CHE: PARA SIEMPRE EN EL AIRE DEL MUNDO

Ernesto Che Guevara. Ernesto Guevara, durante la guerra revolucionaria en Cuba comenzó a escribir la más bella historia de lucha con el nombre del Che, para engrandecerse bajo los seudónimos de “Ramón”, “Tatu” y “Fernando” en lejanos parajes del Congo y Bolivia, donde cayera un 8 de octubre de 1967.
Mucho se ha escrito sobre el indiscutible héroe del presente siglo durante los 41años que nos separan de su caída. El Che, en Cuba y en todas las latitudes del planeta se tornó en símbolo y bandera de múltiples y vehementes anhelos. Su imagen encarna hoy los sentimientos más puros y desinteresados del ser humano.
Pero Ernesto fue también niño, adolescente, joven y adulto divertido, jovial, serio, tesonero, familiar, hasta mordaz, y con una infinita capacidad de amar. Supo forjar con delectación de artista, carácter y sentimientos que le hicieron sentir bajo sus talones el costillar de Rocinante y emprender el camino blandiendo la adarga contra los explotadores sin importarle entregar su vida a cambio.

En esta oportunidad no intento repetir la historia del hijo mayor de Celia de la Serna y Ernesto Guevara, nacido a las tres y cinco minutos de la madrugada del 14 de junio, en la ciudad argentina de Rosario, provincia de Santa Fe, cuando sus padres debieron hacer un alto en la travesía que realizaban en barco por el río Paran, en viaje hacia Buenos Aires.
Más que dibujar la figura del pequeño que a los dos años comenzó a desarrollar una lucha tenaz contra las limitaciones impuestas por el asma severa que lo aquejara toda su existencia, o hablar del joven estudiante de medicina capaz de emprender un viaje por el norte de su país y plasmar en un cuaderno de apuntes la crítica al turista ávido de conocer la lujosa apariencia de un lugar, quiero que sean sus propias palabras o las de quienes gozaron el privilegio de su amistad las que plasmen la imagen del revolucionario que proclamara ante el plenario de la Organización de Naciones Unidas el orgullo de ser cubano, argentino y sentirse tan patriota de Latinoamérica como el que más y estar dispuesto a entregar la vida por su liberación sin pedirle nada a nadie, ni exigir nada, ni explotar a nadie.
Es posible aquilatarlo en toda su grandeza cuando conocemos al Ernesto de 21 años que vio reflejada el alma de los pueblos en los enfermos de los hospitales, los asilados en la comisaría o el peatón ansioso con quien se íntima, “(…) mientras el río Grande muestra su crecido cauce turbulento por debajo”.
Muestra también de la maduración temprana de su personalidad son los efectos causados por un viaje de ocho meses en moto por el continente americano, cuando apenas contaba 23 años y estaba a punto de culminar la carrera de Medicina. Al prologar sus anotaciones en un cuaderno chispeante y conmovedor, señala: “(…) El personaje que escribió estas notas murió al pisar de nuevo tierra Argentina, el que las ordena y pule, ‘yo’, no soy yo; por lo menos no soy el mismo yo interior. Ese vagar sin rumbo por nuestra ‘Mayúscula América’ me ha cambiado más de lo que creí.”
El cambio lo llevó nuevamente a peregrinar por el sufrido continente hasta detenerse en Guatemala, donde Jacobo Arbenz trataba de mejorar la vida de su pueblo; allí, como en Costa Rica, conocerá a algunos de los cubanos asaltantes al cuartel Moncada, con quienes se reencontrará en México, tras el derrocamiento del gobierno guatemalteco urdido por la Agencia Cen­tral de Inteligencia.
En el gimnasio situado en Bucareli No. 118, entre general Prim y Lucerna, en la capital mexicana, donde asistían como parte del entrenamiento y preparación los futuros expedicionarios del Granma, se conocieron el Che y Juan Almeida.
De esa primera impresión recuerda el hoy comandante de la Revolución y miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba: “(…) él, médico argentino, exiliado también, venía de Guatemala. Asmático fuerte, con su inhalador en el bolsillo. Siempre vestido de traje color carmelita, afable, compartía con nosotros los ejercicios y los juegos. Después se marchaba para el hospital donde trabajaba.
“Posteriormente lo encuentro en el rancho Santa Rosa, en Chalco, donde pasamos un entrenamiento más riguroso en contacto directo con un territorio agreste, donde él tenía las funciones de jefe de personal, sin que por ello fuera excluido de sus deberes de entrenamiento, las marchas, las guardias y la atención a los enfermos (…) Hacemos juntos la travesía rumbo a Cuba en el yate Granma, donde lo veo atender a los afectados por el mareo cuando se lo permite el asma que lo ha atacado con fuerza.
“A partir del desembarco en Las Coloradas, el 2 de diciem­bre, nuestra vida en común de guerrillero queda marcada por tres hechos transcendentales: cuando nos sorprenden en Alegría de Pío lo encuentro herido en el cuello y lo llevo conmigo hasta el reencuentro con Fidel en Cinco Palmas; en la emboscada los soldados de la tiranía en Llanos del infierno el 22 de enero de 1957, dio prueba de arrojo, valor y osadía al salir de la trinchera para ocupar el fusil y la canana de un Soldado enemigo derribado, arma que después, previa consulta a Fidel, me entrega en gesto de delicadeza que a todos nos emocionó. Finalmente cuando, como médico, queda a cargo del cuidado de los que resultamos heridos en el combate del Uvero, el 28 de mayo de ese mismo año.
“A estas vivencias pudiéramos añadir la emoción que sentimos cuando lo hicieron Jefe de la Columna 4 y Fidel lo nombró Comandante, los graves e importantes momentos compartidos en el enfrentamiento a la ofensiva de la tiranía en julio y agosto de 1958 y la alegría al encontrarnos en Camagüey el 5 de enero de 1959, derrotada ya la tiranía, cuando vengo con Fidel hacia La Habana.
“Vinieron después los días, semanas y meses convulsos de la Revolución, organizando el nuevo Estado Socialista, donde el Che desempeñó importantes misiones, hasta su salida definitiva hacia otras tierras del mundo, primero Africa y después a Bolivia”.
Al finalizar destaca: “Junto a la admiración que siento ante sus cualidades como revolucionario, guerrero dirigente y como persona, se ganó también mi más profundo sentimiento de amistad, compañerismo, hermandad, cariño más sincero y respeto”.
“Este es el Che que conozco, porque como dijera Fidel de Ernesto Guevara nunca se podrá hablar en pasado”.
Es también el comandante que los cubanos aprendieron a querer y respetar durante los poco más de ocho años que permaneció en la Isla, donde dejara, como señalara en su carta de despedida de despedida a Fidel, lo más puro de sus esperanzas de constructor y lo más querido, entre sus seres queridos.
Al anochecer del 18 de octubre de 1967, en medio del solemne silencio reinante en la Plaza de la Revolución colmada de un pueblo que llora la pérdida del heroico guerrillero, el Comandan­te en Jefe Fidel Castro, dará una de las más completas y profundas valoraciones del compañero que sin titubear se pusiera bajo sus órdenes para lograr la definitiva libertad de Cuba.
Como señalara Fidel, el Che reunía “en su extraordinaria personalidad, virtudes que rara vez aparecen juntas. El descolló como hombre de acción insuperable, pero Che no solo era un hombre de acción insuperable: Che era un hombre de pensa­miento profundo, de inteligencia visionaria, un hombre de profunda cultura. Es decir, que reunía en su persona al hombre de ideas y al hombre de acción.
“(…) Che reunía como revolucionario las virtudes que pue­den definirse como la más cabal expresión de las virtudes de un hombre revolucionario: hombre integro a carta cabal, hombre de honradez suprema, de sinceridad absoluta. hombre de vida estoica y espartana, hombre a quien prácticamente en su con­ducta no se le puede encontrar una sola mancha. Constituyó, por sus virtudes, lo que puede llamarse un verdadero modelo de revolucionario.
“Suele, a la hora de la muerte de los hombres, hacerse discursos, suele destacarse virtudes, pero pocas veces como en esta ocasión se puede decir con más justicia, con más exactitud, de un hombre lo que decimos del Che: que constituyó un verdadero ejemplo de virtudes revolucionarias!
“Pero, además, añadía otra cualidad, que no es una cualidad del intelecto, que no es una cualidad de la voluntad, que no es una cualidad derivada de la experiencia, de la lucha, sino una cualidad del corazón, porque era un hombre extraordinariamente humano, extraordinariamente sensible!
“Por eso decimos, cuando pensamos en su vida, cuando pensamos en su conducta, que constituyó el caso singular de un hombre rarísimo en cuanto fue capaz de conjugar en su personalidad no sólo las características de hombre de acción, sino también de hombre de pensamiento, de hombre de inmaculadas virtudes revolucionarias y de extraordinaria sensibilidad humana, unidas a un carácter de hierro, a una voluntad de acero, a una tenacidad indomable.
“Y por eso les ha legado a las generaciones futuras no sólo su experiencia, sus conocimientos como soldado destacado, sino que a la vez las obras de su inteligencia, Escribía con la virtuosidad de un clásico de la lengua. Sus narraciones de la guerra son insuperables. La profundidad de su pensamiento es impresionante. Nunca escribió sobre nada absolutamente que no lo hiciese con extraordinaria seriedad, con extraordinaria profundidad; y algunos de sus escritos no dudamos de que pasarán a la Posteridad como documentos clásicos del pensamiento revolucionario.
“Y así, como fruto de esa inteligencia vigorosa y profunda nos dejó infinidad de recuerdos, infinidad de relatos que, sin su; trabajo, sin su esfuerzo, habrían podido tal vez olvidarse para siempre.
“Trabajador infatigable, en los años que estuvo al servicio de nuestra Patria no conoció un solo día de descanso. Fueron muchas las responsabilidades que se le asignaron: como Presi­dente del Banco Nacional, como Director de la Junta de Planificación, como Ministro de Industrias, como Comandante de regiones militares, como Jefe de delegaciones de tipo político, económico o fraternal.
“Su inteligencia multifacética era capaz de emprender, con el máximo de seguridad, cualquier tarea en cualquier orden, en cualquier sentido, Y así, representó de manera brillante a nuestra Patria en numerosas conferencias internacionales. de la misma manera que dirigió brillantemente a los soldados en el combate, de la misma manera que fue un modelo de trabajador al frente de cualesquiera de las instituciones que se le asignaron, y para él no hubo días de descanso, para él no hubo horas de descanso! Y si mirábamos para las ventanas de sus oficinas permanecían las luces encendidas hasta altas horas de la noche, estudiando, o mejor dicho, trabajando y estudiando, porque era un estudioso de todos los problemas, era un lector infatigable, Su sed de abarcar conocimientos humanos era prácticamente insaciable, y las horas que le arrebataba al sueño, las dedicaba al estudio.
“Los días reglamentaros de descanso los dedicaba al trabajo voluntario. Fue él el inspirador y el máximo impulsor de ese trabajo que hoy es actividad de cientos de miles de personas en todo el país, el impulsor de esa actividad que cada día cobra en las masas de nuestro pueblo mayor fuerza.
“Y como revolucionario como revolucionario comunista, ver­daderamente comunista, tenía una infinita fe en los valores morales tenía una infinita fe en la conciencia de los hombres. Y debemos decir que en su concepción vio con absoluta claridad en los resortes morales la palanca fundamental de la construcción del comunismo en la sociedad humana.
“Muchas cosas pensó, desarrolló y escribió. Y hay algo que debe decirse un día como hoy, y es que los escritos del Che, el pensamiento político y revolucionario del Che tendrán un valor permanente en el proceso revolucionario cubano y en el proceso revolucionario de América Latina. Y no dudamos que el valor de sus ideas, de sus ideas tanto como hombre de acción, como hombre de pensamiento, como hombre de acrisoladas virtudes morales, como hombre de insuperable sensibilidad humana, como hombre de conducta intachable, tienen y tendrán un valor universal”.
Palabras que la historia hizo realidad. Hoy, en el mundo, la figura del guerrillero invencible se agiganta, y como dijera en una carta Haydée Santamaría, sus pequeños, fijos, penetrantes ojos seguirán alumbrando y diremos ahora es el viento, ahora el Che peleando para siempre en el aire del mundo.

Tomado de http://www.vanguardia.co.cu

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s