Carpentier lo consideró el hombre más surrealista del mundo; Marinello, benemérito de las artes y de las letras; Navarro Luna dijo que con él se rompían todos los límites; Cintio Vitier le dedicó todo un capítulo en Lo cubano en la poesía.
Muchos autores se han referido a la personalidad multifacética de Samuel Feijóo, a su arte y su literatura, a su labor editorial, folclórica e investigativa, algunos han compilado sus anécdotas; sin embargo el inagotable caudal de saberes, la monumental y pluridisciplinaria obra, y el ejemplo insuperable de Feijóo desbordan todo intento de atrapar figura, espíritu y legado. La revista Signos, a veinte años de la muerte del Sensible Zarapico, ofrece a los lectores esta órbita mínima de su director fundador.
Temas que podrá encontrar en el número 62 de Signos:
ALPIDIO ALONSO GRAU
Samuel Feijóo: esa alarma generosa / 5
CARLOS ALÉ MAURI
Samuel Feijóo, efímero y frugal / 11
MANUEL MARTÍNEZ CASANOVA
Tras las huellas del Feijóo investigador,
¿cuánto podemos aprender de él? / 23 Sigue leyendo





El Premio Ser Fiel, creado por el Centro Provincial del Libro y la Literatura, para reconocer a los continuadores y defensores de la obra de Samuel Feijóo, fue entregado a Ramón Rodríguez Limonte, uno de los más destacados artistas de la plástica de Villa Clara, como parte de las actividades para celebrar el Día del Libro Cubano.
Les propongo este artículo publicado por el propio Ramón en Signos número 59, donde rememora su colaboración con Samuel Feijoo, en la fundación de esa revista, con la cual ha mantenido estrechos vínculos de trabajo desde esa época: “Todavía recuerdo —dice— la tremenda alegría que nos proporcionó la aparición del primer número de Signos, con la especial y simbólica portada de un querido amigo, el sagüero universal, Wifredo Lam. Al poco tiempo del surgimiento de Signos, quedó demostrada la valía de su singular proyección literaria perfectamente conjugada con la gráfica más auténtica, ambos rasgos característicos del quehacer feijoseano”.
Decía Lezama Lima, al hablar de Mariano Rodríguez, el pintor del orgullo guajiro —los gallos—, que los «artistas de vida prolongada nos llenan de claridad y de pronta respuesta». Eso contra todo capricho luctuoso, transcurrió en Camajuaní, territorio al que escritores villaclareños acudieron para abordar, desde el recuerdo y la permanencia, una parte insustituible de la obra y la vida literaria de René Batista Moreno (1941-2010). Justo el día no pudo ser mejor: martes 22 de marzo, fecha en que el investigador y folklorista cumpliría sus siete décadas de existencia.
Desde que conocí a Edelmis Anoceto (Poeta, crítico, traductor literario y editor), casi siempre hemos hablado de esas cosas triviales que nos acercan a la vida, a toda esa vida terrenal que nos hace más humanos, comunes. De vez en cuando nos hemos referido superficialmente al acontecer actual de la cultura en general, siempre sin adentrarnos demasiado en temas que pudieran provocar una discusión interesante o comprometedora. Hoy me acerco a él diferente: con intención mayor, con la pesquisa de conocer su carne propia. Me aproximo ante este gran bardo y una de las principales figuras de la nueva poesía cubana actual. Me acerco menos familiar, como alquien que quiere conocer a fondo otra esencia, descubrir el paisaje interior de este ser es lo ideal, desde el punto de vista –claro está- con que se puede mirar a un poeta.
La revista Signos (fundada por Samuel Feijoo en 1969) convoca a escritores, investigadores, periodistas, historiadores, folcloristas, fotógrafos y dibujantes populares de Cuba y el extranjero a enviar textos de diversa índole, dibujos y fotografías, que aborden el erotismo en su más amplio espectro, con vistas a conformar un próximo número de la publicación.
Piezas artísticas, artesanías, herramientas, ornamentos y enseres diversos acompañan al hombre en la labor y en las horas de ocio, objetos de todo tipo sin los cuales su existencia sería inimaginable. Pluma, pincel y lente se aprestan ahora a reflejar en el número 59 de Signos —muestrario incompleto para pesar de nuestra revista— los disímiles tarecos creados por los ingeniosos cubanos del campo y la ciudad.














