LEONARDO PADURA Y SU MÁS RECIENTE NOVELA

Leonardo Padura.El escritor cubano Leonardo Padura leyó pasajes de su última novela El hombre que amaba a los perros, sobre el asesinato de León Trotsky, ante un grupo de admiradores en la Casa de las Américas en La Habana.

El propio autor la consideró la obra más difícil, compleja y profunda que ha escrito hasta hoy y recordó el impacto recibido durante la visita que hizo en México a la casa donde vivió Trotsky en el barrio de Coyoacán, un mes antes de la caída del muro de Berlín.

En estos veinte años han ocurrido muchísimos acontecimientos fundamentales que son los que de alguna manera me permitieron escribir esta novela, añadió.

Su buceo en las fuentes fue exhaustivo para llenar las lagunas del largo proceso «que condujo a Trotsky al liderazgo político de un Estado que ayudó a fundar, su destierro y peregrinaje hasta llegar a México, donde fue asesinado en 1940″.

La saga de novelas policiacas, donde el inspector Mario Conde rastrea la Cuba contemporánea, está traducida a 16 idiomas y le ha dado a Padura (La Habana, 1955) tres veces el Premio Dashiell Hammet de Novela Negra, entre otros reconocimientos.

Ahora, el autor penetra en la vida y la mente del asesino de Trotsky, en una reconstrucción en la que obligadamente vienen a escena la madre del homicida, la alucinante Caridad Mercader; la guerra civil española, y, por supuesto, el puño de hierro de Stalin.

La novela empieza a circular este mes en España y llegará a México en noviembre, en tanto que el propio autor anuncia una posible edición cubana, la cual es esperada por los admiradores de Padura aquí, donde es también uno de los escritores más leídos.

Hallazgos «insultantes, dolorosos»

Hace cinco años, Padura comenzó la búsqueda maratónica de información sobre el caso. Absorbió miles de páginas, habló con cientos de personas y visitó decenas de lugares, incluyendo Moscú. «Ha sido una investigación dolorosa, reveladora, insultante, que me permitió conocer más a fondo una historia que, en casi todos sus detalles y consecuencias, todavía hoy sigue bastante oculta.»

–En un asunto tan estudiado y discutido, ¿había algo por descubrir?

–No creo que el asunto haya sido tan estudiado ni discutido: el estalinismo y sus efectos siguen siendo fuente inagotable de revelación de horrores, una historia amarga de la que no sabemos cuándo lo sabremos todo. En la vida de Mercader, en aspectos como la conversión de un revolucionario español en un asesino político, o en su vida en Cuba (1974-1978), había mucho por descubrir y todavía queda mucho por conocer. El manto de silencio que envolvió todo eso es más denso de lo que podemos imaginar.

–Entró al corazón de la gran utopía igualitaria del siglo XX. ¿Cómo ve esa utopía después de escribir esta novela?

–La sigo viendo como una exigencia de la sociedad humana. Necesitamos, mucho, un mundo con mayor equidad, verdadero respeto por el individuo y sus libertades, con una democracia real y efectiva (la democracia de la mayoría), con menos miseria y más justicia y, sobre todo, sin miedo. Pero de esas ideas a la práctica soviética hubo una gran distancia, y lo ocurrido allí durante seis décadas fue una de las perversiones más lamentables de la esperanza humana, uno de los engaños colectivos más desastrosos, uno de los fraudes históricos más catastróficos que ha sufrido el hombre y veo esa utopía traicionada, como una de las mayores traiciones cometidas contra los sueños y las necesidades de la humanidad.

–De Stalin y de Trotsky no se escribe ni se habla en público en Cuba. Aunque sea en forma literaria, ¿está rompiendo un tabú?

–No sé si será un tabú, pero es un asunto alrededor del cual hay gran desconocimiento, falta de información e incluso hay pasiones e historias nunca resueltas. Sobre el lado oscuro de Stalin (más grande de lo que cualquiera se imagina) no se habló ni se escribió en largos años, y Trotsky sólo fue visto como el traidor renegado, y muy poco se ha hecho para recolocarlo en el ajedrez de las luchas políticas soviéticas.

Cómo sería una verdadera sociedad socialista

«Hoy, lentamente, las cosas cambian y los juicios se matizan, pero sin demasiado énfasis, a pesar de que toda esa historia es también en parte nuestra, desde que Cuba asumió el modelo socialista soviético. Desde los años 90 del siglo pasado y hasta hoy, la sociedad cubana ha cambiado mucho, respecto de estos y otros temas, y aunque no se discutan ciertas evidencias, hay una conciencia mayor de la verdad histórica. Como siempre he creído que la literatura es también fuente de conocimiento de la realidad, pues confío en que mi novela dé mayor capacidad de juicio a quienes la lean.»

–Reabrir el expediente del estalinismo puede decir algo a quienes eran adultos el siglo pasado. ¿Le dice algo a los más jóvenes?

–Si no les dice nada es porque nada les diría nada. El gran problema es que todavía hoy nadie ha dicho cómo sería una nueva y verdadera sociedad socialista, a salvo de una perversión estalinista, un estalinismo que quizás no tendría que llegar al horror de los crímenes masivos, pero que podría pervertir algunos de los principios básicos de esa equidad real y democracia efectiva que debe acompañar a la soñada y necesaria sociedad de los iguales.

«Aprender del pasado es la única manera de mejorar el futuro, y si hay jóvenes que desean esa mejoría, el estudio del estalinismo y sus traiciones, los modos en que Stalin pervirtió las ideas y las condiciones que le permitieron hacerlo, es una asignatura básica. Espero que les diga algo, por el propio bien de esos jóvenes y del futuro de todos.»

Fuentes: Gerardo Arreola, La Jornada, México.
Prensa Latina

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