LA PARRANDA REMEDIANA EN UN LIBRO DEL CENTRO CULTURAL JUAN MARINELLO


Las parrandas remedianas, nuevo título de la editorial del Centro Cultural Juan Marinello.La africanía en las parrandas remedianas es el primer paso de un apasionante recorrido que permitirá estudiar el hervidero de identidades remedianas, cubanas, caribeñas y latinoamericanas. Así lo aseguran en el prólogo los autores de esta investigación: Erick González Bello y Sulma Rojas Molina.

La parranda —aseveran— es el hecho o manifestación social más importante para el remediano, que vive, trabaja, respira, sueña y se crece en torno a su fiesta anual. Y reviste una extraordinaria significación para obreros, campesinos, estudiantes, amas de casa, jubilados, trabajadores por cuenta propia, intelectuales, blancos, negros, chinos…, pues en la misma no existen barreras para la unidad poblacional.

Este título, editado por la escritora Dulcila Cañizares y diseñado por el autor de este blog, para el Centro Cultural Juan Marinello, estará pronto a disposición de los lectores.

Además del texto, un documentado estudio de esta manifestación cultural propia de esta zona villaclareña —también son famosas las parrandas de Camajuaní, Vueltas, Taguayabón y Caibarién—, el libro cuenta con una valiosa muestra fotográfica que ilustra la evolución histórica del acontecimiento desde la llegada de los primeros esclavos a la zona, así como los instrumentos musicales utilizados por los parranderos en sus changüies y comparsas.

Síntesis del Prólogo de Las parrandas remedianas, escrito por los propios autores.

«Ni aun las fiestas sanjuaneras, mucho más antiguas, han logrado raptar el corazón del pueblo, como las parrandas, y por eso su estudio exige una consideración íntegra del ambiente humano en que surgió y se desarrolló, así como de los elementos artísticos y culturales que confluyen en la misma.

Se impone, ante todo, un bosquejo histórico del oscuro y tremendo proceso interétnico ocurrido con la conquista y colonización del Continente americano, en específico de la isla de Cuba, en San Juan de los Remedios, en particular, así como de las formas y relaciones que se fueron estableciendo entre las diversas razas.

Comenzó para América un complejo proceso identitario, como fruto del choque entre culturas diversas. La migratoriedad, forzada o no, marcada por intereses económicos, políticos y quizás también aventureros, condujo a un crecimiento poblacional inestable y espontáneo que estableció por cientos a europeos, africanos y americanos. Al mismo tiempo, el establecimiento de la esclavitud provocó diferencias que se manifestaron en el aumento o disminución de las distintas castas y grupos sociales.

Desde los primeros tiempos comenzaron a efectuarse visitas pastorales por la isla de Cuba, que ofrecen alguna información sobre los por cientos de población, pero fue a finales del siglo XVIII y en el XIX que empezaron a realizarse padrones que arrojan con mayor exactitud las estadísticas demográficas.

En Remedios, el negro ha estado presente casi desde su fundación. Las cifras más elevadas corresponden a las principales denominaciones metaétnicas de los africanos llegados a Cuba: congo, carabalí, mandinga, mina, lucumí, ganga, macuá y arará, pertenecientes al grupo lingüístico Níger-Congo, de la familia congo-cordófana.

A finales del siglo XVIII llegó a Remedios un reducido grupo de emigrados de Haití, luego de la ruina en aquel país. Hacia 1808 había plantados alrededor de un millón doscientos mil cafetos, con una producción inicial de 23 toneladas. El fomento de cafetales continuó en aumento y hacia 1827 alcanzó setenta y cinco plantaciones. Este fue uno de los elementos iniciales en que se manifestó el desarrollo plantacionista en esta parte de Cuba, apoyado en capitales de franceses emigrados, con creciente fuerza de trabajo esclava y producciones para el mercado internacional.

Por supuesto, el avance económico de esos años, basado en las plantaciones cafetaleras y cacaoteras, logró que en Remedios creciera «…al mismo ritmo la población esclava africana indispensable para asegurar este tipo de cultivo».

De esta manera, Sagua La Grande y Remedios se convertían en los dos polos principales de esta región, con «…el establecimiento de una bien definida economía plantacionista».

Las sublevaciones de esclavos de 1843 y 1844 fueron un resultado de esa rebeldía que se venía gestando, e incluso el proceso de La Escalera tuvo vinculación con el centro de la isla.

El despertar del negro no sólo se manifestó en esa incipiente toma de conciencia social, pues en el siglo XIX las artes y los oficios estaban en manos de negros y pardos libres, pero desde mucho antes tenían participación activa en las fiestas de los blancos. José Andrés Martínez-Fortún, en sus Anales y efemérides de San Juan de los Remedios y su jurisdicción, refleja que en 1722 hubo en Remedios unas fiestas …mandadas a celebrar por el Rey con motivo de las bodas de los príncipes españoles; con fogatas, iluminarias, baile con orquesta de vihuelas, liras y güiros y la animación propia de los días festivos de SAN JUAN y San Pedro en que se celebraban carreras de caballos, juegos de la sortija, alcancía, etc.

Con el tiempo, las fiestas sanjuaneras se fueron sustentando en la leyenda del güije de la Bajada, y, hacia mediados del siglo XIX, ya se habían despojado del carácter religioso para ser eminentemente populares. Se efectuaba una feria en la Plaza, donde se vendían dulces, licores, frituras, ajiaco, escabeche y ponche de leche, al mismo tiempo que en las casas se escuchaban el arpa o el violín. De estas fiestas disfrutaban hasta los esclavos, que bailaban alrededor de dicha Plaza, donde se realizaba la procesión, acompañada de «diablitos negros» con trajes de colores y campanillas. ¿Puede ser un antecedente de las parrandas? No nos referimos al origen, que en ambas fue religioso, sino a esta característica heterogénea y multirracial que presentan ambas festividades. Si en aquella los negros hacían gala de su cultura, al mostrar elementos típicos de su folklore, ¿por qué en las parrandas no pudo ocurrir lo mismo?

Si se hace un paralelo entre ambas celebraciones encontramos que las dos surgieron con un motivo religioso y, por la asimilación popular, devinieron profanas. En ambas se expresa y participa el pueblo, sin distinción de razas. Ahora bien, si en las ferias sanjuaneras mostraban su música y su forma de hablar, ¿no pudieron hacer lo mismo en la parranda? Creemos que, en este aspecto, una fiesta favoreció socioculturalmente a la otra, acondicionando el escenario.

Como es incuestionable la importancia de los pueblos subsaharianos en la formación, desarrollo y consolidación de la cultura material y espiritual, así como de la identidad del remediano actual, nos dimos a la tarea de focalizar aquellos elementos en los que la influencia del negro podía hacerse presente con mayor pujanza en las parrandas de Remedios, lo cual nos trasladó a la música y el léxico; luego aparecieron la danza y la teatralización, matizados por la sociabilidad del africano.

Ortiz señaló que «…al estudiar la música afro-cubana habrá que distinguir la música de ascendencia dajomé, de la lucumí, de la carabalí y de la conga», trabajo que requeriría un enorme y variado colectivo, pero al enfrentar esta investigación no quisimos establecer una comparación entre esas culturas y determinar hasta dónde nos han influido unas y otras. Nos propusimos encontrar en la música, la danza, el léxico y la teatralidad de nuestras parrandas aquellos elementos de ascendencia africana que, en lo más profundo del remediano —negro, blanco o mestizo— llegan a nuestros días como una franca y total identidad.

Con el floreciente negocio de la trata negrera se le permitió al esclavo reunirse en los llamados cabildos, que sirvieron para mantener las tradiciones culturales africanas.

De esta presencia del elemento africano en nuestro medio se deriva la del negro criollo, pues la música africana evolucionó rápidamente y se incorporó a nuestra nacionalidad en ciernes, convirtiéndose en parte de nuestro folklore y de nuestra música popular.

En plena formación de la identidad cubana en el siglo xix surgieron y comenzaron a desarrollarse las parrandas. Era una época en que lo español, lo africano y lo criollo empezaban a incrementar una balbuciente cubanía, por lo que es imposible despreciar la africanía que, de hecho, atesoran las parrandas en su germen.

Siempre la «civilizada» Europa hizo que la música y las artes de África y del Oriente se conceptuaran como inferiores, como expresiones primitivas de salvajismo que había que «civilizar», tras lo cual se escondía un truculento mecanismo de dominación, y fue a principios del siglo xx que se rompió el mito y comenzó a estudiarse con alguna seriedad la cultura de esos pueblos exóticos. África abrió así sus puertas a tantos siglos de desconocimiento.

La música del África negra, históricamente relegada e incomprendida por los musicólogos e historiadores, ha sido «…la que mayor influencia ha ejercido sobre toda la música popular del planeta —y gran parte de la culta— en lo que va de siglo [XX]».

En efecto, si deslizamos la mirada por las parrandas remedianas podría parecernos que los elementos africanos se limitan a la música: y al repique, no al piquete. Sin embargo, música, teatro, poesía y todas las posibles expresiones de raíces africanas no aparecen aisladas en esta apoteosis popular. De ahí que no podamos hablar de simple incidencia o confluencia de culturas en las fiestas, pues una influencia verdadera no se descubre necesariamente en la superficie, ya que cuando se encuentra en lugares profundos y forma parte de la nacionalidad se convierte en identidad.

Para hablar de presencia negra en las parrandas de Remedios hay que hablar de identidad; es necesario acercarse e investigar los rasgos del negro que fueron asumidos por el blanco, por lo que nos remitimos al sentido de colectividad de estas etnias para descubrir en ese elemento la huella de la cultura africana, huella que se convierte en identidad social. Además, hay que mencionar la socialización cultural en la fiesta remediana, porque los elementos africanos presentes en la misma poseen un marcado carácter social.

Si para el africano música, lengua y danza se entremezclan como los mechones de cabello que forman una trenza, es lógico encaminar la búsqueda del negro en las parrandas hacia esas tres direcciones. Fuera de esos elementos, unidos por la extraordinaria sociabilidad del africano, no encontramos una huella profunda del Continente negro en nuestras fiestas, la cual apareció como una acabada expresión de la identidad del remediano, lo mismo negro que mulato, chino o blanco.

Defendemos la presencia de una identidad desde el punto de vista espiritual, psicológico, social, cosmovisivo, y no de simple influencia musical y léxica. Nos referimos a los instrumentos musicales, ritmos, movimientos corporales y préstamos lingüísticos que se suman a una concepción del mundo diferente desde el punto de vista estético e idiosincrásico, y no a elementos y préstamos aislados, tomados al azar, ya que los mismos constituyen una identidad unitaria en la fiesta remediana.

Una respuesta a “LA PARRANDA REMEDIANA EN UN LIBRO DEL CENTRO CULTURAL JUAN MARINELLO

  1. tremendo si señor espero que muchos remedianos se dedique a escribir y redecubrir remedios para el futuro y no a
    utilizar este medio para promover egos personales y otras mediocridades saludos de mauricio

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