EL MUNDO MÁGICO DEL JARDÍN BOTÁNICO DE SANTA CLARA

Maritza junto a su admirado árbol de la bala de cañón.Sabemos que Tolkien se inspiró en los robles de su natal Inglaterra para crear el personaje del Bárbol en El Señor de los Anillos. Sin embargo, mi más reciente visita al Jardín Botánico de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas —ya cercano el Día Mundial del Medioambiente—, trajo la suficiente magia como para que yo pudiera evocar antiguas historias.

«La Biología no es sólo laboratorios y computadores —dijo la estudiante Yuleiky Mira Falcón mientras removía la tierra con un rastrillo. Ahora mismo estamos organizando un área de plantas medicinales.»

El día que visitamos el Jardín celebraban el natalicio de Juan Tomás Roig, sabio cubano que nació el 31 de mayo de 1877, y que se dedicó a estudiar la flora y la fauna del país. Alumnos de Biología Pura y la carrera de Farmacia se esforzaban sobre los canteros. La lista de especies por sembrar contenía yerbabuena, albahaca morada, adelfa.

Según el Dr. Alfredo Noa Monzón, director del centro, la colección se extiende por diez hectáreas (ha) y abarca entre mil 500 y 2 mil especies de plantas: «Estamos tratando de registrar el número real de que disponemos. Sólo de árboles hay más de 700. En un futuro el Jardín pudiera ampliarse hasta las 67 ha, pero eso costará varios años de esfuerzo.»

Bárbol llega a Santa Clara

El Jardín Botánico se creó en 1956 como parte de una iniciativa del Departamento de Agronomía de la Universidad. Durante los 70 y 80 vivió sus mejores años porque varias carreras hacían sus prácticas allí.

La llegada de laboratorios modernos a las facultades hizo que la asistencia disminuyera hasta niveles mínimos. Luego, en los años  del período pspecial, la falta de recursos provocó una verdadera crisis en la labor que se realizaba en el centro.

Hacia 2003 la institución se benefició de un programa dirigido a potenciar la conservación de la diversidad biológica a lo largo de todo el país. Además, recibió financiamiento de VLIR, organización que reúne un número importante de universidades belgas, y de varios proyectos nacionales.

Los visitantes han regresado al Jardín. Uno de las rutas más hermosas de la institución recorre un sendero ecológico, un mirador aéreo y un aula a cielo abierto; todo elaborado con materiales naturales. Fue el trabajo de curso de un grupo de Arquitectura, donde también colaboraron estudiantes de Biología Pura.

El cuabal es tal vez el sitio más original del Jardín Botánico. Agrupa una colección de plantas características de Santa Clara:

«La ciudad se edificó sobre un suelo serpentínico —explicó la MsC Maritza Sánchez Pentón. Al adaptarse al suelo, las plantas disminuyeron el tamaño de sus hojas para impedir la pérdida de agua. Tenemos muchas especies endémicas de la zona, algunas bastante raras.»

La familia de Bárbol

El Jardín Botánico de la Universidad emplea a 20 personas, entre especialistas, obreros y trabajadores de servicio. Es muy caro mantener una institución de este tipo. Un homólogo suyo, el Royal Botanic Gardens, gasta cada año cerca de 80 millones dólares para mantener 120 ha en Kew, al sudoeste de Londres.

Según reseña el sitio digital Wikipedia, el primer Jardín Botánico fue costeado en 1543 por Cosme de Médicis, duque de Florencia. Se dice que con anterioridad los árabes habían construido instituciones parecidas en el sur de España; pero esta hipótesis no ha podido ser comprobada.

Brasil acapara el jardín más grande del mundo, el Adolpho Ducke, en las riberas del Amazonas. Nombrado en honor de un eminente investigador carioca, el coloso ubicado en las cercanías de Manaus se extiende por 100 km2 y sería difícil precisar la cantidad de especies que contiene.

El 24 de mayo de 2000 los ingleses inauguraron el invernadero de mayor extensión en el planeta. Abarca unos 77 mil m2, con más de 5 mil especies difíciles de cultivar. Una de sus mayores estructuras, el Gran Invernadero, alcanza 95 metros de largo y 55 de ancho.

Bárbol y la gente pequeña

Durante la saga de El Señor de los Anillos, los ENTS acogieron en su seno a los hobbits, la gente pequeña. Bárbol enseñó a Merry y Pippin los secretos de cómo se podía crecer más rápido. También les explicó por qué los ENTS estaban desapareciendo de la Tierra Media.

«Los niños se vuelven como locos cuando les mostramos el árbol de la bala de cañón o el árbol de las salchichas. Les gusta venir porque pueden gastar energía y aprenden», dijo Maritza Sánchez Pentón durante un recorrido por las intalaciones.

Por su parte, el Dr. Cristóbal Ríos Albuerne recalcó que el Jardín ha ido ganando visitantes: «Hacemos exposiciones, competencias, círculos de interés. Trabajamos esencialmente la conservación de la diversidad biológica. Nosotros visitamos los asentamientos cercanos y los estudiantes de la Universidad vienen mucho a disfrutar de la tranquilidad que hay aquí.»

El paseo por el bosque puede aliviar el estrés y proporcionar muchos conocimientos. Al caminar en la compañía de un conocedor como Cristóbal o Maritza, uno puede aprender que una caña brava puede crecer hasta 50 centímetros por día y que los ficus (árbol común en las aceras de nuestro país) no se pueden sembrar cerca de los edificios.

Bárbol contra Saruman

Ni los miles de kilómetros recorridos para llegar a Santa Clara han librado a Bárbol del acoso de Saruman. El tenebroso mago de Isengarg necesita madera para construir máquinas de muerte. Su espíritu está en todos los depredadores que por ahí disfrutan al destruir una flor o un árbol inapreciable para los científicos.

Aunque existe un círculo de interés que muestra a los niños cómo proteger la biodiversidad vegetal y se ofrecen conferencias a los integrantes del Círculo de Abuelos, y a pesar del trabajo de los especialistas en la comunidad, el Jardín sufre cada día la amenaza de incontables Saruman.

El Dr. Alfredo Noa Monzón expresó su inquietud cuando afirmó: «El centro no tiene protección, no está cercado. Las personas, cuando vienen al río, pasan por aquí y destruyen las plantas, cortan las flores. Cometen todo tipo de actos vandálicos contra la vegetación.»
Tolkien dedicó un volumen a reflejar la historia de los árboles parlantes. ¿Cuántas hermosas leyendas nos podrían contar las plantas si de verdad tuvieran el uso de la palabra? Vale la pena razonar esta pregunta. Y también darles una mano a los científicos santaclareños que tratan de preservar el mágico mundo de los ENTS.

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