LAS PARRANDAS REMEDIANAS

 

Los remedianos celebran su parranda todos los años.La parranda es el hecho o manifestación social más importante para el remediano, que vive, trabaja, respira, sueña y se crece en torno a su fiesta anual. La parranda cobra una extraordinaria significación para obreros, campesinos, estudiantes, amas de casa, jubilados, trabajadores por cuenta propia, intelectuales, blancos, negros, chinos…, pues en la misma no existen barreras para la unidad poblacional. Ni aun las fiestas sanjuaneras, mucho más antiguas, han logrado raptar el corazón del pueblo, como las parrandas… El siguiente fragmento pertenece al libro: Africania en las parrandas remedianas, de próxima publicación, escrito por los investigadores Erick González Bello y Sulma Rojas Molina.

 

Las parrandas surgieron alrededor de 1820, cuando un sacerdote llamado Francisco Vigil de Quiñónez (Francisquito) contrató a un grupo de niños para que, en las frescas madrugadas del 16 al 24 de diciembre, hicieran un ruido enloquecedor, para despertar a los vecinos de la villa, que preferían dormir y no participaban en las misas de Aguinaldo. Aunque Martínez Escobar sitúa estos alborotos desde el siglo xviii, la tradición, la prensa y los historiadores locales los ubican en la tercera década del siglo xix. No sabemos si el joven sacerdote logró el sentido religioso, pero aquel alboroto evolucionó y trascendió como una genuina tradición folklórica.

 Los niños recorrían las calles con pitos, fotutos, matracas, rejas, latas rellenas con piedras y cuanto hiciera un ruido espectacular. Para esto, el pueblo se dividía en ocho barriadas: Camaco, El Cristo, San Salvador, El Carmen, Buenviaje, La Parroquia, Laguna y Bermeja.

En 1835, el regidor Genaro Manegía se quejó al Ayuntamiento del ruido que hacía la muchachada, por lo que se editó un bando que prohibía su salida antes de las cuatro de la mañana.

Por esa década también se comenzó a salir por las calles y se hacían serenatas, con acompañamiento de guitarras y mandolinas, pero luego continuó desarrollándose la música bullanguera, que fue el germen del repique. Se destacó, además, el vendedor de chivos Gregorio Quin, que apoyaba a los muchachos y recorría las calles tocando una corneta, mientras su hijo Eustaquio percutía una atambora.

Hacia 1851 se formaron dos grandes grupos rivales: El Carmen y San Salvador, capitaneados por Chana Peña y Rita Rueda, respectivamente, quienes iniciaron la primera estructura organizativa de la fiesta, demarcándolas. Por una parte aunaron sus fuerzas La Bermeja, La Parroquia, El Carmen y El Cristo; por la otra, Laguna, Buenviaje, San Salvador y Camaco, pero aún no había competencias entre los barrios. Aunque existía cierta organización, los grupos no estaban consolidados de manera definitiva. Ambas tropas contaban con un coro de cantores y tocadores de guitarra, bandurria, arpa, quijada de caballo, botijuela, corneta, clave y atambora, que salían para animar las festividades.

A pesar de la organización que iban adquiriendo las fiestas, en El Boletín remediano del 19 de diciembre de 1858 se lee que todavía salen «…grupos parranderiles haciendo ruidos por las calles con distintos instrumentos».

En la época del liderazgo de Chana y Rita, la evolución musical de las parrandas permitió la inclusión de instrumentos cordófonos y comenzó a sentirse un poco la sonoridad del blanco. Las parrandas, por esos años, debieron ser, al igual que las fiestas sanjuaneras, un hervidero de razas y culturas, que venían forjando la identidad del remediano, identidad que no conoce de límites raciales ni culturales, porque todo le pertenece… Se funden en el tiempo costumbres, tradiciones y comportamientos que el remediano, sin importar el color, asumió como propias y hoy no sabría decir si son negras o blancas: son suyas, aunque los investigadores nos ocupemos de establecer los límites entre unas y otras. Debieron ser años de definiciones de un fenómeno cultural-popular que ya se encaminaba hacia su definitiva organización y conformación.

En 1871, la fiesta adoptó una nueva forma… Los españoles Cristóbal Gilí Mateu (el Mallorquín o Malluco) y José Ramón Celorio del Peso (Asturiano), radicados en Remedios, aglutinaron los ocho barrios parranderos en dos: El Carmen y San Salvador. En 1899 establecieron la última demarcación, al fijar como límite para los contrarios una línea divisoria que atraviesa la Plaza. Por aquella fecha, la competencia se centraba en coroneles empinados en la línea divisoria de ambos contrincantes, y no podían ser picados por el contrario, bajo pena de multa.

A partir de entonces comenzaron a incluirse en las parrandas numerosos elementos artísticos que, junto con la música ya existente, las conformaron definitivamente.

Una respuesta a “LAS PARRANDAS REMEDIANAS

  1. ILIANA CHIRINO HERNANDEZ.

    Magnifica esta investigacion,como magnificos tambien sus autores: Erick Gonzalez Bello y Sulman Rojas Molina.Hablo desde una bella experiencia de vida ,que permite que me refiera asi a tan buena obra merecedora del Premio Nacional de investigacion otorgado por el centro nacional Juan Marinello.Y que decir de lo que significan las Parrandas para los Remedianos?:otra extraordinaria experiencia no solo de la vida sino tambien de la existencia de cada uno de los de la 8va villa de cuba.

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