PEDRO OSÉS: FIEL A LA CULTURA DESDE EL CENTRO DE CUBA

Pedro Osés, una obra de arte popular hecha desde Guaracabulla, donde se marca el centro de Cuba.Una vez más la obra del pintor Pedro Osés Díaz es reconocida y aplaudida con la entrega reciente del Premio Ser Fiel por el Centro Provincial del Libro y demás instituciones culturales villaclareñas.

Este galardón se entrega a aquellos creadores que han mantenido su lealtad al espíritu de Samuel Feijoo, desde la raíz de lo popular, en cualquiera de las vertientes artísticas por donde el sensible Zarapico enrutó su creación.

El pintor de Guaracabulla ha mostrado siempre con su obra llena de colorido una férrea fidelidad al espíritu de su pueblo y su historia, desde el interior de la tierra hasta la más tradicional imagen de la mitología criolla, pasando por asuntos de la religión.

Contra los obstáculos impuestos por la vida, el digno pintor ha puesto su nombre entre lo mejor de la pintura popular de Villa Clara y del país, sin abandonar nunca el lugar que lo vio nacer en el mismo centro de Cuba.

En la edición 55 de la revista cultural Signos fue publicado este artículo de Eduardo González Bonachea, que abunda en la vida y la obra de uno de nuestros pintores naif más reconocidos, proyectada al mundo siempre desde el mismo centro de Cuba:

 

 

En Guaracabulla con Pedro Osés

 

Eduardo González Bonachea

 

Cuando el maestro René Batista me pidió que lo acompañara a Guaracabulla a visitar al pintor Pedro Osés, pensé instintivamente en dos cosas: primero, en la posibilidad de estar en el mismo centro de la isla y segundo en los avatares de un viaje que debía iniciarse en Camajuaní y dependía —entre otros medios— de una carahata.

 

Durante el recorrido del tramo Placetas-Guaracabulla divisamos un paisaje que a ambos lados se nos presentaba árido, despoblado, con la carretera desierta en los dos sentidos del trayecto.

 

El pueblito aparece con un fondo de lomas veteadas de azul. Al llegar descubrimos un pequeño parque que guarda cierta ceiba centenaria —reliquia de las sembradas en 1902—, con la tarja que la acredita como centro del país. Recordamos curiosamente un poema del poeta y educador Raúl Ferrer, conocedor de la zona durante la campaña de alfabetización:

 

Qué dulce debe ser

vivir aquí en Guaracabulla!

¡junto al guajiro que a los trenes viene

con esa ingenua transparencia suya!

 

La casa del pintor parecía más bien una escuelita con su jardín cercado, niños sentados en los muros, una joven que limpia…

 

René no lo veía desde que fuera «descubierto» por Feijoo hace más de treinta años; yo no lo conocía.

 

Pedro Osés fue operado cuando niño de un tumor en la columna cervical, que le dejó como secuela una atrofia muscular generalizada que limita sus movimientos, aunque no le impide deambular ni montar bicicleta. Con sus cincuenta y dos años conserva la sonrisa y la ingenuidad de los niños que disfrutan de su lugar de origen.

 

Le construyeron una vivienda amplia con un taller y una galería donde expone sus mejores obras. Aun conociendo su trabajo, quedamos deslumbrados por el ambiente mágico que emana de los lienzos, un colorido tan peculiar y una atmósfera —como diría Feijoo— «neblinosamente poética», por la que desfilan sus héroes, los mitos del lugar, figuras que en su imaginación reciben y beben de la naturaleza «lo que necesitan», todo esto matizado por una tenue tristeza.

 

Pedro Osés no recrea el paisaje rural ni la figura humana desde la perspectiva que da la observación: se sienta y pinta «desde adentro». «Le pinto el alma como un humo y, dentro del humo, lo que está pensando». Relata que le fue difícil ilustrar el poema de Feijoo «Los bueyes del tiempo ocre», con el dibujo que a la vez serviría de cubierta al libro homónimo de René Batista. Después de varias lecturas y de vanos esfuerzos, una madrugada se despierta y dibuja de un tirón: había atrapado la sensación de vaga irrealidad a través de un girasol gigante que, como astro solar, iluminaba una noche de tinta bañando con rayos ocres al guajiro y sus bueyes.

 

Tiene cincuenta exposiciones personales y ha participado en aproximadamente setenta colectivas. Sus cuadros se han expuesto en Francia, España, Suiza, Italia, Yugoslavia, Nicaragua y en todas las provincias de Cuba, excepto Matanzas y Pinar del Río. No le interesa mucho participar en certámenes de plástica. En 1993, recibió la Distinción por la Cultura Nacional junto a sus colegas Aida Ida Morales y Alberto Torres.

Almorzamos un típico almuerzo campesino. Luego conversamos sobre anécdotas curiosas y mitos del lugar, que René transcribía, quizás para añadirlas a su ya copioso fabulario o para añadir al libro inédito «Cuentos de guajiros para pasar la noche». Escuchamos también aprovechando los relatos del músico y poeta Ramón Pereza Martín que nos regaló esta décima dedicada a su amigo el pintor:

 

Con pincel y cartulina

no hay quien te pueda igualar

porque tú puedes pintar

una tarde con neblina,

un río con gelatina

y un campo verde en sequía,

y pintar la jerarquía,

Pedrito, de tu silueta.

Y dibujarle al poeta

música en su poesía.

 

A un costado de la casa tiene parqueado un vehículo —híbrido de tractor, camión y auto, con piezas disímiles y capacidad para tres o cuatro personas— que está casi listo para cuando él «quiera moverse» a Santa Clara u otro lugar.

 

Visitamos a Katy, especie de secretaria o ayudante del pintor, quien a través del teléfono lo mantiene en contacto con el mundo exterior, le recoge y transmite los recados, conoce a casi todos sus colegas y amigos de diferentes latitudes. Su voz cantarina y amable fue nuestro primer contacto. Nos lo había prometido, y disfrutamos del mejor café del centro de país. Nos despedimos de la amiga, y Pedro nos acompaña rumbo a la antigua y medio destartalada estación de madera ahora convertida en casa para esperar el coche motor que llegaría sin horario fijo.

 

Allí nos sentamos sobre el suelo tranquilamente, disfrutando la tarde, pero con miedo de quedar atrapados en «las lomas azuladas en la tarde, / noche que con los astros se encocuya».

 

El tren nos sorprende más temprano que de costumbre, con tiempo suficiente para observar los carnavales de Placetas. La carahata nos devolvía a Camajuaní ya en la noche cerrada. Recordamos entonces con nostalgia al cariñoso Pedro: ensimismado en su mundo, en medio de esa que Ferrer llamara en su citado poema «mansa quietud de pueblecito aislado».

 

 

Revista Signos No. 55

2 Respuestas a “PEDRO OSÉS: FIEL A LA CULTURA DESDE EL CENTRO DE CUBA

  1. PARA ENTENDER EL ARTE Y LA INMAGINACION DE PEDRO ES NECESARIO VIAJAR A GUARACABUYA (NOMBRE QUE ESCAPO DEL OLOCAUSTO DE LA CONQUISTA)INMAGINENSE UNA PEQUENA Y HUMILDE CASITA CERCA DEL CEMENTERIO Y RODIADA DE MITOS LEYENDAS DE BOTIJAS DE ORO ENTERRADAS AL TRONCO DE GUASIMAS QUE SE INCENDIABAN EN LAS NOCHES Y REVERDECIAN AL SIGUIENTE DIA,DE UNA SUERTE DE REBULLONES DE DE FUNESTOS PRESAGIOS SOBREVOLANDO LA CASA DE LOS ENFERMOS EN SU BUSCA ETC. Y UN NINO QUE PORENFERMO TENIA TODO EL TIEMPO PARA DAR RIENDAS SUELTAS A LA INMAGINACION ALIMENTADA DE AQUELLAS HISTORIAS QUE TODAVIA PERDURAN,DESPUES DE SITUARSE DETRAS DE ESE PRISMA ENTENDERAS A PEDRO Y DISFRUTARAS MAS SU OBRA.

  2. Domingo Hernandez

    Oh el amigo Pedro Osés, siempre le
    recuerdo, desde aquel día en que le
    visitamos con motivo de una semana
    de la cultura; siempre le recuerdo
    desde entonces, a él y sus grabados,
    que son mezcla de criollismo y
    surrelismo; cuánto admiro a mi
    compatriota y Pedro Osés, aunque estoy
    en el exilio, siempre le tengo en la
    memoria; por su modestia y su maestría.
    Saludos Pedro, que sigas conquistando
    lauros.

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