USA: LÁGRIMAS DE COCODRILO

Continúa llegando a Cuba la ayuda solidarias de numerosos países amigos.Es un concepto ético bastante antiguo: a los amigos cuando están en dificultades no se les ponen condiciones para ayudarlos. Se encuentran las vías más rápidas y expeditas para hacerlo, y mucho menos se le hacen peticiones que de antemano, van a ser rechazadas.

Este camino resulta mezquino y ruin, y revela la falsía de esa amistad, o que no la hay realmente. Trasladado esto a las relaciones Cuba-Estados Unidos, tras el reciente ofrecimiento de ayuda a Cuba para paliar los efectos de los huracanes Gustav y Ike, comprenderemos el por qué del rechazo de Cuba y el ofrecimiento hipócrita y condicionado de nuestros vecinos. Lágrimas de cocodrilo, como diríamos en buen cubano, de quienes pretenden pescar en las aguas turbias de ambos huracanes.

Importantes personalidades políticas, organizaciones humanitarias y religiosas en Estados Unidos, se han manifestado por un levantamiento, al menos temporal, de las sanciones económicas contra Cuba. Estas voces no pueden ser ignoradas por las autoridades en Washington y en los últimos días han tratado de enmascarar su verdadera posición, como ya la expuso la secretaria Rice en forma prepotente y descarnada, mientras obstaculizan cualquier negociación con exigencias que perfectamente saben que La Habana no puede aceptar.

La Agencia para el Desarrollo Internacional, del gobierno de Estados Unidos, informó que la “ayuda autorizada” para las víctimas del huracán Gustav era de 100 mil dólares, cifra ésta tan ridícula que ya la han superado con creces otros estados con muchísimos menos recursos.

Sin embargo, en ningún momento Cuba ha solicitado la ayuda del poderoso vecino del Norte, que durante los últimos 49 años ha sometido a la Isla a un implacable bloqueo comercial, económico y financiero con el fin de provocar el colapso del gobierno socialista.

 

El planteamiento expuesto por la Cancillería cubana al Departamento de Estado consiste en comprar, mediante créditos de empresas privadas norteamericanas, los materiales necesarios para construir nuevas casas y restablecer en el menor tiempo posible las redes eléctricas.

Se trata de una operación comercial de las que a diario se realizan centenares y hasta miles en el mundo, pero en este caso existe un obstáculo insalvable: lo que Washington denomina el “embargo” sobre Cuba.

A propósito, la agencia de noticias Prensa Latina distribuye el siguiente comentario:

El secretario estadounidense de Comercio, Carlos Gutiérrez, parece estar consternado —”frustrado” fue la palabra que utilizó— porque, según la caprichosa óptica de su gobierno, Cuba rechazó el ofrecimiento de ayuda de Washington para paliar los daños de dos devastadores y sucesivos huracanes.

Gutiérrez, de remoto origen cubano, apela a disfrazarse de oveja, con arrojos humanitarios, pero el atuendo no juega con su función en la Casa Blanca, la de asumir uno de los rostros visibles de las corrientes más antagonistas hacia la Revolución Cubana.

Con amplio historial de proximidad a los cabecillas de la extrema derecha de la emigración de origen cubano asentada en Miami, Gutiérrez no consigue hacer creer a su auditorio que él y su gobierno desean realmente extender ayuda humanitaria a Cuba.

Si fuera así sólo tendrían que eliminar la absurda y extemporánea condición de conceder la asistencia sólo si una misión de expertos explora el terreno, es decir, si recorre Cuba.

Para los cubanos el argumento del gobierno estadounidense sería risible si de por medio no existiera el dolor de tantas familias damnificadas por los enfurecidos vientos y copiosas lluvias de los huracanes Gustav y Ike, en trayectoria demoledora tan sólo con una diferencia de ocho días.

Cuando menos, constituye un acto de miopía mayúscula ignorar la vasta experiencia de los técnicos cubanos en la cuantificación de daños causados por los ciclones.

Por la ubicación geográfica de un archipiélago expuesto a recurrentes fenómenos meteorológicos, los cubanos han acumulado una experiencia infinita.

Tanto el gobierno como las entidades económicas y la propia población poseen una consistente cultura anticiclónica, una herramienta insustituible para lograr la supervivencia ante el paso de ciclones cada vez más potentes.

Los afanes preventivos de Cuba y la capacidad de recuento de sus técnicos son reconocidos internacionalmente, a tal punto de que varios gobiernos, como ha ocurrido en los últimos días, se han puesto a disposición de su homólogo cubano para conocer en qué dirección pueden canalizar su colaboración.

No es esa la actitud de la Casa Blanca, empeñada en colocar obstáculos insólitos para luego afirmar, torcidamente, que Cuba rechaza el ofrecimiento de colaboración.

Si como dijo el gobierno cubano, avanza el proceso de cuantificación de los daños y además se sabe por fuentes periodísticas de que el castigo de los huracanes se hizo más notorio en la viviendas, redes eléctricas y agricultura, entonces NO hay excusas para facilitar las autorizaciones pertinentes.

Pero es más. Cuba ha expresado claramente que NO desea que el país norteño le regale nada y sólo solicitó hacer libremente compras de alimentos y de insumos para restañar daños en la infraestructura civil, además de requerir que compañías privadas le concedan créditos.

Todo está dicho, incluso con un lenguaje alejado de tecnicismos. Solo queda a Estados Unidos dictar las autorizaciones pertinentes porque el absurdo bloqueo, de casi medio siglo, impide tales transacciones.

Sería muy simple hacer una ayuda efectiva a Cuba si se tienen en cuenta los precisos señalamientos de La Habana. No es necesario que Carlos Gutiérrez trate de asumir papeles para los que carece de pericia.

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