La estudiante cubana Lisandra Cutiño ganó el XI Concurso Hispanoamericano de Ortografía celebrado en Montevideo, Uruguay, con la presencia de representantes de 11 países.
Cutiño y la española Blanca Pérez, segundo lugar, finalizaron empatadas en la primera ronda que incluyó el dictado de 20 frases de escritores latinoamericanos y 80 palabras, y después, en una “muerte súbita”, se impuso la joven de la mayor de las Antillas.
Nicole Farías, de Chile, consiguió el tercer lugar del certamen, en el cual participaron además alumnas del último año de bachillerato de Colombia, El Salvador, Guatemala, México, Panamá, Paraguay, República Dominicana y esta sede.
“Dedico el triunfo a mi país y a la Revolución”, expresó a Prensa Latina Cutiño residente en el poblado agrícola de Amancio Rodríguez e interna del Instituto Vocacional Luis Urquiza de la provincia de las Tunas, ambos en el oriente de la isla.
La nueva edición de la Ortografía, elaborada por las veintidós Academias de la Lengua, no cambia las reglas sustanciales pero sí contiene novedades interesantes: la “y” se denominará “ye”; en América deberán dejar de llamar “be alta” y “be baja” a la “b” y la “v”, y “guión” y “truhán” pierden la tilde.
El investigador Misael Moya Méndez, profesor de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, obtuvo el Premio Anual de Investigación Cultural 2010 por su libro Expedición al mundo de la errata.
Las hay de grueso calibre, de peso mediano, y de cierta ligereza. En su inmensa mayoría están relacionadas con el sexo. Su historia se pierde en la oscuridad de los siglos, pero no siempre estuvieron prohibidas.
El precio del SMS a escala mundial es siempre mucho más bajo que el minuto de llamada, y se mantiene entre los 10 y 20 centavos de dólar, con un máximo de entre 140-160 caracteres por mensaje. Es este atractivo del bajo costo lo que lo ha hecho muy popular. Y a su vez, esa limitación en la cantidad de caracteres que pueden escribirse en cada mensaje es la causante de un fenómeno de contracción del habla escrita muy peculiar.
La lectura quizá sea el único instrumento útil para devolver al personal el gusto y la estima por el lenguaje. Hay que leer para encontrarse, para conocer, para saber más del mundo y también de nosotros. Leer para divertirse. Leer para entender el prodigio de que unos signos sobre un papel tengan el poder maravilloso de producir emociones inolvidables y de que ciertos libros hayan cambiado la vida de los hombres o el rumbo de la historia. Y de paso que la lengua, como se ha dicho tantas veces, es la verdadera patria común, la única en la que la reconciliación y el encuentro son posibles porque a todos, sin exclusiones, pertenece.














