EL NIÑO DE LA BOTA DE SANTA CLARA

El Niño de la Bota Infortunada, parque Leoncio Vidal de Santa Clara.Lo miro y no sé cómo un niño puede ser tan paciente y tranquilo. ¡Con tanta vida pasando a su alrededor! Así como Perico es el burro más popular en Santa Clara, él debe ser el mejor niño, el mejor portado de las últimas ocho décadas.

Desde que lo dejaron entre tanta multitud en 1925, el Niño de la Bota Infortunada ha sido cómplice de las travesuras y risas de otros de su edad, pero sin poder jugar con ellos. Tal vez porque aún no se ha puesto sus dos zapatos, o porque mejor, quiere permanecer inmóvil al tiempo.

Aseguran que es la imagen de uno de los infantes que durante la Guerra de Secesión de los Estados Unidos utilizaban sus botas para llevar agua a heridos y enfermos. El primer Niño de la Bota que tuvo Santa Clara, permaneció en el Parque Leoncio Vidal hasta 1959, y para el 300 aniversario de la Fundación de la Ciudad, en 1989, se realizó una réplica de la estatua, que aún persiste.

Por Leydi Torres Arias
Foto: Carolina Vilches Monzón

De seguro que de una figura a otra, de tan parecidos, hasta heredaron los mismos modales. Debe ser por eso que vemos al pequeño como si llevara tanto tiempo que se nos antoja el mismo que desde 1925. El primero seguramente le contó todo al sucesor, para que nadie notara la diferencia y continuar, como los mosqueteros, «uno para todos».

Pero eso sí, es un pequeño muy solidario. Reparte agua todo el día y el sonido del líquido refresca al caer. Y es muy fotogénico. No se detiene a firmar autógrafos, porque tendría que soltar su bota de la mano derecha. Mejor es posar para una foto.

¡Y cuántas historias no habrá escuchado ya! La suerte es que el Niño de la Bota es muy discreto y alberga bien los secretos que a veces oye así, por cualidad.

Y ha sido protagonista de tertulias, ventas de libros, conciertos… Por falta de música nunca se podrá quejar, pues tiene bien cerca las retretas de la Glorieta, las descargas de trova que se suceden en el «Malecón» (así le llaman a las aceras del teatro La Caridad), los bafles de las instituciones cercanas, ¡hasta los pajaritos cantan para él!

¡Qué afortunado! Y algunos dicen que no, que es el niño de la bota infortunada. Será porque cuando se le mira bien, no se sabe si está jugando con su bota o diciéndonos que está tan vieja y agujereada que necesita que le compremos otra.

Publicado en Vanguardia.co.cu

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