VOCACIÓN SOLIDARIA EN MACEO Y EL CHE

Ernesto Che Guevara y Antonio Maceo, natalicio el 14 de junio.La vocación internacionalista del Che resulta muy conocida, pues toda su vida anduvo con la adarga al brazo y sintiendo sobre sus talones el costillar de Rocinante. Mucho menos estudiada resulta la actitud solidaria de Antonio Maceo Grajales, quien vio la luz otro 14 de junio, pero de 1845.

Ernesto Guevara de la Serna, nuestro Che, antepuso siempre el nosotros al yo, el nuestro al mío. Un clásico aventurero, según su propia calificación, pero de esos que ponen por delante «la pelleja».
Junto a su amigo Alberto Granado anduvo en moto por toda Sudamérica. Vivió los sucesos de Guatemala en 1954, y con Fidel, su ardiente profeta de la aurora, vino a Cuba para convertirse en el legendario Che.

Consolidada la Revolución, marchó a la experiencia guerrillera del Congo y después a Bolivia, al altiplano americano, donde fue asesinado, por órdenes directas del Gobierno de los Estados Unidos, el 9 de octubre de 1967.

Por Narciso Fernández Ramírez

Fue Maceo un soldado de la Revolución, un obrero de la libertad. El hombre que en Mangos de Baraguá salvó la honra mancillada en el Zanjón y que, como pocos, supo ver el peligro que representaba la injerencia extranjera, en particular, la norteamericana en los asuntos de Cuba.

Pero el general Antonio también resulta un patriota de honda vocación solidaria, que gozaba de un extraordinario prestigio entre los americanos de su época.

De su breve estancia en el Haití negro de Louvertoure y Petion, es la siguiente descripción, realizada por un cubano amigo suyo, quien le sirviera de intérprete: «Era un gentilísimo y cortés caballero de modales exquisitamente varoniles. […] Aunque no hablaba muy bien el francés, parecía como si lo entendiera, y pronto, a los poquísimos días de su estancia, no había en Haití nadie más popular ni más querido. Tenía todas las libertades.» (1)

Los años 80 del siglo xix vieron el peregrinar suyo por varios países del continente: Santo Domingo, Jamaica, Honduras, Costa Rica, Panamá. Siempre en su afán de reavivar la llama de la Revolución en Cuba.

A mediados del año 1880, se establece Maceo en Honduras, y se incorpora al ejército de dicho país. Un artículo periodístico del diario La Paz, de Tegucigalpa, publicado el 21 de septiembre, da cabal idea de la reputación que poseía el revolucionario cubano: «Un buen soldado. Desde el martes 20 del corriente, forma parte del ejército hondureño don José Antonio Maceo, con el grado de General de División. La fama adquirida por el general Maceo en la Revolución de Cuba es bien conocida en todo el mundo. Su valor, su moralidad y las grandes cualidades que posee para el arte de la guerra, lo elevaron al alto puesto que desempeño en la heroica contienda de la hermosa Antilla.» (2)

Destacada resultó su labor militar. Verdadero polígono de ensayo de tácticas y estrategias, que luego aplicó en los campos de Cuba: «Así, cuando desfilaba ante los curiosos que admiraban su gallarda postura de jinete, o el doble entorchado de oro de su uniforme de general de División, sonreía pensando que era aquello un anticipado espectáculo, del que un día vería Santiago de Cuba, la ciudad natal, cuando entrara en ella después de aplastar la tiranía española.» (3)

Fue también la década de los 80 el acercamiento de José Antonio Maceo Grajales a la figura de José Martí. En su primera carta al futuro Apóstol de la Independencia, le significa: “Mi espada y mi aliento están al servicio de Cuba […] siempre dispuesto a conceder el puesto al que con mejores condiciones que yo, pueda hacer la felicidad de Cuba.» (4)

Inmerso con Máximo Gómez en planes insurreccionales —que con posterioridad fracasarían— y desde suelo norteamericano, en específico, la sureña ciudad de New Orleans, deja ver su amor por Honduras: «La cultura y fraternidad de sus habitantes convida a disfrutar de sus naturales riquezas, que generosamente ofrecen a la explotación y al cultivo de su riquísimo suelo. Honduras abre al mundo sus puertos y el cielo hondureño, acogiendo a todos los hombres sin distinción de nacionalidades.» (5)

Mucho más pudiera decirse de su vocación solidaria. No obstante , sirva de colofón a este artículo un conocido fragmento de una carta suya, con fecha 1o. de julio de 1884: «Cuando Cuba sea independiente solicitaré del Gobierno que se constituya permiso para hacer la libertad de Puerto Rico, pues no me gustaría entregar la espada dejando esclava esa porción de América.» (6)

Mientras que el Che —el revolucionario argentino-cubano que dijo todo lo que pensó e hizo todo lo que dijo— inmortalizó su sentimiento internacionalista al decirle a Fidel, en su famosa carta de despedida, que otras tierras del mundo reclamaban el concurso de sus modestos esfuerzos.

Tanto para el santiaguero como para el rosarino vale entonces la frase de José Martí con la que termina su hermosa semblanza a Céspedes y Agramonte: «¡Esos son, Cuba, tus verdaderos hijos!»

REFERENCIAS
(1) José Luciano Franco: Antonio Maceo, apuntes para una historia de su vida, t I, pp. 191-192, Editorial de Ciencias Sociales, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1973.
(2) Obra citada, p. 222.
(3) Ídem, p. 229.
(4) Ídem, pp. 231-232.
(5) Ídem, p. 264.
(6) Ídem, p. 263.

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