RAÚL SANTOSERPA, UNA ABSTRACCIÓN SUGERENTE

Raúl Santoserpa, pintor villaclareño, con una participación artística destacada dentro y fuera del país.Está de cumpleaños Raúl Santoserpa… Nació en el municipio de Cifuentes, el 15 de marzo de 1939. En 1960 se gradúa en la Escuela de Artes Plásticas “Leopoldo Romañach” de Santa Clara, y en 1959 realiza la primera exposición personal en el Regimiento “Leoncio Vidal”. Desde entonces hasta la fecha ha mantenido una participación artística destacada dentro y fuera del país.

De una entrevista aparecida hace algún tiempo en La Jiribilla, extraigo estas valoraciones suyas sobre su obra, que pueden acercarlos al conocimiento del artista:

“Para mí el placer más grande es que la gente de pueblo —que hace otro tipo de tarea que nada tiene que ver con las artes plásticas— sienta gozo viendo mi obra. Hace unos años, una señora mirando un cuadro me dijo: ¡qué lindo para colgarlo detrás del sofá de mi casa!. Y una persona, que estaba al lado, comenzó a reírse como mofándose de lo que había dicho. Y yo le respondí: para ella el lugar más importante de su casa es ese, y siento que me esta haciendo un enorme elogio al quererlo llevar a su intimidad.

 

¿Puedo afirmar que su gran tema es un canto al ser humano y a lo bello que entraña?

Exactamente, eso es lo que siempre persigo. Los títulos de mis obras están siempre acordes; hago igual que cuando nace un niño, que se le pone nombre. Eso no quiere decir que el nombre se parezca al niño, a veces es lo que inspira. Mis cuadros los pinto y cuando los miro siempre los relaciono con cosas y con sentimientos de la vida y por eso, a veces, mis títulos son poéticos. También pretendo que mis cuadros tengan un poco de lirismo.

Para trabajar ¿óleo o acrílico?

Acrílico. Pasaron muchos años para que llegara al acrílico. He sido un pintor muy clásico en cuanto a materiales se refiere. Fui un pintor de óleos y acuarelas, que es una técnica muy difícil y que he trabajado muchísimo. Me vanaglorio de tener un dominio de la acuarela gracias a la cantidad de años que llevé haciéndola. Es muy complicada porque no te puedes equivocar; arreglarla es imposible: los colores tienen que fundir solos unos con otros para obtener los matices. Todo lo que hago, cualquier técnica, me baso en la acuarela aunque lo haga con acrílico.

¿Y el aplicar la técnica de la acuarela a otros soportes le ha dado resultado?

Sí. Pero debo de reconocer que pasar del óleo al acrílico me dio mucho trabajo. El óleo es un material muy noble, se puede rectificar. Te da opciones a partir del secado largo que puedes quitar, que puedes arreglar. El acrílico tiene un secado muy rápido y cualquier trazo que hagas ya está plasmado y no lo puedes borrar. Me he convertido en un adicto al acrílico.

¿Abandonó el óleo?

No, en lo absoluto. Hay que recordar que los grandes cuadros que marcan la historia del arte universal están hechos en óleo, que es un material que ha desafiado al tiempo. El acrílico aún esta por probar y tendremos que esperar cien años para ver qué resultados tiene.

¿En qué formato se ha sentido más cómodo?

Me gustan los formatos grandes y es donde más cómodo me siento y donde percibo que tengo más libertad para componer porque siempre existe la posibilidad de agregar o quitar. También me satisfacen los pequeños formatos.

Para mí, el formato más difícil es el mediano. Algo similar me pasa con los colores. Por ejemplo, el amarillo me es muy complicado y me lo impongo como ejercicio. Uno tiene la tendencia a enviciarse con una coloración determinada.

En mis inicios, en la etapa de los sesenta, todo lo hacía en negro y blanco, luego siguió una tendencia generalizada hacia los azules y los verdes. En la actualidad, de fresco, hago todo lo que me parezca y debo confesar que no siempre queda bien, lo que sucede que eso uno no lo muestra.

Lo cual forma parte de los trucos del artista…

Así es, pero cuando analizo mi obra me complace confirmar que tengo un estilo propio que conlleva a que la gente me identifica con lo que hago. Otra cosa es el haber sido siempre sincero con mi obra.

En mi trayectoria de cincuenta años de artista de la plástica ¿cuántas tendencias han existido?, ¿cuántas cosas han aparecido que tientan a apartarse del camino?… desde el dinero, pasando por aspectos que te sean más fáciles de realizar o modas que pueden ayudar a un salto más brusco.

Jamás me he desviado de mi línea, mi camino ha sido trazado hacia delante. Creo que una obra detrás de otra es la que hace la obra en general. El mundo del arte es como una gran escalera y no puedes darte el lujo de volar escalones porque te puedes caer. Los saltos son fatales; las etapas hay que quemarlas, que vivirlas, para poder llegar a algo sólido.

En los últimos años usted ha ido inclinándose hacia la abstracción…

Efectivamente. En los años setenta —que fue un tiempo marcado por la cosmonáutica y en la que el hombre vio por primera vez la tierra desde arriba—, tuve una etapa cósmica, llena de animales fantásticos que vagaban en ese mundo.

Eso fue variando y los insectos comenzaron a mezclarse con elementos vegetales y minerales; un día me di cuenta que los animales habían desaparecido y comenzaron a entrar los colores que iba evolucionando hacia un mundo diferente muy vinculado con la naturaleza.

Una naturaleza ingrávida que puede estar en el cosmos o en el fondo del mar o, quizás, flotando en el espacio. En los ochenta comencé a sumergirme en un mundo más abstracto buscando lenguajes puramente plásticos y formales.

En la actualidad algunos críticos me catalogan como un artista abstracto lo cual no creo porque siempre persigo determinadas formas que, aunque no se corresponden exactamente con la realidad, sugieren.

Me gusta, quizás, que me cataloguen como un abstracto sugerente pero, por sobre todas las cosas, lo que pretendo es que la obra comience en mí, termine en el espectador y provoque un sentimiento.”

En el sitio web de su natal Cifuentes, alojado en Centro Arte villaclareño, aparece también esta valoración sobre su obra… espero que les resulte interesante:

“En Tiempos de Post-modernidad, afortunadamente, la obra de Raúl Santoserpa testifica una manera íntima de asumir la creación, que ha pervivido a pesar de todo el arsenal teórico lanzado para sepultarla.

Ella no conmina a cuestionarnos la realidad a partir de su “deterioro”; tampoco es dada al análisis ético receptivo, porque como toda propuesta esencialmente sensorial prioriza el ejercicio inteligente de la imaginación –que la enriquece- para lograr trascender el umbral de los sentidos.

Frente a la obra de Santos Zerpa, recrearnos en su espontánea armonía, equivale a transitar solo la epidermis de una propuesta creadora, porque si bien es cierto que podría sugerirnos alas de mariposas, o gotas extendidas sobre un espacio infinito, o las raíces de un árbol poderoso, en su aparente simplicidad de rejuego formal, el artista logra aprehender múltiples sensaciones.

En tal sentido, juzgar la producción plástica de Raúl Santos Zerpa, adquiere la complejidad que implica atreverse a valorar lo “bello”. En el mítico culto a la belleza de la forma, parecería resumirse –de alguna manera- la fuerza de su creación, si en ella no existiese una vitalidad liberadora que trasciende las ataduras de los trazos, para dejar surgir, a través de enormes “manchas”, todas las posibilidades interpretativas de una arte profundamente sensorial”.

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