiempo y esfuerzos a su cuidado, y en consecuencia un ritmo dramático en todo el entorno familiar… aunque a la vez más unidad a la hora de enfrentarnos a los cambios de comportamiento de los enfermos en su etapa final. Reconozco que no estaba preparado para enfrentar estos momentos y posiblemente no lo esté tampoco para asumir la pérdida inevitable de familiares tan queridos.

También en este año he comprobado la fidelidad y la solidaridad de muchos amigos y familiares, que como caracteriza a los cubanos, me han dado abundantes muestras de apoyo. Son esa solidaridad y apoyo los que me han permitido continuar las tareas cotidianas en mi trabajo periodístico, luchar y vencer en esta lucha diaria por la supervivencia en medio de la situación económica tan difícil por la que atraviesa el país. Y también, por qué no, dedicar algo de tiempo a sentarme frente a mi computadora y mantener durante casi todo el año este contacto virtual con muchas buenas personas en distintas partes del mundo.

Un periodista extranjero comentaba hace un tiempo que muchos cubanos pasaban tiempo lamentándose por lo que no tenían —léase auto, casa lujosa, ropa a la moda y muchas comodidades de la vida moderna— y no sabían apreciar lo que tenían, y cuando mencionaba estas, ponía en primer lugar un sistema de salud, gratuito y eficiente, a la altura del que existe en países desarrollados y más completo que el de sus iguales latinoamericanos. Esa tranquilidad para el enfermo y sus familiares de que serán atendidos con la tecnología y los fármacos más modernos disponibles en el mundo, cuando sea preciso, y sin costo alguno, no es pagado con ningún salario, por muy alto que sea. Y eso lo disfrutamos cada uno de los cubanos, independientemente de su nivel de ingresos o procedencia social.

En medio de tantas celebraciones que me rodearon en estos últimos días de diciembre —por añadidira también mi cumpleaños el día diez—, de las cuales apenas disfruté, tuve tiempo para la meditación y para conseguir la confianza necesaria en el futuro y en que juntos, (abuelos, hijos, nuera, yerno, nietos… unos aquí en la Isla y otros en el país vecino, así es el destino de muchas familias cubanas) podremos enfrentar esta tristeza de hoy, y seguir forjando las alegrías y las dichas que están por venir en los próximos años. No podemos perder la esperanza.

«Parado frente al mar, puedo ver cómo un precioso velero ha extendido sus grandes velas blancas y empieza su travesía hacia el gran océano azul. Lo veo partir y alejarse hasta que el gran velero es tan solo un puntito blanco en el horizonte. Escucho que alguien dice: “¿Ya ves? ¡La barca ha partido ya!” “¿Se fue? ¿Adónde?”. Simplemente desapareció de mi vista La barca no disminuyó su tamaño; soy yo quien la veo más pequeña desde aquí. En el mismo instante que ese alguien dijo “¿Ya ves? ¡La barca ha partido ya!” existen otros ojos que la ven venir, y otras voces que se oirán decir con emoción: “¡MIRA, ALLÍ VIENE LA BARCA!” Esa es la experiencia de morir.» (Henry Van Dyke)

Y como colofón, reproduzco este poema que encontré en uno de esos libritos escritos por sicólogos para brindar ayuda y consuelo a los enfermos y sus familiares… en este caso el de Barbara Karnes: Amigo, recuerda que estoy a tu lado:

No me digas que comprendes
no me digas que lo sabes
no me digas que sobreviviré,
y que seguramente creceré.

No me digas que esto es solamente una prueba,
que en realidad he sido bendita,
que he sido escogida para esta labor
entre todos los demás.

No me vengas con respuestas
que solo yo puedo declarar,
no me digas que pasará mi pesar
y que pronto libre estaré.

No me juzgues como un piadoso
de las cadenas que tengo que librar,
no me digas cómo sufrir,
y no me digas cómo llorar.

Mi vida está repleta de egoísmos,
mi dolor es lo único que siento,
pero te necesito, necesito de tu amor,
sin condiciones.

Acéptame en mis buenos y malos momentos,
necesito alguien con quién compartir,
tómame de la mano y déjame llorar,
y dime: “Amigo mío, recuerda que estoy a tu lado”.

Joanetta Hendel
Bereavement Magazine

Reproducción: Edvar Munch, Noruega 1863-1944
Melancolía,1894-95

About these ads

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s