DROGAS: PREVENIR Y COMBATIR

Frente al aumento del consumo, una estrategia de prevención.Se estima que unas 200 mil personas mueren cada año por causas asociadas a la drogadicción, pero los riesgos y daños asociados al consumo varían para cada sustancia, según un informe de Naciones Unidas divulgado en ocasión de celebrarse esta semana el Día Internacional de la lucha contra el uso indebido y el tráfico ilícito de drogas.

Más de 200 millones de personas en el planeta han consumido drogas alguna vez, cifra que puede aumentar si se tiene en cuenta el crecimiento de los cultivos y oferta de estupefacientes. El informe, asegura que el cannabis es la sustancia más difundida, adquirida por 165,6 millones de individuos.

Le siguen las anfetaminas, opio, cocaina y éxtasis, destaca el documento, que también señala las edades entre 15 y 60 años como las más afectadas por el consumo.

Cuba no está exenta de tal realidad, sobre la cual comenta al periódico provincial Vanguardia, el teniente coronel Ignacio Turcios Lima Tamayo, primer profesor de la Cátedra Antidrogas del Instituto Superior del MININT Capitán San Luis, de la capital cubana:

En sus valoraciones acerca de tal asunto destacó la voluntad política de nuestro Gobierno de combatir esos vicios, recalcó la importancia que se concede al trabajo preventivo como medio eficaz de evitar la proliferación del consumo en el país, y hacia esa dirección se dirigen esfuerzos y recursos, a fin de salvaguardar a sus pobladores de tan terrible práctica.

En Villa Clara ese sentido previsor debe manifestarse con la fuerza de una acción mancomunada entre todos los componentes del entorno social. Es un territorio que no se distingue por el consumo de sustancias tan dañinas como la marihuana, la cocaína u otras de gran nocividad, de esas que convierten al hombre en infeliz rehén del narcótico. Sin embargo, la mayor incidencia está determinada por el uso de fármacos y psicotrópicos cuyos efectos, en definitiva, son tan indeseables y destructivos para la salud mental y moral del individuo, como cualquiera de las demás sustancias ilícitas.

«Cuando un sujeto desprovisto de escrúpulos —señaló el oficial— desvía un medicamento de su uso terapéutico, está poniendo en crisis a un paciente realmente necesitado de ese fármaco para su curación. Cuando ese indolente vende uno de estos medicamentos, está propinando una bofetada a la preocupación del Estado por garantizar la salud de la ciudadanía.

«Pero cuando alguien con afán de lucro desvía un medicamento de su uso terapéutico para dirigirlo al mercado negro, está poniendo en peligro la salud de jóvenes y adolescentes, que son las víctimas más vulnerables de este fenómeno. Sus organismos se transforman, y en corto tiempo pueden convertirse en seres dependientes, enfermos de espíritu.»

La actuación del suministrador, evidentemente, resulta criminal en estos casos, porque conforma en la juventud consumidora los primeros pasos que la llevarán de la mano a la condición de adicta.

Hay sustancias, como las anfetaminas, capaces de provocar irregularidades en el ritmo del corazón, convulsiones y estado de coma, e incluso causar la muerte por falla respiratoria o cardíaca.

En ocasiones, la persona sometida a los efectos de estas drogas experimenta un estado de torpeza y adormecimiento, al que suele seguir un sueño largo y profundo. Al despertar, queda sumida en una onda depresión, que en algunos casos puede conducir al suicidio.

Serán la familia, el grupo social, la comunidad, en esencia, los mayores perjudicados, junto con el enfermo, por las tristes consecuencias derivadas de tales prácticas. La zozobra y la angustia ocuparán en el hogar el sitio en que debía reinar la armonía y la tranquilidad.

«Es necesario tener presente que cada fármaco representa un destino terapéutico y está diseñado en laboratorios por científicos y químicos para curar dolencias del ser humano; no para destruirlos ni enfermarlos», subrayó el teniente coronel Turcios Lima, también asesor de Divulgación sobre drogas en el Departamento Ideológico del Comité Central del Partido.

Él asegura que mientras en Cuba haya un ciudadano o una familia afectada por esta situación, la lucha contra la drogadicción será ardua, y mayor aún el compromiso de llevarla hasta las últimas consecuencias.

Desde 1961, Cuba es firmante de la Convención Única de Estupefacientes. En 1971 suscribía el Convenio sobre Sustancias Psicotrópicas, en la que están incluidos todos los medicamentos, y más reciente, en 1988, ratificaba la Convención de Naciones Unidas contra el Tráfico de Estupefacientes y Psicotrópicos, la cual enfatiza en la necesidad de potenciar el trabajo preventivo en este tema.

Tampoco debe olvidarse en este marco de realizaciones, que en 1993 el Estado cubano presentó en la ONU el Plan Maestro de la República de Cuba, en el que sustenta en objetivos muy concretos la voluntad de mantener a la población libre de drogas, y proteger, además, la soberanía nacional frente a las operaciones internacionales de narcotráfico entre los grandes productores del sur del continente y el gran consumidor, localizado en el Norte.

El Programa Integral de Prevención contra el uso indebido de drogas, establece un grupo de estrategias, en el que las instituciones y las organizaciones políticas y de masas tienen un papel primordial. Ese programa está basado también en los artículos del 190 al 193 del Código Penal, que condenan las actividades ilícitas de producción, ventas, demandas, tráfico, distribución y tenencias de drogas, estupefacientes, sustancias psicotrópicas y otras de efectos similares con sanciones de hasta 30 años de privación de libertad.

«En cuestión de prevención Cuba es un paradigma. Así lo atestiguan representantes de servicios homólogos de otros países que nos visitan, y estamos obligados, con nuestra actuación preventiva, a mantener esa credibilidad, en primer orden, con nuestro pueblo. Es el primer compromiso. No hacemos ninguna obra para quedar bien con nadie. Ante todo, lo hacemos por el bienestar del pueblo, para la salud del pueblo, por la tranquilidad del pueblo. Él es quien dicta lo que tenemos y debemos hacer.»

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