LA RETORCIDA MADEJA DEL COMERCIO EE.UU.-CUBA

El bloqueo a Cuba continúa perjudicando la importación de alimentos de Estados Unidos.Pese a ser el mercado estadounidense prometedor y apuntar a crecer, aún preservando los suministradores tradicionales de Cuba, las compras a EE.UU. mermaron, debido a las difíciles condiciones que impone el bloqueo a dichas importaciones, declaró Pedro Álvarez, presidente de Alimport, la empresa comercializadora de alimentos de Cuba, al semanario Opciones.

Las compras de productos agroalimentarios de Cuba a Estados Unidos, luego de mantener un ritmo ascendente hasta 2005 cuando alcanzaron la mayor cifra en volumen, sufrieron en los últimos tres años un decrecimiento, aunque según todos los pronósticos debían seguir creciendo, dado el beneficio que representan para ambas partes.

Las disminución de los volúmenes de importación, dijo Pedro Álvarez al semanario cubano, se debe a que el mantenimiento del bloqueo y el recrudecimiento de sus trabas a las compras, hacen inseguras las importaciones, a lo cual se suma la falta de crédito.

Por dicha razón, Alimport ha desviado importaciones que se hacían desde Estados Unidos, hacia otros mercados más seguros, sin impedimentos para las exportaciones a Cuba, y que a su vez conceden créditos, aspectos a tener muy en cuenta en tiempos en que la crisis económica internacional ha influido en el aumento de los precios de los alimentos.

Por Marta Veloz, semanario Opciones

Con tantos inconvenientes, no se puede crecer en volúmenes de importaciones desde la nación norteña, pese a la seriedad del empresariado estadounidense, a la calidad de los productos y a la cercanía geográfica, únicas ventajas que ofrecen actualmente, subrayó el directivo.

“Para dar una idea de los retorcidos inconvenientes legislados por el Gobierno de Estados Unidos, baste saber que una empresa de esa nación, para iniciar cualquier contacto con Cuba, explicó Álvarez, tiene que solicitar al Departamento del Tesoro una licencia para viajar a La Habana. En caso de que quiera concretar algún negocio, antes de firmarlo, debe tramitar otra licencia con el Departamento de Comercio de su país.

Ya sellado el negocio, las operaciones requieren de una Carta de Crédito emitida por un banco cubano a uno europeo, y este a su banco corresponsal en Estados Unidos y finalmente, por el banco del proveedor en ese país. Al participar en estas operaciones al menos tres o cuatro bancos, se generan costos adicionales y mayor riesgo de errores en el manejo de la documentación. A esto se suma, que por la diferencia de horario con Europa, pueden producirse, como de hecho ha sucedido, demoras en la carga de los buques en los puertos estadounidenses, al no llegar la documentación y el dinero requerido en horario o días laborables. Adicionalmente, el banco del tercer país requiere también una licencia del Departamento del Tesoro para operar.

“Siguiendo esta cadena de dificultades, para transportar las mercancías a Cuba las navieras también precisan de otra licencia emitida por el Departamento del Tesoro, y luego de descargar en puerto cubano, deben regresar a su país en lastre, debido a que Estados Unidos no autoriza las importación de productos cubanos. Como si esto fuera poco, una regulación más reciente permite a los guardacostas norteamericanos interceptar y registrar un buque que venga con mercancías de su país hacia Cuba, argumentando arbitrariamente que la nación caribeña no tiene todos los controles necesarios para evitar posibles actos terroristas. Esto ocasionaría demoras adicionales en la travesía de los buques, que solo pueden pertenecer a navieras que estén bajo la licencia de Estados Unidos, de lo contrario, se les prohíbe tocar puerto estadounidense en seis meses. Por tanto, Cuba tampoco puede utilizar sus propios barcos.

“También debe tenerse en cuenta que todas estas licencias pueden ser revocadas cuando las autoridades estadounidenses lo estimen conveniente, sin previo aviso al interesado, lo cual obviamente constituye un importante elemento de inseguridad y riesgo para ambas partes, y sobre todo, para Cuba, considerando que Alimport tiene la función esencial de garantizar la importación de alimentos para la canasta básica de la población.

“Como es de suponer, tantos inconvenientes, únicos para el mercado cubano, han sacado a la pequeña y mediana empresa norteamericana de los posibles negocios con la Isla caribeña, por los costos adicionales que solo son factibles asumir a las grandes compañías del sector agroalimentario.

Vale recordar que otro eslabón de la cadena de prohibiciones lo constituye el hecho de que las subsidiarias estadounidenses en terceros países, tienen prohibido vender a Cuba, lo cual es una extraterritorialidad de las leyes norteamericanas. “En ese caso, ejemplificó Álvarez, ha habido compañías brasileñas, argentinas, canadienses, europeas… con las cuales se han cancelado contratos ya negociados y firmados con Alimport, al ser adquiridas por empresas norteamericanas, a las que no se les permite vender a Cuba desde terceros países, aún en contra de las leyes para el comercio de las naciones donde radican”.

Obviamente, ante “tantas facilidades”, es posible comprender por qué no ha podido crecer el comercio de la nación antillana con Estados Unidos, pese a condiciones naturales, reales y al interés del empresariado de ambas partes, favorables para ello.

DISMINUYERON LAS COMPRAS DE ARROZ Y TRIGO EN ESTADOS UNIDOS

En los últimos dos años Alimport ha comprado en total más de 650 000 toneladas de arroz anualmente, alimento básico para la población cubana, que tradicionalmente lo adquiría en el vecino mercado del Norte. “De esta cifra, dijo Álvarez, solo se importaron de Estados Unidos de 12 000 a 15 000 toneladas cada año.

“Aún manteniendo los suministradores habituales, como Vietnam, Cuba pudiera convertirse en el segundo o quizás primer importador de arroz molinado de los Estados Unidos, pero los obstáculos, más el hecho de vendernos sin crédito, entre otros inconvenientes, han impedido estas transacciones que comenzaron con buenas perspectivas”, explicó el directivo.

Similar situación se ha presentado con el trigo, otro alimento que la Mayor de las Antillas estaba adquiriendo en buena cantidad en el mercado de EE.UU., también con tendencia a crecer. “Ahora estamos comprándolo en volumen creciente en Canadá, donde las empresas nos ofrecen buen precio y un producto de calidad. Canadá es un importante socio comercial. En la pasada Feria Internacional de La Habana, firmamos importantes contratos con entidades de ese país. Por todo lo explicado, hemos perdido el mercado de EE.UU. del arroz, el trigo, productos derivados de soya, de los cuales hemos destinado cantidades para adquirir en Argentina, Brasil y otros países.

“Por el momento, bajo las condiciones actuales, mantendremos algunas importaciones de los Estados Unidos, como cuartos de pollo, cierta cantidad de trigo, maíz, productos derivados de la soya y en menor cuantía, ingredientes para el pienso. Priorizaremos comprar donde mejores condiciones nos ofrezcan para adquirir los productos para la población”.

No obstante todos los frenos expuestos, según datos de Alimport, desde que se iniciaron las operaciones en diciembre de 2001 hasta la fecha, Cuba ha pagado a su contraparte estadounidense más de 4 400 millones de dólares, ha sostenido conversaciones de negocio con más de 5 000 empresarios, y de estos, ha sellado contratos con más de 150, lo cual es una muestra palpable del interés que representa el mercado cubano para los hombres de negocio de la vecina nación.

En general, la empresa cubana importó el pasado año productos por valor de más 2 500 millones de dólares, fundamentalmente para cubrir la canasta básica de la población. En la medida en que crezca la economía cubana, se incrementarían estas compras de alimentos, consideró Álvarez.

El mercado cubano, sin ser gigante, con sus más de once millones de habitantes, no es despreciable. Para el empresariado estadounidense, principalmente por su cercanía, es de potencial interés, no solo para vender alimentos, sino para negociar otro grupo importante de bienes y servicios, como materiales de construcción, equipos médicos, equipos electrodomésticos y de generación eléctrica, o para participar en la prospección petrolera, entre otros sectores, en los que, indicó Álvarez, le han manifestado su interés en cuanto les sea permitido.

Para cuando haya un intercambio recíproco normal de bienes y servicios, dijo el Presidente de Alimport, se ha calculado que el comercio bilateral podría alcanzar, conservadoramente, más de 21 000 millones de dólares solo en los primeros cinco años, cifra que se pronostica podría crecer en dependencia del mercado en ese momento, aunque recalcó que por ello no se cancelarían las importaciones desde los tradicionales suministradores de Alimport, entre los que destacó a Vietnam, Brasil, Canadá, Venezuela, China, Argentina… “Cuba tiene las puertas abiertas, cumpliendo las regulaciones de la Ley de inversiones de nuestro país, a todo el que desee invertir en los sectores que incidan en el desarrollo nacional, incluyendo al empresariado de Estados Unidos”, enfatizó Álvarez.

También expresó que cada día es mayor el número de empresarios estadounidenses que le manifiestan su posición contraria al bloqueo y su deseo de visitar libremente la Isla, hacer negocios en diferentes renglones, comprar productos de la biotecnología cubana… “Incluso muchos, pertenecientes a diversos sectores de la economía, se han dirigido a nosotros interesados en participar en la Feria Internacional de La Habana que tendrá lugar en la primera semana de noviembre próximo”, puntualizó.

No podemos pasar por alto que la Isla obtiene sus ingresos fundamentalmente de la exportación de bienes y servicios y del turismo. El país recibe en la actualidad el grueso de sus visitantes desde Europa y Canadá. Sin embargo, los viajeros de Estados Unidos representaban 90 % del turismo que llegaba antes de que ese país rompiera relaciones con La Habana en 1961, según datos del Ministerio del Turismo nacional. Esta fuente precisa que en las últimas cuatro décadas las restricciones impuestas por el gobierno de EE.UU., impidieron que alrededor de 30 millones de sus ciudadanos vinieran a la mayor de las Antillas. Estudios recientes de esa nacións, pronostican que dos años después de levantarse el bloqueo, alrededor de 1, 8 millones de ciudadanos de ese país, visitarían a la vecina isla antillana.

Al abordar este tema, Álvarez enfatizó que no se debe temer a que los estadounidenses vengan a Cuba. “La apertura del turismo, además de crear un puente de amistad y de permitirles conocer la verdadera Perla del Caribe, aumentaría las fuentes de ingreso del país y por tanto el poder adquisitivo, lo cual redundaría en beneficio de mayores importaciones de diferentes mercados , con lo cual también se benefician las empresas y el pueblo estadounidense, que vendería sus productos y asegurarían empleos.

“El bloqueo sigue siendo fuerte. No ha habido cambios. Esperamos que algún día, con la oposición del pueblo y los empresarios, la nueva administración se de cuenta de que dicha política no perjudica únicamente a Cuba, sino también a las empresas de su país, y más ahora, en medio de una situación económica internacional compleja, cuando el desempleo en los Estados Unidos crece. He leído declaraciones recientes de la Federación de Arroceros, de los cultivadores de trigo, de la propia Cámara de Comercio de los Estados Unidos y de otras muchas instituciones, y ejecutivos, que exigen el cese del bloqueo a Cuba”.

Muchas personalidades en EE.UU. reclaman urgentes cambios al respecto, como el experimentado diplomático Wayne Smith, quien tuvo la encomienda de abrir la Oficina de Intereses de su país en La Habana en 1997, durante el gobierno de Jimmy Carter, y permaneció como embajador hasta 1982, cuando Ronald Reagan abandonó todo acercamiento a Cuba. Smith, desde su actual función como profesor y especialista en centros de estudio y análisis, ha dicho que intenta “alentar una política más sensata hacia Cuba”. En abril último durante una visita a La Habana, declaró a BBC mundo:

“Estoy un poco decepcionado, pensé que Obama iba a cambiar todo rápido y drásticamente, pero hasta ahora lo único que ha hecho es levantar las restricciones de viajes y remesas de los cubano-norteamericanos. Debemos restablecer un diálogo y Obama debe dejar bien claro que quiere comenzar ese proceso. En este sentido, el próximo paso no le corresponde a Cuba, sino a las dos partes”.

BLOQUEO CONTRA COMERCIO

Ha transcurrido prácticamente, medio siglo de hostigamiento a Cuba con la oficialización, por parte del presidente Jonh F. Kennedy en 1962, de la Proclama Presidencial sobre el bloqueo económico financiero y comercial a la Isla que ellos llaman “embargo”, el cual una decena de mandatarios estadounidenses se han encargado de mantener y recrudecer en el tiempo.

Únicamente en 1977, durante la presidencia de Carter, se dieron ciertos pasos de acercamiento a partir de la apertura en La Habana de una Oficina de Intereses de Estados Unidos, intentos que quedaron ahí al asumir el mandato en 1982, Ronald Reagan quien recrudeció el bloqueo. Esta posición fue agravada por las conocidas Ley Torricelli, aprobada por el presidente George Bush en 1992, y la Ley Helms Burton en 1996, con el crédito del mandatario William J. Clinton, a las que cuelgan todo tipo de enmiendas, agregados, etcétera, que el presidente George Bush hijo se encargó de admitir. Sus objetivos han sido asfixiar a la economía cubana, desgastar al pueblo y así eliminar ese “mal ejemplo” para América Latina que resulta de un país que lucha por la democracia y la autonomía, prescindiendo del acostumbrado tutelaje de Estados Unidos sobre las naciones de la región.

Así llegamos a la actualidad, donde la condena a ese cruel bloqueo se ha puesto de manifiesto en todos los foros internacionales, incluyendo las reuniones de las Naciones Unidas y de la Organización de Estados Americanos (OEA), donde incluso, acaban de abolir por unanimidad la disposición que expulsó a Cuba de este organismo hace 48 años.

Y con esta fuerte presión internacional respecto al bloqueo, asumió la presidencia del Imperio Barack Obama, quien en 2004, cuando su antecesor recrudeció todas las restricciones contra la Mayor de las Antillas, y el actual presidente estaba postulado para el Senado, declaró que apoyaba el levantamiento del “embargo”, y que era hora de que “reconociéramos que esta política en particular había fracasado”.

Ahora, en Puerto España, durante la recién finalizada Cumbre de las Américas, en la cual nuevamente muchos se pronunciaron en contra del bloqueo, un periodista le preguntó sobre lo dicho por él sobre el tema 2004, y Obama le respondió: Bueno, el 2004 me parece que está a miles de años atrás… “Es cierto que a pocos meses de haber asumido su mandato, en medio de los graves acontecimientos nacionales e internacionales que ha heredado, Obama, abrió una brecha con respecto a Cuba al aprobar la eliminación de las restricciones de los viajes de los cubano-americanos a su país natal, así como el envío de remesas a sus familiares, pasos estos que como han dicho algunos analistas, se limita “a reanudar la política hacia Cuba allí donde Clinton la había dejado”, antes de asumir Bush hijo.

Igualmente aceptó reanudar las conversaciones migratorias bilaterales, interrumpidas hace más de cinco años, que acaban de tener lugar en Estados Unidos de manera satisfactoria, según se publicó. Por otra parte, el nuevo mandatario anunció que permitiría a las empresas estadounidense pertenecientes al sector de la telefonía celular y televisión por satélite, negociar, con sus contrapartes cubanas, posibles inversiones conjuntas en la nación caribeña.

Aunque sobre este particular no se ha dado ningúna otra información, vale preguntarse, cómo concebiría este paso el presidente Obama, con las férreas medidas que mantiene para el comercio con Cuba como parte del bloqueo, que solo les permite vender productos agroalimentarios bajo insólitas restricciones, no contempla las inversiones conjuntas y no admite comprar productos de la Isla.

¿Pudiera una trasnacional estadounidense de las comunicaciones, por ejemplo, invertir en Cuba y mantener un negocio cuando sus directivos, para sostener conversaciones personales con sus homólogos cubanos solo están autorizados a viajar a La Habana una vez al año y, a la inversa, está prohibido o limitado por razones de “seguridad nacional”, como le ha sucedido a ejecutivos de Alimport, entre quienes se incluye su propio presidente, Pedro Álvarez? ¿Cómo concebirían ellos una empresa de capital mixto, si igualmente, contra toda práctica internacional, tienen vetado a sus entidades ofrecerle crédito a las de la Mayor de las Antillas para estimular las ventas o importar desde la Isla?

Estas son solo algunas de las maquiavélicas disposiciones que vienen acompañando las «facilidades» para esas ventas a Cuba, desde que se iniciaron a finales de 2001, a raíz de que se firmara en Estados Unidos la Ley de Asignaciones para la Agricultura para el año fiscal 2001, que incluía la llamada Enmienda Nethercutt, que limitó la capacidad de la administración norteamericana de aplicar embargos unilaterales a países utilizando los alimentos y los medicamentos.

Fuente: Semanario Opciones

Una respuesta a “LA RETORCIDA MADEJA DEL COMERCIO EE.UU.-CUBA

  1. Cuba: el futuro invisible
    Leonardo Padura
    Sábado, 14 de noviembre de 2009
    Los cubanos de hoy, aun cuando tienen mayor margen de expresar sus insatisfacciones con el presente, son incapaces de prever un futuro que se avizora diferente, pero que nadie imagina cómo le llegará ni cuándo Si el pasado de un hombre puede ser la acumulación de experiencias vividas que lo han llevado a ser el individuo que es, el futuro encarna el sueño, la expectativa de lo que ese hombre quiere o quisiera llegar a ser, de lo que aspira a poseer para tener una vida mejor –en el ámbito de lo material y de lo espiritual. Esa capacidad de proyectar la mirada hacia un porvenir y tratar de forzar desde el presente las cualidades del futuro es una de las condiciones intrínsecas a la condición humana y la fuente de la superación de los individuos y las sociedades a las que pertenecen.
    Para los hombres de mi generación, que hemos crecido y vivido en Cuba a lo largo de las últimas cinco décadas, la noción de un futuro mejor fue uno de los motores que nos impulsó durante nuestra cada vez más lejana juventud. El deseo de superación personal, animado por los vientos de una revolución que transformó la vida del país en los años 1960, nos llevó a imaginar el futuro como un estadio tangible en el que los más esforzados, capaces e inteligentes (o dotados para explotar sus esfuerzos y capacidades) llegarían a tener no sólo satisfacciones espirituales que se concretarían en una sociedad más justa y culta, sino también recompensas materiales difíciles pero no imposibles de lograr: un salario digno, una casa confortable, tal vez hasta un automóvil “asignado” por el Estado (único proveedor de éste y otros bienes desde hace cincuenta años) como premio por la labor social y la superación personal conseguidas.
    La crisis económica y estructural que removió a la sociedad cubana en la década de 1990 como consecuencia directa de la desaparición de la protectora Unión Soviética, financista y socio comercial casi monopólico del Estado cubano, provocó también una fractura en la relación de los cubanos con sus imágenes de futuro: de un día para otro muchas de las esperanzas que nos animaban desaparecieron del horizonte y se impuso una modalidad de lucha por la supervivencia que apenas nos permitía plantearnos cómo “resolver” el día de hoy sin idea de si podríamos solucionar el de mañana. La capacidad y la inteligencia de los individuos muchas veces perdió sus conexiones con el ámbito de las aspiraciones colectivas y desde entonces fueron los más hábiles y arriesgados los que se garantizaron un mejor presente, aunque ni siquiera muchos de ellos pudieron plantearse una estrategia de futuro: la imposibilidad de saber hacia dónde se movía la isla impedía casi siempre la elaboración de ese sueño.
    En los últimos años Cuba ha cambiado. Ha cambiado al punto de que se ha aceptado la necesidad de cambios en las estructuras y los conceptos. Tanto ha cambiado que muchos de los beneficios del pasado, que se identificaron con las cualidades del modelo socialista, hoy son considerados como deformaciones paternalistas, subsidios y gratuidades insostenibles. Y a este tenor se anuncian más cambios, como la posible eliminación de la cartilla de racionamiento por considerarse un subsidio incosteable para un Estado con serias dificultades financieras, la eliminación de la doble moneda (divisas y pesos cubanos) que circula en el país y que dificulta las operaciones mercantiles y la vida cotidiana de la gente (sobre todo de los que no tienen acceso a las divisas) y otras transformaciones de las que no se maneja mayor información y para cuya instrumentación el gobierno ha pedido tiempo. Tiempo del futuro de cada uno de los cubanos.
    Entre los cambios recientes que se han puesto en marcha uno muy revelador ha sido la eliminación, en varios ministerios, de los comedores obreros (también subsidiados por el Estado y fuente de permanente “desvío de recursos”, eufemismo que esconde la palabra robo). En esos lugares, para que los trabajadores puedan adquirir una comida, ahora se les entrega un estipendio de 15 pesos diarios, lo que equivale (a 24 días de trabajo por mes) a 360 pesos… en un país donde el salario promedio apenas rebasa los 400 pesos. ¿Es posible planificar un futuro personal entre márgenes como estos? El propio gobierno cubano ha reconocido la realidad palpable de que los salarios que se pagan son insuficientes para vivir. Con menos evidencia también ha aceptado las múltiples incapacidades de un modelo económico que no garantiza la productividad (Cuba importa más del 70% de la comida que consume) o de unos síntomas de desintegración social visibles en manifestaciones como la resurgida prostitución, la corrupción, el incremento de las manifestaciones de marginalidad, las ansias de migrar que acechan a muchos jóvenes.
    Pero se habla poco, casi nada, de la imposibilidad de fraguar modelos o aspiraciones de futuro fuera de las que garantiza el Estado (salud pública, educación, tan esenciales pero generadoras de otras expectativas en los individuos y sociedades que las tienen aseguradas). Digamos que un sueño tan necesario como el de tener una casa –y son muchos los que ocupan viviendas en condiciones deplorables o viven arracimados en espacios mínimos- es una utopía inalcanzable en un país donde una bolsa de cemento cuesta más de la tercera parte del salario promedio antes mencionado. Pero, después de concluir una carrera universitaria, ¿a qué puede aspirar una persona? Los cubanos de hoy, aun cuando tienen mayor margen de expresar sus insatisfacciones con el presente, son incapaces de prever un futuro que se avizora diferente, pero que nadie imagina cómo le llegará ni cuándo. El costoso paternalismo que generó el Estado y del que hoy trata de desembarazarse, también alcanza a esa aspiración de soñar un futuro posible, pues éste se regirá por las formas y decisiones que establezca el mismo Estado, en un gesto más de su paternalismo. ¿Qué cambios se producirán, cuándo, cómo nos afectarán a cada uno de nosotros y cuánto incidirá en nuestros futuros? Nadie parece saberlo, mientras pasan los años y lo que pudo ser futuro se queda en el pasado irrecuperable de las vidas individuales.

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