DULCILA CAÑIZARES: PREMIO A UNA POESÍA QUE EXALTA LA NATURALEZA

El Premio Samuel Feijoo de Poesía sobre Medio Ambiente se le ha otorgado este año a Dulcila Cañizares.El Premio Samuel Feijoo de Poesía sobre Medio Ambiente se le ha otorgado este año a Dulcila Cañizares, por su obra poética de toda una vida consagrada a exaltar la naturaleza cubana. Este premio lo concede la Sociedad Económica de Amigos del País, y será entregado en el Instituto de Literatura y Lingüística, en Ciudad de La Habana, el próximo 27 de mayo.

La bicentenaria institución concibió el Premio Samuel Feijóo de Poesía sobre Medio Ambiente como una de sus funciones más antiguas: la de la promoción y el reconocimiento de la cultura nacional cubana. Con ello cada año saluda el 5 de junio, Día Internacional del Medio Ambiente.

La poesía de la naturaleza alcanzó un punto cimero en el siglo XX con Samuel Feijóo, quien  la convirtió en la década de 1940 en una poética del paisaje.

Mi amiga Dulcila es una fiel seguidora de este blog, con quien he compartido recientemente el trabajo de edición/diseño de dos valiosos libros: El panorama musical cubano en la década de los 50 y La africanía en las parrandas remedianas… además, varios artículos suyos han sido publicados en la revista Signos, editada aquí en Villa Clara, donde nace Alocubano.

Convencido estoy de que esta felicitación se la hará llegar puntualmente Dinorah, una fiel lectora y amiga cubana residente en Estados Unidos, a quien he conocido por mediación de su sobrina Dulcila. También ella, al igual que yo y sus demás amigos villareños celebramos este reconocimiento por CASI toda una vida de actividad intelectual… y subrayo lo de casi, porque su espíritu investigativo y capacidad de creación le permitirán todavía entregar más obras a la imprenta…

Los poemas siguientes pertenecen a su libro Los delirios que me invento… todos tienen algo en común, la exaltación del amor y la naturaleza, dos temas recurrentes en la poesía de Dulcila.

NO ME ALCANZA

Quiero vivir más vidas…
Hacernos un lecho
de guirnaldas, beber vasos de miel,
disfrutar del incendio de las tardes.
Ofrecerte campanas, heliotropos,
cristales opalinos, racimos de uvas dulces.
Disfrutar juntos la quietud
de las noches en la playa,
el calor de los campos,
la lluvia en las tardes sombrías.
Inventar para ti
palabras nuevas, sonidos, melodías
con trinos de cristal.
Escribirte poemas
sobre las hojas limpias de mis árboles,
sobre los pétalos de mis tibias flores.
Hacer que tengas sed para darte mi agua,
que tengas hambre para yo ser tu pan.
Vivamos como dos niños ebrios de alegría
la fiesta de los días y de las madrugadas.
Me quedaré a tu lado
para gozar contigo los placeres
de mirar los astros, el cobre del poniente;
de sentir el susto inesperado del relámpago,
el frío de la lluvia, el voraz
precipicio del deseo.

No entristezcas:
siempre me encontrarás en el recuerdo.

SÉ QUE PUEDES

Tengo un terco aleteo de palomas en la mente:
aquiétalo, aquiétame.
Tengo fiebre en las sienes, relámpagos,
tenaces aguaceros. Me rinden el quebranto,
la angustia, el desamparo:
ayuda esta miseria, este zunzún perdido
que me anda por dentro. Bríndame
la palabra que calme esta desdicha,
dame el beso de mieles de tus abejas buenas.
Sé que puedes convertirme
en hojarasca, en corrientes marinas,
en huracán, en nieve,
pero si vuelves hacia mí tus ojos,
me convierto en neblina, tierna llovizna,
yerba.

LUCIÉRNAGA

Está inquieta mi poesía.
Se espanta al verme desesperada…

No es desamor, me dice mi siempreviva.
No es desamor, me gritan mis codornices.
Vuela y vuela el colibrí de adentro
y reclama la dulzura de néctares
que me guardas.

Dame
la oculta estancia de tu torcaza
y haz que se muera tu fiera sola.

Te daré el coralillo de mis razones,
haré un nido de helechos
para aliviar quebrantos
y seré tu luciérnaga para la noche.

Y TÚ, DÓNDE ESTABAS?

Vuelvo de un lejísimo cielo
y no estabas allí. Ligera volé,
muerta de infortunios,
y tú, dónde estabas?
Anduve por mares,
ríos y lagunas, por riachuelos mansos,
y tampoco las aguas supieron decirme
por dónde andabas.
Caminé despacio
por tierras cercanas, por estrechos trillos,
caminos alegres, veredas sombrías
y praderas anchas, y tampoco estabas.

Subí a las montañas, a los montes míos,
me enredé en las yerbas, me alcé
hasta los árboles, me mojé en rocíos,
me fui hasta la noche y sus madrugadas.

Regresé, muy triste, al lecho que cuida
las intimidades, y allí te encontrabas
en perenne sed de mis buenas aguas.

VUELO LEJOS

(Para Yamil Díaz)

Me enamoro de una tibia paloma. Vuelo lejos.
Persigo su blancura,
el aliento frutal que le imagino.

Supero altas montañas,
ríos, montes, y la tibia paloma aletea
con su ritmo de música lejana.

Cruza el cielo
un extraviado plomo, y la paloma
va cayendo, cayendo. Me apresuro, asustada.

Cuando llego a su lado,
la paloma de tibieza y encanto
no está herida. Sólo un susto fugaz
cortó su vuelo.
Enamorada, la cojo entre mis manos,
acaricio el plumaje soñado.
Me alienta la ternura cuando sus ojos mansos
se clavan en mis ojos.

Como si fuera un sueño,
la paloma hace un nido en mi pecho,
que está herido.

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Una respuesta a “DULCILA CAÑIZARES: PREMIO A UNA POESÍA QUE EXALTA LA NATURALEZA

  1. !Que maravilla de poesia! Bravo Dulcila.

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