JOSE MARTÍ Y LOS VERSOS SENCILLOS

Cubierta del libro publicado en Nueva York en 1891. María García Granados.José Martí, el Héroe Nacional de Cuba, es a la vez uno de los grandes escritores que inician el modernismo, un movimiento artístico que renueva el arte en las Américas: libertad de expresión e innovación poética, en juego con los colores y los sonidos.

El lenguaje poético de Martí muestra una naturalidad de expresión y un vocabulario radical en relación con los versos artificiosos típicos de la poesía clásica y romántica.

Los Versos Sencillos (1891) constituyen la más lograda expresión de la poética martiana. El 13 de diciembre de 1890, Martí lee por primera vez estos versos, en una reunión con varios amigos. En total son 46, la mayor parte de ellos estructurados en cuartetas. Martí los escribió cuando se encontraba en contacto directo con la naturaleza y se reponía de problemas de salud. En varios poemas reflejó algunas de sus vivencias y expresó conceptos muy significativos.

Entre sus libros de versos se incluyen también Ismaelillo (1882), Versos libres (1892) y Flores del destierro (primera publicación desconocida). Escribió también más de 70 volúmenes en prosa, muchos dedicados a las condiciones sociales del ser humano de la América hispanohablante. A continuación una selección de sus Versos Sencillos.

 

Versos sencillos

I

Yo soy un hombre sincero

de donde crece la palma,

y antes de morirme quiero

echar mis versos del alma.

Yo vengo de todas partes,

y hacia todas partes voy:

arte soy entre las artes,

en los montes, montes soy.

Si dicen que del joyero

tome la joya mejor,

tomo a un amigo sincero

y pongo a un lado el amor.

Yo he visto el águila herida

volar al azul sereno,

y morir en su guarida

la víbora del veneno.

Oculto en mi pecho bravo

la pena que me lo hiere:

el hijo de un pueblo esclavo

vive por él, calla y muere.

Todo es hermoso y constante,

todo es música y razón,

y todo, como el diamante,

antes que luz es carbón.

“La niña de Guatemala”

Quiero, a la sombra de un ala,

contar este cuento en flor:

la niña de Guatemala,

la que se murió de amor.

Eran de lirios los ramos,

y las orlas de reseda

y de jazmín: la enterramos

en una caja de seda.

Ella dio al desmemoriado

una almohadilla de olor:

él volvió, volvió casado:

ella se murió de amor.

Iban cargándola en andas

obispos y embajadores:

detrás iba el pueblo en tandas,

todo cargado de flores.

Ella, por volverlo a ver,

salió a verlo al mirador:

Él volvió con su mujer:

Ella se murió de amor.

Como de bronce candente

al beso de despedida

era su frente ¡la frente

que más he amado en mi vida!

Se entró de tarde en el río,

la sacó muerta el doctor:

dicen que murió de frío:

yo sé que murió de amor.

Allí, en la bóveda helada,

la pusieron en dos bancos:

besé su mano afilada,

besé sus zapatos blancos.

Callado, al oscurecer,

me llamó el enterrador:

¡Nunca más he vuelto a ver

a la que murió de amor!

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