SANTA CLARA, LA OTRA CIUDAD DE SAMUEL FEIJÓO

Samuel Feijoo, una amplia obra pictórica de profunda cubanía.
Asociado a sus andanzas por los campos de la región central de la isla, a su nacimiento en San Juan de los Yeras y a la casa cienfueguera que habitó hasta el fin de sus días, no puede olvidarse ahora, en medio del júbilo de sus habitantes ante la bien conquistada sede de la conmemoración central del Día de la Rebeldía Nacional, que Santa Clara, entre tantos y notables símbolos de su cultura, es también la ciudad de Samuel Feijóo.

Lo digo porque este hombre renacentista, que entendía la cultura como un espejo de totalidades para nada fragmentadas, dejó huellas imperecederas en esta urbe hacia la medianía del siglo pasado y contribuyó como pocos, en momentos difíciles, a echar al rastro la maldición del fatalismo geográfico que condenaba a toda actividad intelectual al margen de la capital a cargar con el irremediable fardo de la chatura provinciana.

Por Pedro de la Hoz

La obra pictórica de Samuel Feijóo resalta por sus valores artísticos.

Desde Santa Clara, exactamente desde la Universidad Central de Las Villas, Feijóo (1914-1992), desarrolló una labor editorial sumamente destacada. Suele tomarse como referencia a la revista Islas (1958-1968), prolongada en Signos, a partir de diciembre de 1969 y desde la Biblioteca Provincial José Martí. Pero junto a esas publicaciones periódicas originales e insólitas por un contenido que anudó los hallazgos de la cultura popular con los más vastos saberes, es bueno señalar cómo en su calidad de director del Departamento de Estudios Folclóricos y de Publicaciones de la UCLV, dio a conocer textos fundamentales de la literatura cubana, como Lo cubano en la poesía, de Cintio Vitier; e Idea de la estilística, de Roberto Fernández Retamar.

Al mismo tiempo animó a un grupo de pintores populares, entre los que cabe resaltar a Horacio Leyva, Aida Ida y Alberto Anido. A casa de este último en la calle Maceo, donde por décadas se respiró el aliento artístico bajo la mirada cómplice de Doña Luisa y las músicas y hermosas locuras de Freyda y Alberto, Samuel llegaba de noche con noticias tremebundas e historias colosales que solo terminaban con las luces del día.

Samuel acostumbraba a plantar campamento en el parque Vidal, cobijado bajo su eterno sombrero de hule y armado de libretas y lápices bastos. Escuchaba y anotaba lo humano y lo divino, cuentos reales e inventados, refranes y nombretes.

Después, entre Santa Clara y Cienfuegos, y en medio de sus saltos a La Habana, se las arreglaba para dibujar y pintar mientras urdía novelas sobre elefantes perdidos en cañaverales y trovadores errantes.

Quién sabe si un día de estos aparezca por el Puente de la Cruz o descienda de la Loma del Capiro con sus alforjas llenas de nuevas historias e imágenes para encandilar una ciudad que fue base de operaciones de su múltiple ingenio.

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Una respuesta a “SANTA CLARA, LA OTRA CIUDAD DE SAMUEL FEIJÓO

  1. Muy bello trabajo sobre el maestro.

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