LOS CUBANOS VENERAN HOY A LA VIRGEN DE LA CARIDAD

Durante el viaje Apostólico de Juan Pablo II a Cuba, efectuado entre el 21 y el 25 de enero de 1998, María Santísima de la Caridad del Cobre.Hoy 8 de septiembre los cubanos veneran especialmente a la Santísima Virgen de la Caridad, Patrona de Cuba, que en 2012 celebrará el cuarto centenario de su aparición, ocurrida cerca de la costa norte oriental en 1612. La Virgen de la Caridad del Cobre, es conocida también con otros nombres entre ellos: Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, Virgen Mambisa o Virgen Peregrina.

Su historia se remonta a inicios del siglo XVII. Según documentos escritos, la Virgen se apareció a tres indígenas, Juan Moreno, de 10 años de edad, y dos hermanos indios, Juan y Rodrigo de Hoyos, quienes fueron en una canoa en busca de sal. Cuando salían de Cayo Francés, en la Bahía de Nipe, observaron algo flotando en el mar. Al acercarse, vieron con asombro y alegría que se trataba de una imagen de la Virgen María sobre una tablilla donde se podía leer: “Yo Soy La Virgen de La Caridad”.

La peregrinación de la imagen de la Virgen de la Caridad, iniciada en Cuba el pasado 8 de agosto, abarcará a las comunidades, parroquias, pueblos y ciudades más importantes del país, y se extenderá hasta el 10 de diciembre de 2011.

El cronograma señala que en Santa Clara-Sancti Spíritus la imagen estará del 17 de abril al 11 de junio de 2011, y continuará por Cienfuegos-Trinidad (12 de junio-16 de julio), Matanzas (17 de julio-3 de septiembre), La Habana (4 de septiembre-1o. de octubre), Pinar del Río (2 de octubre-5 de noviembre), Ciudad Habana (6 de noviembre-10 de diciembre de 2011).

Seguidamente reproduzco un artículo del investigador y periodista Luis Machado Ordetx, escrito para la ocasión en su blog http://cubanosdekilates.blogia.com ,en el cual aporta nuevos datos sobre el poeta Emilio Ballagas, y un poema que dedicara a la Virgen de La Caridad.

BALLAGAS Y SU DEVOCIÓN POR LA VIRGEN DE LA CARIDAD

Por Luis Machado Ordetx

Ballagas [Camagüey, 1908-La Habana, 1954], es el poeta cubano que más cantó a la Virgen de la Caridad del Cobre. De eso nadie tiene dudas. Ahí está su libro Nuestra Señora del Mar (Fray Junípero, La Habana, 1943), un minúsculo cuaderno formado por  un soneto, diez décimas y unas liras finales, desde las cuales el escritor testimonia por medio de formas clásicas y estrofas cerradas para acercarse a las fuentes nutricias de lo popular y lo folklórico en el alma nacional.

Sintetiza un tropiezo con la condición cristiana del poeta; de pacto y deuda del creyente, y de especial devoción de la Virgen de la Caridad del Cobre. En esencia es  un tributo a nuestra idiosincrasia; como pleitesía por lo afrocubano desde el refinamiento del corpus de metáforas y de los moldes estróficos y estilísticos utilizados.

La narración se circunscribe desde la óptica personal del poeta. Es una visión hagiográfica, dijo el ensayista Cintio Vitier en la presentación la Obra Poética de Emilio Ballagas, publicada en 1955 por la imprenta habanera Úcar García, y recordaba ese estudioso que: «[…] Después de su temporada en el infierno de lo oscuro, lo cósmico y lo fascinante; después de atravesar lo morado y la ceniza, vuelve Ballagas a encontrar su palabra blanca, pero no ya de olvido, sino de humildad y rendimiento: el blanco de sal que recogieron los pescadores en cuya canoa entró la Virgen…»

Años después, en Lo Cubano en la Poesía, conferencias que recogió en 1958 el Departamento de Relaciones Culturales de la Universidad Central de Las Villas a instancias de Samuel Feijóo, el ensayista Vitier advirtió que: «[…] Ballagas se acercó —con aquellas ingenua simpatía suya por todas las creencias y supersticiones de su pueblo, que lo hizo acentuar, por ejemplo, en las graciosas estampas espiritistas o de “santería”—, a las devociones católicas populares. De ahí salieron sus levísimas, aéreas décimas a Nuestra Señora del mar, inspiradas en la imagen de la Caridad del Cobre, patrona de la isla…»

Al menos, así lo observa Vitier y otros ensayistas cubanos al evaluar el poemario Nuestra Señora del Mar (1943). Unos y otros manifiestan los valores estilísticos; los hallazgos formales; la cercanía hacia lo propio y el dominio de la décima desde una visión testimonial; de creyente; de apego a lo popular, y de visión cristiana.
Más allá de esas determinaciones, hay certezas del goce que tenía Ballagas hacia la comprensión y las prácticas —formales o no— de los cultos sincréticos, en particular de la Regla de Ocha.

Entonces, ¿por qué razón Ballagas nombraría al apartamento que alquiló en Santa Clara, entre 1938-1948, como Villa Oshún? ¿Habría alguna “deuda” religiosa en el poeta que lo acercara hacia la devoción popular de la Virgen de la Caridad del Cobre?

De 1933 a 1948 el poeta camagüeyano ejerció la docencia en la Escuela Normal de Maestros de Santa Clara; y desde que alquiló el apartamento número 6, en los altos del antiguo edificio «Núñez», ubicado en Marta Abreu y Carretera Central, en esa ciudad del centro de Cuba, lo nombró Villa “Oshún”. Así aparece la reiterada referencia en las cartas que cursa con el declamador villaclareño Severo Bernal Ruiz.

En ese extenso epistolario, completamente inédito y revisado durante 1989 antes que falleciera Bernal Ruiz, el poeta Ballagas hace reiteradas alusiones a Oshun, deidad del panteón lucumí adorada por los cubanos, quines la sincretizan con La Virgen de la Caridad del Cobre —del santoral católico—. Alude el escritor a los señoríos del amor, la feminidad y el río encarnados por Oshún; una divinidad que tiene en la miel de abeja su arma más poderosa.

En los atributos de Oshún se localizan el abanico de sándalo o el confeccionado con pluma de pavo real, así como el gusto por las conchas,  joyas, corales marinos, sábanas, paños bordados y todo objeto propio del tocador femenino. En sus collares abundan las cuentas amarillas o de color ámbar; rojas y verde esmeralda; y por flores prefiere a los girasoles, el guacamayo o el botón de oro.

En 1915, recoge la historia, los cubanos solicitaron al Papa Benedicto xv que consagrara a la Virgen de la Caridad del Cobre como Patrona. Un año después se hizo la proclamación, y en 1936 la coronación. En la Isla, y también en los naturales de esta tierra que residen en el extranjero, la adoran cada 8 de septiembre. En Santa Clara, Marta Abreu de Estévez, la Benefactora, fundó el teatro «La Caridad», vetusta edificación cultural, un día como ese, en 1885, en honor a la Santísima Virgen del Cobre.

Sin embargo,  Ballagas retoca el reconocimiento a los cultos sincrético, al santoral católico, y la tradición cubana desde el instante en que abordó su Cuaderno de poesía negra (Santa Clara, 1934), fecha en que emprendió traducciones y compilaciones de autores representativos de esa temática en el contexto angloamericano; a la par, extrapoló la fidelidad al nombrar a su apartamento, en plano de familiaridad, Villa Oshún, tal como suscribe en sus correspondencias.

No olvidemos que, en este correlato, la sección «La virgen anda sobre las aguas», parte correspondiente al «Ofrecimiento del poema», Ballagas utiliza  el sustantivo “río” —más allá de búsqueda de la rima exterior del octosílabo—, cuando en realidad son los practicantes de la denominada Regla de Ocha, la santería, los que aluden al asentamiento y refugio de Oshún en esas aguas (apareció, según la tradición, en la desembocadura y nacimiento de la bahía de Nipe); mientras los católicos  sitúan el hallazgo de la Virgen de la Caridad del Cobre en la turbulencia del mar y el encuentro con los pescadores.

Ofrecimiento del poema
«Quiero tomar un asiento
en tu preciosa canoa».
(De un loor anónimo)

Déjame tomar asiento
En tu preciosa canoa
Y poner al cielo proa
Navegando por el viento.
Muévete el Divino Aliento
Con su poderoso brío.
Éntrame en tu claro río
Y súbeme a los alcores
Donde ángeles ruiseñores
Abren las alas al pío.

Era como un reencuentro del poeta con las esencias y metros populares; una mirada testimonial del creyente; una plegaria. Casi al salir el libro de Ballagas en la imprenta habanera, el declamador Severo Bernal Ruiz escribió en el periódico La Publicidad, en Santa Clara: «Si mucho admiramos a Ballagas por su extensa y provechosa labor literaria, esta admiración crece ante su gesto valiente de reafirmar ante el mundo entero su sentimiento de católico ferviente […], como quien vive un gran rato en la calma de Dios, leyendo este tierno manojito de décimas, que precede un hermoso “Soneto de los Nombres de María”, y deja embriagado el espíritu de las liras de la imagen».

No en balde, el texto de Ballagas, forma parte de esa “deuda” propia de un poeta, también de un creyente católico con la Virgen de la Caridad de Cobre, y con Oshún, una deidad que enaltece la estirpe religiosa de los cubanos en su andar por este mundo.

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