MARY McCARTHY, POR SIEMPRE EN CUBA

Mary McCarthy, la canadiense radicada en Cuba, que reclamaba el descongelamiento de su fortuna en Estados Unidos.Mary McCarthy, una canadiense de 108 años radicada en Cuba que reclamaba el descongelamiento de su fortuna en Estados Unidos, murió en La Habana dejando en el limbo el destino de su herencia atrapada por el embargo.

Un puñado de amigos acompañó su modesto ataúd desde su deprimida mansión en los suburbios, hasta una tumba del Cementerio de Colón donde yace su marido, un empresario al que conoció en 1924 en la Opera de Boston.

La historia de Mary la encontré por primera vez en un magnífico documental: MaryMcCarthy: Our Lady in Havana, producido y dirigido por el profesor canadiense Anton Wagner, cuya copia me regaló un amigo cubano residente hoy en Toronto, Edimburgo Cabrera, director asociado del filme, y a la vez, a cargo todo el trabajo de filmación.

 

La crónica de la agencia Rewters recuerda que el caso de la anciana canadiense dio la vuelta al mundo en el 2007, cuando trascendió que vivía casi en la pobreza porque el Departamento del Tesoro de Estados Unidos tenía congelado el dinero que su marido le dejó en un banco de Boston.

«Llevaba 50 años sufriendo el bloqueo», dijo Elio García, su ahijado y heredero. «La gente no tiene porqué pagar las circunstancias políticas. Eso es un problema de los gobiernos», añadió.

McCarthy había nacido en 1900 en St. John’s, Terranova. Tras enamorarse de un rico empresario español radicado en Cuba se mudó a la isla, donde se transformó en una dama de la alta sociedad y fundó la Orquesta Filarmónica de La Habana.

Enviudó en 1951, y a diferencia de muchos de sus acaudalados vecinos, se quedó en Cuba tras la revolución de 1959, a pesar de que fueron confiscadas las propiedades de su esposo.

Desde entonces tampoco pudo tocar la herencia que le dejó su marido y usaba joyas de plástico porque las otras, las de verdad, estaban lejos de su alcance en un cofre en Estados Unidos.

Una vela ardía el viernes junto a un elegante retrato en blanco y negro de McCarthy en su juventud encima del gastado piano Steinbeck con el que se ganó la vida dando clases de música.

Durante los últimos dos años, el Gobierno de Estados Unidos le permitió retirar 96 dólares mensuales de su cuenta, gracias a las gestiones de diplomáticos canadienses.

Su historia ilustra el drama humano detrás del embargo con el que Estados Unidos lleva 47 años intentando forzar un cambio en Cuba.

«Mary McCarthy fue quizás la mejor forjadora de la amistad entre los pueblos de Cuba y Canadá», dijo el cónsul canadiense Mark Burger ante una veintena de personas en el cementerio.

El próximo 27 de abril McCarthy hubiera cumplido 109 años.

Mary McCarthy o la alegría de vivir

POR ASTRID BARNET, en Granma Internacional

«LA Habana, 27 de abril del 2008

«Queridos amigos:

«Las barreras de la inactividad y de la falta de motivaciones nunca existieron en mi vida. Siempre procuré evadir a las personas que transmitieran estados depresivos o fueran fatalistas, a la vez que siempre sumé conmigo a todas aquellas que, no obstante cualquier dificultad o conflicto, fueran capaces de salir airosas y con más bríos haciendo de sus vidas un ciclo permanente de satisfacciones cotidianas.

«Recuerdo mi pasado, cuando una mañana del año 1900 irrumpí, al siglo veinte, con un fuerte llanto. Todos en mi hogar —en la fría región canadiense de Newfoundland—, aplaudieron mi llegada aquel 27 de abril y, a la vez, yo muy dignamente comencé a pensar (desde ese primer momento) cómo hacer de mi vida algo que quedara para la posteridad, como dicen los cubanos.

«Con el tiempo —y ya residiendo desde muy joven en Cuba—, concluí que la vida es una sucesión de retos, y los retos, de por sí, son un motivo más para vivirla y disfrutarla.

«En esta bella Isla, de donde nunca me marché (no obstante las riquezas de las que fui rodeada producto de mi estatus social), conviví y amé a este pueblo…por su corazón grande, envidiable tesoro cultural y por su increíble disposición a hacer de las dificultades cotidianas (sobre todo económicas), un nuevo reto a enfrentar para emerger nuevamente triunfante.

«Los mejores años de mi existencia los viví aquí…Sumamente motivada. Junto a mi recordado esposo y junto a mi segundo amor platónico: José Martí. Para este segundo cultivé —que he cuidado con muchísimo esmero durante mucho tiempo—, los rosales que aún adornan mi hogar… Aún recuerdo aquella epístola dedicada a las Damas Cubanas en la que él escribió: «…las campañas de los pueblos sólo son débiles cuando en ellas no se alista el corazón de la mujer».

«Acerca de mi salud diré que he tratado siempre de consumir al menos cinco frutas y verduras casi diariamente; realizar al menos dos horas de ejercicios semanales; mantener un peso saludable y no fumar para, de esta forma, reducir cualquier problema cardíaco (en un 35 por ciento) y el riesgo de morir (en un 40 por ciento), en comparación con otras personas que tienen estilos de vida menos saludables.

«Muchos especialistas afirman —lo cual traslado a todos los que me leen—, que los beneficios de un estilo de vida saludable no se acumulan sólo para las personas que siempre lo han llevado, sino que se pueden hacer cambios a partir de los 50 ó 60 años de edad para tener una vida más sana y longeva. Algo muy cierto. Muchas actividades que benefician la salud pueden realizarse a cualquier hora del día. En mi caso, por ejemplo, dediqué bastante tiempo a impartir clases de canto y piano, especialmente a niños, a quienes siempre traté de inculcar no sólo disciplina y cultura, sino también un conocimiento profundo acerca del gusto y amor artísticos del Héroe de la Independencia de Cuba y de connotados autores musicales, como Gonzalo Roig.

«Siempre he dicho que no debe olvidarse que el espacio músico-terapéutico constituye un ámbito en el que se promueve la manifestación emocional, y donde las percepciones, sensaciones y vivencias corporales son el punto de partida para que cualquier persona pueda encontrarse con sus propias posibilidades, con su cuerpo y sus sonidos.

«Tuve también la oportunidad de visitar numerosos países y de conocer personalidades distintas en credos, funciones, pero muy seguras de que una juventud y adultez saludables implican una vejez saludable. Entre ellas, la Reina Isabel, de Gran Bretaña; el Papa Juan Pablo; el premier canadiense Jean Christian y, en esta bella Isla, al presidente Fidel Castro, de quien guardo una bella foto junto a él (cuando cumplí mis cien años), y a quien considero un hombre muy inteligente y sabio, pues ha concedido innumerables beneficios a los desposeídos.

«Como fiel creyente, he tenido a Dios permanentemente a mi lado, al igual que a Martí, y a este magnífico pueblo del cual nunca me desvinculé. Todos han enriquecido mi vida con creces. Y aún la continúo disfrutando…hasta que Dios quiera.

«Me despido con la absoluta convicción de que una actitud positiva, exenta de pesimismo y debilidades, es fundamental para prolongar y hacer más saludable nuestras vidas. Este es el quid de mi longevidad y de algo más que el novelista francés, Emile Zola, calificó como la alegría de vivir.

«Dios los bendiga. Con mucho amor,

Mary McCarthy.

Nota: ¡Ah, olvidaba algo…! Y es acerca de la necesidad que todo ser humano tiene, desde que llega al mundo, de brindar amor, mucho amor, a personas muy especiales. En mi caso, éstas han sido: Pedro, mi esposo; Alexandra Bugailiskis, ex embajadora canadiense en esta Isla, y Elio, mi ahijado. Para todos mi más profundo cariño, especialmente, un día como hoy en que cumplo 108 Primaveras.

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