LA CAMPANA DE LA DEMAJAGUA NO HA CESADO DE TOCAR

En la combinación gráfica, el joven Fidel Castro aparece junto a la campana original del ingenio La Demajagua. De fondo, el monumento actual que recuerda el alzamiento de Carlos Manuel de Céspedes.
El último sobreviviente del 10 de octubre de 1868 fue testigo excepcional  del acontecimiento. A él correspondió tañer la campana que llamó a los cubanos para la «Guerra Grande» Prácticamente inédito, este relato del coronel Miguel García Pavón ofrece una óptica distinta a la presentada por otros autores sobre el alzamiento de Céspedes en «La Demajagua».

Miguel García Pavón, sobreviviente del 10 de Octubre de 1868.
Acerca del tema, centenares de artículos con la firma de prestigiosos historiados e investigadores, nutren páginas de no menos ilustrados periódicos y revistas. También proliferan las crónicas y, en menor cuantía, los testimonios ofrecidos por sobrevivientes de La Demajagua.

Sin embargo, poco o casi nada se ha escrito al respecto a partir de la visión del coronel  Miguel García Pavón, el cubano designado por Céspedes para tocar la campana que llamó a la sublevación.

Nacido en Bayamo, en 1839, cuando  murió —ya en plena República— era el último sobreviviente de los sublevados. No participó en la Guerra del 95, y su grado militar no aparece precisado en el escalafón del Ejército Libertador.

Por Mercedes Rodríguez García (Blog: La Tecla con Café)

En su relato «Ofrenda de Cariño» reflexiona sobre la situación económico-social de Cuba hacia 1868, la toma de conciencia de los patricios iniciadores de la lucha; y la concepción del diseño de la bandera de Céspedes, sus principales características, colores y valor simbólico de la estrella solitaria.

García Pavón describe los momentos previos al alzamiento, la respuesta de Céspedes al telegrama del gobernador Francisco Lersundi, recibido en su ingenio el 9 de octubre,  y en el que ordenaba apresar a los conspiradores, y causa por la que Céspedes decidiera   adelantar el alzamiento independentista para el día siguiente, en Oriente. El 4 de noviembre, Camagüey;  el 12, La Habana, y Las Villas, el 7 de febrero.

Acerca de la cantidad de hombres que se reunieron el día 10 de octubre en el ingenio Demajagua, llamado comúnmente «La Demajagua» —según la interpretación del pintor cubano Domingo Ramos— algunos historiadores hablan de hasta 500 hombres, a partir  quizá del informe realizado por el insigne patricio manzanillero Bartolomé Masó. Según García Pavón:

«El crepúsculo vespertino extinguía sus últimos destellos de luz, cuando terminábamos los preparativos de marcha para ir a pernoctar en San Francisco, el día 9 de Octubre de 1868 […] El toque de campana de La Demajagua vibra en nuestros oídos como clarín de guerra: acudimos a dicha llamada los treinta y cinco legionarios que allí quedábamos, pues los demás compatriotas habían salido en comisión por los barrios de Manzanillo y parte de Bayazo.»

Sobre la hidalguía de Céspedes, la forma emocionada con la cual le habló a los presentes, refiere:

«De porte distinguido, nos habla sobre los grandes beneficios que disfrutan las naciones libres, donde rigen los sagrados derechos del hombre  que podemos conquistar empuñando las armas, ya que el país lo quiere y no faltarán rifles que traerán las expediciones. Luego que terminó su discurso […] exclamamos: ¡Independencia o Muerte! ¡Viva Cuba Libre!»

Acerca de ambas consignas García Pavón cuenta que surgieron «La primera como un compromiso de  los masones  implicados  en la acción libertaria,  y  la  segunda, como  una forma para identificación a las tropas amigas y reconocer las enemigas. Pero con el decursar del tiempo, la toma de conciencia del concepto de patria por los mambises, las convirtió en principios inalienables del pueblo cubano.»

En «Ofrenda de Cariño», el último sobreviviente del 10 de octubre de 1868,  detalla el instante cuando los hermanos Marcano se unen a las fuerzas de Céspedes. Momento que evidencia la solidaridad de los combatientes dominicanos:

«Con cincuenta hombres nos reunimos Rafael Izaguirre Pavón y yo al General Luis Marcano, quien con sus hermanos Francisco y Félix —los tres naturales de Santo Domingo— venían de más arriba, al frente de trescientos hombres, ¡qué júbilo!,  ¡qué entusiasmo!, ¡qué confraternidad! entre dominicanos y cubanos. ¡Viva Cuba Libre! resonó también por aquellos confines donde brotaba la simiente de nuestra propaganda eficiente y afortunada.»

Del ataque a Yara, García Pavón anota: «Al llegar a Yara encontramos las fuerzas de Carlos Manuel intrincadas en feroz lucha con otra española, que llegó poco antes por el Este de Bayamo, para auxiliar a Manzanillo; y se parapetó en los mejores edificios para defenderse […] La llegada a tiempo del General Marcano, fue oportunísima. Él pensó con serenidad de juicio y dijo: hay que suspender el ataque, ya hay gentes dispersas que hay que recogerlas; el sacrificio por el momento es innecesario y habrá muchas desgracias lamentables […]»

Las primeras horas vividas por los cubanos después del alzamiento del 10 de octubre en La Demajagua, sus sentimientos personales, patrióticos y la intervención de personalidades como las de Bartolomé Masó, Luis Marcano y el propio García Pavón, son importantes, pero poco conocidas a través de documentos y fuentes originales.

A mi juicio, la Historia yace repleta de interpretaciones y análisis muy particulares, útiles en las diferencias y necesarios para todos. A todas debemos acudir y confrontar. Sin embargo, el valor de las que acabo de abordar me posibilitó analizar, comparar, contraponer criterios desde una óptica diferente. Mucho más emotiva y humanizada.

No es mi intención polemizar. Tampoco  imponer mis pareceres. Lo importante, lo que a nadie se le ocurriría negar es su carácter anticolonialista, antiesclavista y de liberación nacional;  que La Guerra de los Diez Años —o como se le conoce también Guerra Grande (1868-1878)—, constituye uno de los hechos más relevantes y de mayor trascendencia en la historia de Cuba. Ella dio a la lucha por la total independencia, el inicio de una revolución que se prolongaría casi cien años.

El 10 de Octubre de 1868 constituyó el motor impulsor que transmitió la suficiente energía a los posteriores levantamientos de Oriente, Camagüey y Las Villas. Posibilitó, además, que por primera vez blancos y negros compartieran ideales y sacrificios; que cientos y miles de esclavos fueran liberados por sus propios amos o por los patriotas insurrectos; que gente de pueblo compartiera honores y responsabilidades en un plano de igualdad con los de la clase rica.

Y no tengo duda, la campana de «La Demajagua» —otrora tañida por el coronel  Miguel García Pavón— continúa llamando a rebato y acompañando  a los cubano en sus aspiraciones actuales de defender lo conquistado, como expresión de la voluntad de un pueblo en aras de perfeccionar lo realizado y en marcha indetenible hacia una sociedad superior.

Fuente bibliográfica:
Bohemia, 65 (19), 11 de mayo de 1973.
García Pavón, Miguel: «Ofrenda de cariño». 14 de julio de 1923. Ciudad de la Habana, referenciado por el Lic. Pedro Bárbaro Caymari Díaz. Universidad de  Ciencias Pedagógicas Blas Roca Calderío, Granma.
Guerra, Ramiro: Manual de Historia de Cuba desde el descubrimiento hasta 1868. Segunda Parte, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1987.

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