SINDO GARAY, EL MÁS GENIAL DE LOS TROVADORES TRADICIONALES

Sindo Garay, el más genial de los trovadores tradicionales cubanos.Gumersindo (Sindo) Garay García nació en Santiago de Cuba (12 de abril de 1867) y falleció en La Habana (17 de julio de 1968). Empezó a tocar guitarra desde pequeño, aprendiendo por mimetismo de Pepe Sánchez y otros cantadores de la época. Sánchez le impartió luego los conocimientos que estaban a su alcance y hasta conformaron el  fugaz dúo Sánchez-Garay, porque la excelente voz de barítono del padre de nuestro bolero y la de falsete del adolescente se escuchaban muy ajustadas y bellas, pero llegó el momento en que Sindo sufrió el cambio de voz.

Garay no fue un guitarrista de excelencias, como tampoco tuvo una voz  extraordinaria, pero como segundo fue insuperable, calificado como el mejor, por sus excepcionales evoluciones armónicas y el manejo de los cromatismos. Con absoluta ignorancia de la música, su ingenio fue capaz de expresar lo que era magistral, por lo que se le valora como el más genial de los trovadores tradicionales.

Sindo sobresalió sus acompañamientos con armonías enlazadas a la perfección, por la profundidad melódica y armónica, la exactitud de los sonidos sensibles –alteración del 6to. grado, acorde de 9na. menor dominante, que ningún compositor de la época empleaba–, que se debe considerar como un precursor de la armonía alterada. Empleaba las melismas, en la melodía y en la armonía, y era el único que sabía usar  los cromatismos y la cadencia evitada, sin olvidar que, en sus segundos, enfatizaba la agógica, que es el alargamiento de los tiempos fuertes que tienen notas esenciales y el ligero aceleramiento de los tiempos débiles, y presionaba a su hijo Guarionex para que lo imitara, por lo que el dúo de Sindo y Guarionex ha sido único.

Por Dulcila Cañizares

Infatigable bohemio, rechazaba vivir mucho tiempo en los mismos sitios, al igual que mostraba sus originalidades, entre las que podemos citar los nombres que le puso a sus hijos: Guarionex, Guarina, Hatuey, Caonao y Anacaona, pues se sentía indio, ya que su madre, Dolores García Pico, descendía de indios; don Gumersindo, su padre, era blanco, y María Petronila Reyes Zamora, madre de sus hijos, era hija de indios de México y del Cibao.

Sindo y muchos otros troveros cantaban en diferentes sitios santiagueros, como El Lirio blanco, de Paquito Portela, en San Agustín y Heredia; El Gallito, en Carnicería y Callejón del Carmen; el café Bélgica, en Santo Tomás y Trocha, y el de Benito Limonta, en Rey Pelayo y San Agustín. Además, entregaban su arte en los domicilios de Silvina Caveda, ubicado en San Agustín y San Gerónimo, y en el de Germán Michaelsen, en la calle Sagarra Baja.

Cuando estaba en La Habana, los trovadores brindaban su arte en locales como el café El escorial, en Marina y San Lázaro; el Vuelta abajo, San Miguel y Consulado; La Verbena, en 41 y 30, Playa;  en los Aires Libres del Prado, en La Diana, en la Plaza del Vapor y en el más renombrado: el Vista alegre, donde Sindo trabó conocimiento con notables personajes y mantuvo amistad con Alberto Yarini, el proxeneta de lujo convertido todavía en leyenda, inmortalizado como un mito, a pesar de su turbia condición de explotador de mujeres en la zona de tolerancia del Barrio de San Isidro, aunque está muy cercano el centenario de su muerte.

Garay le compuso una canción, que indica que lo inspiraba lo que tenía alguna importancia para él: nuestro paisaje, la mujer, los hechos significativos de la historia o cualquier suceso cotidiano; por supuesto, también era lógico que tuviera en cuenta a  un espléndido y generoso admirador, ya que según manifestaciones del trovador, Yarini le ofrecía bebidas excelentes y le depositaba en los bolsillos billetes de varias cifras. La canción que le regaló al chulo de categoría se titula “Nada temas, la vida te sonríe” –cuya letra no tiene la exquisitez acostumbrada de las obras de Sindo y la música no se ha podido localizar–: “Nada temas, la vida te sonríe. / Sigue en pos de orgías y placeres, / pues las pobres mesalinas cada vez / raudal de oro vierten a tus pies. / En medio de tu vida de placeres, / cual si fueran traídos para ti, / más sinceros que besos de mujeres / son los consejos que te di”.

Vivió más de un siglo y fue un compositor notablemente fecundo. Entre sus obras se pueden mencionar, entre otras, “Perla marina”, “Germania”, “El huracán y la palma”, “Mujer bayamesa”, “Los arrayanes”, “Las penas”, “Lo que es un beso”, “Clave a Maceo”, “A Cuba”, “Martí”, “Rendido ya”, “Adiós a La Habana”, “Los bayameses”, “Testamento lírico”, “Tardes grises”, “La baracoesa”, “Como mi vida gris”, “La tarde”, “Ojos de sirena”, “El beso”, “Guarina número 1”, “Guarina número 2”, “Retorna”,  “Quelque fleur, Alguna flor o Cualquier flor” y “La alondra” (Estoy en la florida / edad de mis amores / y dediqué mi tiempo / sólo para cantar. // E igual que los antiguos / errantes trovadores, / yo busco por el mundo / un ser a quien amar).

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