SANTA CLARA: LOS LAVADEROS DE MARTA ABREU

Santa

Acompañada  por Carlos de la Torre, naturalista y preceptor de su hijo Pedro Nolasco, en uno de sus viajes por Europa, Marta Abreu decidió visitar Suiza, y en una estación de trenes vio cómo las mujeres lavaban a orillas de los ríos. Al momento, le expresó a su acompañante que sería de su agrado la implementación de los lavaderos en Santa Clara.

Los lavaderos donados por Marta Abreu a Santa Clara, constituyen un patrimonio de la ciudad.Al regresar a Cuba, envió una carta al Ayuntamiento, en la que manifestaba: «Enterada del gran beneficio que traería a las mujeres de la clase pobre de esta, mi ciudad natal, la construcción de cuatro lavaderos públicos situados en puntos opuestos de la población y en lugares los más adecuados, he resuelto hacerlos a mis expensas y donarlos graciosamente al municipio a condición de que sean gratuitos a perpetuidad y de que en ningún tiempo puedan ser enagenados ni gravados.

«De esperar es que la Corporación Municipal acepte mi donativo en los términos que dejo indicados, segura de realizar con ello un inmenso beneficio a la clase más desvalida de la población. Y de ser así ruego a usted, designar los lugares más adecuados para los lavaderos en su día, nombrar la comisión que concurra a la formalización de la oportuna escritura donde debe constar el donativo que con tanto gusto realizo.»

El reportaje del estudiante de periodismo Yandrey Sarduy, publicado en El Santaclareño, además de contar la historia de los lavaderos donados por Marta Abreu al pueblo, lanza un SOS para salvaguardar esta riqueza patrimonial que actualmente corre peligro, por muchas razones… Recursos materiales y financieros de por medio, no puede pensarse en acometer estas obras por ahora, pero queda ahí el llamado y la preocupación del periodista, para el año en que se cumple el 320 aniversario de la fundación de Santa Clara.

Los lavaderos —según el especialista de la Oficina de Monumentos de Patrimonio, Juan Manuel Fernández Triana— se inauguraron el 18 de mayo de 1887, y fueron construidos con suficiente capacidad y todos los adelantos modernos. El costo total ascendió a 10 mil pesos.

En total se construyeron cuatro: dos en la rivera del Cubanicay, uno en las actuales calles Nazareno y Río, y otro en Martí y Río; y dos más a orillas del Bélico, uno en Martí y Toscano, y el otro en Candelaria y Central.

Cada local tenía cierta cantidad de bateas y una bomba para la extracción del agua del río. Contaban con grandes portales donde los niños jugaban sin peligro y las mujeres tendían las ropas los días lluviosos. Se lavaba según el orden de llegada.

ETAPA DE DECADENCIA

Durante la primera ocupación norteamericana, luego de la Guerra Necesaria, una de las primeras medidas adoptadas por el gobierno fue el saneamiento de la Isla, lo que implicó la creación del acueducto y el alcantarillado.

El declive de los lavaderos comenzó con la creación de estas obras, a lo que se unió la construcción de la planta para purificar aguas residuales, que se extendía desde lo que conocemos hoy como Sakenaf hasta la Carretera a Sagua. Esa instalación resultaba una novedad, pues era la única de su tipo en el continente y la segunda en el mundo.

Ante la disyuntiva de si debían cerrar o destruir los lavaderos, Pedro Nolasco, el hijo de Marta, hizo una donación al Ayuntamiento para que los convirtieran en aulas de kindergarten, que abrieron sus puertas por primera vez en septiembre de 1928.

Tuvieron fines educativos hasta bien entrados los años 60; a partir de entonces, los ya antiguos lavaderos entraron en un proceso vertiginoso de deterioro.

EL TIEMPO… EL DESCUIDO

¿De qué manera rescatamos tanta historia? ¿Cómo rendirle homenaje a la Benefactora de Santa Clara, símbolo de la provincia y orgullo de la nación?

Actualmente, solo podrían localizarse tres de los sitios donde entonces estuvieron los cuatro lavaderos: uno lo ocupa el Servicio de Comunales de Santa Clara, otro fue entregado para vivienda, otro es el local de ensayo de la orquesta Aliamén, y en el último reside el grupo de teatro Drippy, que se ha preocupado por la restauración y conservación del lugar.

El tiempo acecha. Los techos están cayéndose, las paredes  tienen moho por la humedad, los laterales en mal estado, destrucción de los mosaicos del piso…

«Para los que laboran en la Oficina Provincial de Patrimonio, la premisa es conservar la memoria histórica —aseveró Juan Manuel Fernández Triana—, pero con ideas y proyectos no se resuelven todos los problemas. Se requieren financiamiento y recursos. Además, no hay oficialmente una Oficina del Historiador ni conservador de la ciudad.»

Al decir de Margarita Álvarez Oliva, directora general y artística del grupo de teatro Drippy, dichos sitios requieren una restauración capital con un alto costo en divisas.

Marta no solo financió la construcción del hermoso teatro La Caridad, un dispensario —El Amparo— para curar y asistir a la infancia desvalida, y varias escuelas; también levantó templos al trabajo. Por eso, todas sus obras llevan un sello característico: el amor al prójimo y el consuelo a los desamparados. Contribuyamos, pues, a rescatar el legado histórico de Marta Abreu en el centenario de su muerte.

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