AJUSTES EN LA ECONOMÍA CUBANA

Como el acertijo de la gallina y el huevo, salarios pobres por pobres rendimientos… o un pobre rendimiento por un salario pobre.La economía cubana no podrá despegar nunca, con firmeza y estabilidad, mientras arrastre deformaciones laborales y el peso muerto de miles de millones de pesos gastados en salarios, cada año, a cambio de un magro aporte social. Las plantillas infladas generan una pésima relación entre productividad y salario y se convierten, como consecuencia más visible, en barrera para mejorar los bajos jornales del trabajador. Como el acertijo de la gallina y el huevo, salarios pobres por pobres rendimientos… o un pobre rendimiento por un salario pobre.

Pero los excesos de personal son, apenas, el iceberg de otro mal, más agudo y lamentable: el deficiente empleo, en unas empresas y centros presupuestados más que en otros, del recurso más valioso con que cuenta hoy Cuba: el capital humano tesoneramente formado en más de medio siglo de Revolución.

Por ARIEL TERRERO
Revista Bohemia

VIEJA DEUDA

No es primera vez que la sociedad cubana se propone salir de tamaño atolladero. De manera reiterada, discursos, estudios y agendas han denunciado sus graves implicaciones económicas y políticas. Pero la oposición al exceso de personal suele quedar solo en la letra, por más que constituye uno de los problemas más opresivos que arrastra la economía desde hace décadas.

En la segunda mitad de los años 80 del pasado siglo, el proceso de rectificación de errores y tendencias negativas apuntó contra las plantillas infladas y otros males afines, como los pagos indebidos y manifestaciones corrosivas de indisciplina laboral.

Probablemente fue el ataque más duro contra ese cáncer de la economía. Pero la operación abortó. La grave crisis que a inicios de los 90 condujo al período especial impuso al país otra prioridad política: resistir.

Pese al vigor de las críticas en las asambleas públicas de aquel proceso, me pregunto si la nación estaría preparada en los 80 para romper con dogmas de paternalismo estatal e igualitarismo social, que han hecho del empleo una responsabilidad casi absoluta del Estado, sin mediar el deber del propio trabajador. No estoy seguro. El cambio es traumático. Trasciende la mera organización del trabajo y los estimados actuales de un millón de plazas sobrantes en el sector estatal, tienen que ver, además, con hábitos, conceptos y psicología laboral de todos, con ingresos, nivel de vida, estructuras económicas y también con maneras de entender el socialismo, muchas veces carentes de adecuado fundamento o, cuando menos, desactualizadas.

A ese desafío nos enfrentamos hoy, de nuevo. Sin más alternativas.

La economía cubana no podrá despegar nunca, con firmeza y estabilidad, mientras arrastre deformaciones laborales y el peso muerto de miles de millones de pesos gastados en salarios, cada año, a cambio de un magro aporte social. Las plantillas infladas generan una pésima relación entre productividad y salario y se convierten, como consecuencia más visible, en barrera para mejorar los bajos jornales del trabajador. Como el acertijo de la gallina y el huevo, salarios pobres por pobres rendimientos… o un pobre rendimiento por un salario pobre.

Pero los excesos de personal son, apenas, el iceberg de otro mal, más agudo y lamentable: el deficiente empleo, en unas empresas y centros presupuestados más que en otros, del recurso más valioso con que cuenta hoy Cuba: el capital humano tesoneramente formado en más de medio siglo de Revolución.

A pesar de la magnitud del ajuste en la política de empleo y la consiguiente propuesta de reubicar, en una primera etapa, a medio millón de trabajadores del sector estatal, creo que existe consenso nacional en relación con la necesidad del cambio. El Estado no puede seguir cargando a solas, a costa del deterioro de la eficiencia económica, con ambiciones de pleno empleo y con el financiamiento de cuanto timbiriche respira en el país. La economía, debilitada ya por una tensa combinación de factores internos y externos, no lo soporta.

La transformación del escenario laboral va de la mano de una serie de reformas económicas que sobrepasan a la política de empleo e implican una reformulación estructural definida como actualización del modelo económico cubano. Algunos cambios asomaron hace algunos años —nuevas normas de pago por resultados en las empresas y la entrega de tierras en usufructo, por citar dos—; otros entran o entrarán en escena para crear alternativas de empleo no estatal: ampliación del trabajo por cuenta propia, arrendamiento de locales y medios, creación de cooperativas fuera del mundo rural, ajustes de la política tributaria.

Y son —me atrevo a pensar— apenas una muestra de todos los cambios que la economía cubana irá introduciendo gradualmente, pero sin vacilaciones, en el futuro inmediato. El sistema bancario, por ejemplo, requiere de modificaciones que faciliten la supervivencia de las nuevas opciones de empleo privado que se abrirán paso masivamente. Y el sector estatal, a su vez, necesita de ajustes profundos que garanticen esa eficiencia tras la cual anda, con tino escurridizo, desde los años 60. Es la garantía para saldar una vieja deuda, proscribir definitivamente el mal de las plantillas infladas, devolver el trabajo —y el salario— al puesto de honor y que la empresa estatal socialista siga siendo el puntal principal, merecido de una vez, de la economía cubana.

Fuente: Revista Bohemia

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2 Respuestas a “AJUSTES EN LA ECONOMÍA CUBANA

  1. Eberto Morgado Morales

    Magnífico . Hay que avanzar, sin miedo, hacia formas más avanzadas de nuestro socialismo, haciéndolo más participativo y democrático. Romper los moldes estrechos de tantas prohibiciones y y restricciones absurdas, como la carta de invitación y el permiso de salida, la prohibición de las clases particulares y de la renta de carros. Es abrirnos, sin abandonar las concepciones socialistas, hacia formas más eficientes de producción y servicios. DEl capitalismo, a pesar de sus prodedumbres, la eficiencia, y del socialismo lo humano. Adelante.

  2. El socialismo tiene muchos amigos fuera de Cuba , cuando daran mejores oportunidades a pequeños empresarios de otos paises que simpatazan con la revolución, me encantaria iniciar una cooperativa en Cuba, mi esposa es Cubana.
    Buen artículo.

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