MUJER, CUBANA Y FEDERADA ¡FELICIDADES!

Logotipo de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC).Miro las cifras: 110 mil 958 mujeres representan casi la mitad de la fuerza laboral en Villa Clara.  Qué distinto a cuando nuestras madres y abuelas tenían que luchar contra sus propios prejuicios, el de sus esposos y el de la sociedad toda, para incorporarse a la construcción de un nuevo país que, entre sus principales preceptos, pretendía desterrar siglos de discriminación.

Pero más allá de los números, si nos miramos a nosotras mismas, todavía percibimos cuánto tenemos que hacer para lograr la reivindicación femenina; inacabada aun cuando mañana 23 de Agosto lleguen felicitaciones, flores, postales, homenajes…

El domingo será el segundo día del año en que las nacidas en este archipiélago celebramos nuestra condición de mujer, de cubana y, además, de federada.

Por Rayma Elena Hernández

Bienvenidos, entonces, los agradecimientos en una fecha en que, a diferencia del 8 de Marzo, el homenaje se centra más en las estructuras de la propia Federación de Mujeres Cubanas, y en el reconocimiento de otras organizaciones políticas y de masas.

Aunque hoy, no pocas federadas recordamos con cierta añoranza las iniciativas y la alegría con que décadas atrás nosotras mismas convertíamos el aniversario en un buen momento merecido.

En 49 años, a nivel social han cambiado las dinámicas de la vida, las motivaciones… De igual manera, la organización se ha enriquecido: una composición más amplia y diversa, en la que confluyen la intelectual, la obrera, la campesina, la científica, la estudiante, el ama de casa…, y al mismo tiempo, nuevas problemáticas y más va- riados intereses que satisfacer.

Y si no fueron fáciles aquellos primeros tiempos, no menos complicados son estos, cuando incorporadas plenamente al quehacer social, tenemos, además, una responsabilidad preponderante —a veces casi absoluta— en la formación y mantenimiento de la familia cubana.

Esa célula básica de la sociedad que cada vez se hace más compleja en su estructura y funcionamiento, en correspondencia con las exigencias que se imponen a cada uno de sus miembros. Por solo citar un ejemplo: las madres que cumplen misiones internacionalistas y deben dejar a sus hijos al cuidado de las abuelas, lla madas a rejuvenecerse en su papel de madres, con una sobrecarga física e intelectual para la que no siempre están suficientemente aptas o preparadas.

Otras realidades elevan los retos a las cubanas de este siglo XXI. Ahora, cuando debemos permanecer cinco años más —hasta los 60 años— en nuestros puestos de trabajo, y que la población en general eleva su esperanza de vida, surgen nuevas interrogantes: ¿Cómo lograr que llevemos a feliz término la vida laboral, sin descuidar la atención a nuestros padres ancianos, labor que, de manera mayoritaria, sigue recayendo en las hijas?

Contestar esta pregunta presupone una mirada al ámbito hogareño, donde todavía persisten rezagos que no se borran en cinco décadas ni con leyes ni códigos, y puede ir desde el más cotidiano machismo hasta la violencia extrema. También, a nivel social tendrán que aparecer soluciones que favorezcan nuestro desempeño, que pueden ser desde la creación de instituciones destinadas al cuidado de las personas de la tercera edad, hasta las adecuaciones de regímenes laborales para, siempre que sea posible, facilitar que cumplamos todos (hombres y mujeres) con nuestros roles dentro y fuera del ámbito familiar.

Evidentemente, son largos y polémicos los caminos que han de transitar hoy los análisis y respuestas de la Federación de Mujeres Cubanas. Con obstáculos que incluyen las carencias materiales que nos convierten en artífices de cada día y los llamados aspectos subjetivos, en los que pueden ir mezcladas la falta de caballerosidad de los hombres y la ausencia de solidaridad, que, por cierto, no distingue sexo ni edades.

La pasada semana, en uno de mis diarios viajes, un niño se paró para brindar su asiento a una niña que viajaba de pie junto a sus padres. De aquel gesto, en medio de la abrumadora travesía en un camión lleno «a reventarse», pocos pasajeros se dieron cuenta.

Afortunadamente, una señora que viajaba a mi lado reparó en el detalle, y elogió al pequeño diciéndole: «Usted sí es un caballero».

Entonces, yo me preguntaba: ¿Cuánto tendremos y podemos hacer para que dentro de unos años, cuando sea un joven, un hombre, este caballero no abandone esa conducta que también necesitamos nosotras: las más de 110 mil mujeres que seguimos luchando por la gran reivindicación cotidiana, mientras ya somos casi la mitad del pueblo villaclareño que trabaja?

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