LA INDUSTRIA DISQUERA CUBANA CRECE Y LOS VAN VAN SIGUEN ARRASANDO

Portada del disco Arrasando, de Los Van Van, la agrupación insignia de la salsa cubana.La industria fonográfica cubana producirá el próximo año hasta un millón de compactos en moneda nacional y precios asequibles, anunció el Ministerio de Cultura, que ya se prepara para la Feria Internacional Cubadisco 2009, del 27 de abril al 3 de mayo próximos.

Las ofertas de compactos (incluirá también música clásica internacional) contendrá las mejores letras y melodías de todos los tiempos en el país, desde piezas antológicas hasta la sonoridad actual, informó el Instituto Cubano de la Música.

Y desde ya, pone a bailar a los cubanos y buena parte del mundo, con la más reciente producción de la orquesta Los Van Van, que ya se escucha en las emisoras de radio de toda Cuba. Se trata del álbum Arrasando, que, según el director de la agrupación, Juan Formell, “se caracteriza por ser más instrumental; se plantea arrasar con lo feo, con lo malo, pues para eso está la música. La gente no va a poder resistir estar sentada cuando empiece a escucharlo”.

 

En declaraciones a Radio Rebelde, Formell afirma: “Hicimos temas para que el pueblo se sienta reflejado: pueden ser de amor, una crónica social o un cuento como la canción “El travesti”, sobre un hombre que sale a la calle y cree que hay una mulata lindísima y resultó que era otro hombre. Él pensaba que era fresa y él le dijo “No, yo soy chocolate”. En fin cosas como esas, es un disco muy bonito y esperamos que tenga buenos resultados desde el punto de vista del gusto del público.

Como invitados aparecen Élmer Ferrer, un guitarrista cubano fuera de serie. También Vanesa Formell que canta un tema, y Ángel Bonne en los coros; Jorge Díaz y Roberto Carlos “Cucurucho”, Kelvis Ochoa, entre otros autores, también colaboraron en la producción del disco.

Son 13 temas en total, diez del disco, que termina con un número de Samuel que se llama “Mi songo”, pero después tiene un bonus track de tres canciones: uno de Rubén Blades, el del travesti, que te mencioné, y el último de mi hija Vanesa, interpretando uno de Samuel.

 

Cómo arrasar con Los Van Van y morir de gozo en el intento

Pedro de la Hoz • La Jiribilla

Los Van Van no solo es una orquesta. Es una potencia musical, un icono de la cultura sonora de nuestro tiempo. Claro que no puede faltar el espacio desde el que se empina —una isla bendecida por una larga tradición— y el contexto cultural donde sus virtudes se califican —un crecimiento vertiginoso a escala internacional de la industria de la música y los espectáculos, una imposición de patrones de consumo que ha adquirido una dimensión global, y el predominio de escalas de valores en la que muchas veces importan más las apariencias que las esencias.

Pero ni el peso de la tradición —que puede enquistar voluntades innovadoras— ni las veleidades de la moda —que suele abaratar los quilates del talento— han desdibujado el perfil que Juan Formell se trazó 40 años atrás cuando Los Van Van salieron al ruedo. Raro y vigoroso ejemplar este de orquesta que no ha dejado de tener al menos un tema en el candelero popular o en la vitrina mediática de manera ininterrumpida en esas cuatro décadas, que mueve el fervor de las multitudes desde Baracoa hasta Guane y desde Los Ángeles hasta Fukuoka, que causa avidez en los mercados con tan solo anunciar una novedad discográfica, y a la vez, abre caminos inéditos a la música bailable, articula una coherente dialéctica entre los saberes heredados y las propuestas emergentes, y consigue enlazar su identidad y la de su pueblo con una vocación universal que expresa y hasta anticipa los cambios del espíritu de la época.

En 2004, cuando comenzó a circular Chapeando, formulé en La Jiribilla dos preguntas retóricas: ¿tienen algo nuevo que decir Los Van Van?, ¿podrá seguir movilizando a los bailadores? Parecieran obvias las respuestas: Los Van Van continuaron dando la hora y, sí, los bailadores, dentro y fuera de Cuba, gozaron a más no poder.

Al estrenar ahora vida propia Arrasando, el meridiano de Los Van Van estoy seguro volverá a confirmarse en su indiscutible altura e irreductible jerarquía.

La transmisión generacional que en el comando de la orquesta ha quedado registrado de Juan a su hijo Samuel, consolida la trama de una entrega que será bailada, comentada, gozada y agradecida.

Repasemos brevemente su contenido. Arrasando, tema que da título al disco, refresca y renueva los aires de una conga callejera en el entorno tímbrico y rítmico que caracteriza a la banda.

En “Si no te quieres tú”, de Roberto Carlos Rodríguez, el joven compositor, familiarizado con el estilo Formell, desarrolla en un primer momento una balada de impecable factura que desemboca en una resonante y a la vez controlada atmósfera timbera. En “Tú a lo tuyo y yo a lo mío”, concebida a la medida de la maleable proyección vocal de Yenisel Valdés, el ingenio guarachero de Juanito vuelve a desatarse con esa impronta picaresca que lo ha convertido en uno de los cronistas de costumbres por excelencia de estos años.

Le siguen “Me trajo dos”, de Samuel Formell, y “Que no te dé por eso”, de Robertón Hernández, temas que pese a que responden a líneas melódicas diversas, encajan en el espectro de una orquesta que asimila tópicos de la llamada canción ligera y del pop al linaje de los más bravos y simpáticos montunos.

Si por la cabeza de alguien pasó la peregrina idea de que las fórmulas de Juan Formell estaban agotadas, tendrá que escuchar detenidamente una de las piezas más extraordinarias y aventuradas del fonograma: “La rumba no”, donde desde los primeros compases recompone diversos planos sonoros y estructurales que recorren desde la rumba hasta el songo —mucha atención a las audaces intromisiones de instrumentos solistas— con un sentido experimental que se explicita en el texto y sus guías. Vale escuchar esta obra como si se tratara de una partitura de concierto. Es otra cara de la moneda del estro de Juanito, que responde de inmediato en la pieza subsiguiente, “Este amor que se muere”, a ese trovador que nunca ha dejado de ser.

Del binomio integrado por Roberto Carlos Rodríguez y Jorge Díaz, este último reconocido por su veta humorística, integran el disco dos obras a las que puede augurarse una rápida identificación popular: “Me mantengo”, especie de reafirmación de la poética vanvanera, y “El travesti”, hilarante estampa contada a la manera que lo habrían hecho Ñico Saquito o Virulo.

Es importante que aparezcan en sucesión “Dame la luz”, “Mi songo” y “Un tumba’o pa’ los dos”, en tanto demuestran cómo Samuel, como compositor y arreglista, ha interpretado y asumido el abanico creativo abierto por su padre en la transformación de las potencialidades soneras del estilo charanguero. En la última de esas piezas, Samuel congenia con la agudeza del trovador Kelvis Ochoa y le sirve a su hermana Vanessa una plataforma para que demuestre una singularidad vocal que sobresale por su sostenido aliento rítmico. Ah, y con cinco puntos a la maestría del guitarrista Elmer Ferrer en los riffs intercalados hacia el final.

Un gesto de justa reciprocidad se advierte en los bonus tracks del fonograma: Los Van Van devuelven a Rubén Blades, con “Olaya”, un tema del panameño, lo que este hizo con el antológico “Muévete” en 1989, cuando estaban en su apogeo Los Seis del Solar.

No puedo finalizar estas palabras sin comentar el producto discográfico como tal. No se trata solo de inteligencia técnica, sino de toda una concepción del sonido la que emerge del trabajo de grabación de José Raúl Varona, de la atención a las mezclas de Ernesto Nodarse, Jorge Leliebre, Samuel y el propio Juan, y la masterización de Maikel Bárzaga. La sobriedad y funcionalidad del diseño de Ricardo Monnar y las fotos de Iván Soca dignifican el álbum. Pienso que para los directivos de la EGREM el trabajo de Arrasando es a la vez meta y pauta a seguir.

Debo decir finalmente que Arrasando ya arrasa. Botón de muestra, la expresión que puede verse en la página web Somos del Barrio, que se edita en Nueva York, donde alguien, muy a lo nuyorrican, escribió el último 9 de febrero: “Bueno, mi gente, les traigo el último CD de Los Van Van, este tiene una calidad del carajo tanto musical, como en las canciones (…) Estos se mantienen siendo el número 1 de la salsa cubana”.

En el pórtico de Arrasando podría suscribirse lo que dijo hace algún tiempo el maestro Leo Brouwer sobre esta obra a la que Juan Formell ha dedicado buena parte de su vida: “Hay cubanía y originalidad en Los Van Van, cultura musical y sensibilidad popular”.

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