ALICIA Y GISELLE, LA CUMBRE DEL BALLET ROMÁNTICO

Alicia Alonso se convirtió por primera vez en la frágil campesina Giselle, el 2 de noviembre de 1943, en el Metropolitan Opera House de Nueva York, junto al prestigioso bailarín inglés Anton Dolin, como Albrecht, y el elenco del American Ballet Theatre. Aquella noche, en la persona de Alicia Alonso triunfó Cuba y toda América. Había demostrado que una latina podía asumir con excelencia técnica y estilística un papel hasta entonces reservado para intérpretes eslavas o anglosajonas.

Alicia Alonso interpreta a Giselle, un rol que la ha inmortalizado para la historia del ballet.Esta pieza maestra absoluta de la danza del Romanticismo fue estrenada en 1841 en la Ópera de París, constituyéndose en obra pura y fundamental de la danza clásica, tanto por el tratamiento de los ideales románticos como por el empleo de la más refinada técnica teatral del siglo XIX.

Como la mayoría de los ballets románticos, el quehacer de Giselle descansa en la prima ballerina, quien debe ser dueña de virtuosismo técnico en el baile y al propio tiempo de una alta disposición para la mímica.

Aunque Giselle ha estado en el repertorio de bailarinas excepcionales como la Carlota Grissi, Fanny Elssler, Anna Pavlowa, la Markova y otras, se considera a la prima ballerina assoluta cubana Alicia Alonso como la más extraordinaria Giselle de todos los tiempos, desde su debut hace hoy 65 años.

Alicia, en Giselle, ha dado muestras fehacientes de su genio irrepetible y su inmenso virtuosismo. La obra ha estado durante años en el repertorio del Ballet Nacional de Cuba, una compañía pródiga en la puesta en escena de los ballets clásicos más famosos y que en este 2008 celebra sus sesenta de existencia.

El milagro de Alicia Alonso en Giselle

Cuando se piensa en Giselle, obra cumbre del romanticismo danzario, todos imaginan a Alicia Alonso. El cine recoge su mítica interpretación del personaje, pero pocos conocen los sacrificios y riesgos que afrontó por un sueño.

En el año 1940, Alicia y su esposo Fernando bailaban en Estados Unidos como miembros de la recién fundada compañía American Ballet Theatre, cuando, inesperadamente, la joven de 20 años sufrió un desprendimiento de la retina de los dos ojos y a consecuencia del percance debió ser operada de la vista.

Desde entonces, los médicos dictaminaron que nunca más volvería a bailar. Las diversas cicatrices que las intervenciones quirúrgicas dejaron también contribuyeron a deteriorar su visión pero la fuerza de carácter de Alicia y el sueño de convertirse en una gran bailarina, se impusieron.

Aún inmóvil y vendada sobre una cama, donde debió reposar por año y medio, Alicia ensayó con los dedos de las manos el ballet que por entonces anhelaba bailar: Giselle. A diario, repasó cada detalle de la coreografía. Todo estaba en su mente: la música, los pasos, la pantomima, el sentido de la danza.

En contra de las orientaciones de los médicos, regresó a los escenarios y protagonizó lo que puede considerarse tanto una hazaña como un milagro. Asumió el papel de Giselle en sustitución de la célebre bailarina inglesa Alicia Márkova, quién había enfermado poco antes de la presentación.

Tras solo cinco ensayos, Alicia Alonso se convirtió por primera vez en la frágil campesina, en el espíritu adorable, el 2 de noviembre de 1943, en el Metropolitan Opera House de Nueva York, junto al prestigioso bailarín inglés Anton Dolin como Albrecht y el elenco del American Ballet Theatre.

Aquella noche, en la persona de Alicia triunfó Cuba y toda América. Había demostrado que una latina podía asumir con excelencia técnica y estilística un papel hasta entonces reservado para intérpretes eslavas o anglosajonas.

Tanto impacto causó la Alonso con su primera interpretación del personaje que al término de la función el gran coleccionista de danza George Chaffée le arrebató de los pies a la artista sus zapatillas ensangrentadas por tantas horas de trabajo y profetizó: “esto es para la historia”.

Así se inicia la extensa y hermosa leyenda de Alicia Alonso–Giselle, ballet que con el tiempo pulió al detalle y hasta realizó una versión propia que hoy perdura como la más lograda de cuantas se encuentran en el repertorio internacional.

Hoy 2 de noviembre, en la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana, el 21 Festival Internacional de Ballet celebrará una Gala por el 65 aniversario del debut de Alicia en Giselle donde las nuevas generaciones del Ballet Nacional de Cuba darán continuidad a su leyenda.

Martha Sánchez Martínez, PL

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