UN GRAN AMOR Y UN SONADO ESCÁNDALO EN 1905

Catalina Laza.Una novela del arquitecto y escritor Mario Coyula recrea una de las más bellas historias de amor de que se tienen noticias en Cuba. A la vez, fue el mayor escándalo de la época. La deslumbrante patricia criolla Catalina Laza y el rico hacendado Juan Pedro Baró cayeron rendidos el uno al otro un día de 1905 y siguieron unidos hasta el fin de sus días. Su historia marcó el primer divorcio en la isla, dejó una de las casas más lindas y también uno de los más impresionantes panteones construidos en la necrópolis de Colón.

No son muchos los que recuerdan aquel singular suceso de principios del siglo XX que estremeció a la aristocracia cubana e involucró tanto a la presidencia de la naciente República como al mismísimo Papa; casi un mito sobre el amor entre uno de los más ricos hacendados de la Isla y una de las más bellas mujeres cubanas, que desgraciadamente, estaba casada.

Catalina Laza, la “maga halagadora” para los periódicos de la época, había ganado los principales concursos de belleza de 1902 y 1904 y se encontraba unida en santo matrimonio con Luis Estévez Abreu, hijo del primer vicepresidente de la República de Cuba. Sin embargo, fue en uno de los grandes salones de baile, alejada de las estrecheces e hipocresías de la aristocracia, donde esta joven de castaños rizos encontró el verdadero amor, bajo la mirada del hacendado Juan Pedro Baró.

 

Ella pidió la disolución del matrimonio, pero el esposo temía perder el gran prestigio de su apellido. Fue entonces cuando Catalina y su amante hicieron su amor público al no poseer otra alternativa.

Cuentan que una vez entraron al teatro juntos. Ante la sinceridad de la pareja los asistentes abandonaron, uno a uno, el recinto. Desde el escenario los actores descubrieron conmovidos la triste silueta de un hombre que acariciaba en silencio las lágrimas de una mujer, y como si el teatro estuviera lleno continuaron la función. Entonces Catalina, agradecida, lanzó a las tablas todas sus joyas.

Pero en la Cuba de principios de siglo no quedaba mucha felicidad para ellos. En todas las revistas y periódicos aparecían sus fotos con comentarios, acusaciones y hasta inventos. Así fue que viajaron hasta Europa, no para buscar un refugio sino, más bien, para cumplir con un destierro impuesto.

En Francia Catalina logra casarse con su amante Juan Pedro. Pero en Cuba su esposo, Luis Estévez, la acusa de bigamia y adulterio. El suegro, el señor vicepresidente, estaba verdaderamente molesto. En busca de consuelo los amantes tocaron a la puerta del Vaticano. Durante gran parte de la tarde el Papa escuchó su historia. Quizás conmovido, la máxima autoridad católica bendijo a los dos enamorados y dispuso la disolución del ya caduco matrimonio.

Cuando el presidente de la República de Cuba, Mario García Menocal, firmó la ley del divorcio en 1917, los jóvenes decidieron regresar a su tierra. Ese mismo año, Catalina se convirtió en una de las primeras mujeres que quedaron oficialmente divorciadas. Para ella y Juan Pedro comenzaba así una felicidad que no duraría mucho tiempo.

Los vecinos del habanero Vedado despertaron los primeros días de 1922 con la sorpresa de ver gigantescos cimientos en la Avenida de Paseo. En poco tiempo se alzó un palacio soberbio, la primera casa inspirada en el estilo Art Decó en toda la isla. La misma aristocracia que tanto los discriminó y calumnió, asistía a la inauguración del palacete con la intención de recibir como regalo, cuadros de famosos pintores cubanos.

En el jardín de la casona Juan Pedro hizo sembrar una rosa amarilla única, nacida del injerto de floricultores expertos, una rosa llamada Catalina. Mas pocas veces la joven enamorada pudo verla florecer. Parecía que aún con tanto amor se le escapaba la vida. El 3 de diciembre de 1930, en los brazos de Juan Pedro, cerró los ojos Catalina. Su mirada azul se extinguió para siempre. Se apagó el eco, se desvaneció el hechizo de su risa. Juan Pedro construyó entonces un impresionante panteón en el centro de la Necrópolis de La Habana. La obra costó medio millón de pesos en oro.

El joven murió 10 años después de haber enviudado. Cuentan que se hizo enterrar de pie para velar de cerca el sueño de su amada Catalina, pero la tumba guardó siempre el secreto. Sus puertas con ángeles de granito negro nunca más se abrieron.

La rosa Catalina aún crece, aún hechiza al recuerdo desde el 406 de la Avenida de Paseo, tanto como esas increíbles historias de amor que engendran novelas o leyendas y que están entre las personas comunes, mucho más de lo que sospechan.

Sandra Pérez Chaviano y Sadiel Mederos Bermúdez

3 Respuestas a “UN GRAN AMOR Y UN SONADO ESCÁNDALO EN 1905

  1. Any information as to whether Catalina Laza owned or bred small dogs?

  2. Any information as to whether Catalina Laza owned or bred small dogs?

  3. Maria Elena Martinez

    Si eso pasa en otro pueblo, u otro nivel social, la Catalina seria una put_ mas.

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