LA COCINA CUBANA: DOS ARISTAS DE UN MISMO PROBLEMA

La reparación de las olloas y las cocinas eléctricas está entre las mayores urgencias de la población.Las páginas del periódico Granma del viernes 8 mostraban dos caras —casi podríamos decir, opuestas— de un mismo tema: los electrodomésticos en la Revolución Energética en Cuba. Por un lado, un periodista sustentaba el punto de vista de quienes vendieron a la población el llamado módulo de cocción, donde se incluyeron cocina y ollas eléctricas, las cuales dieron un vuelco drástico a la actividad en esa parte del hogar, otrora dependiente del keroseno y el gas. Seguidamente, en otra página, un usuario se quejaba de la actual falta de piezas de repuesto y componentes para estos equipos, lo cual, poco a poco, ha convertido este diario quehacer doméstico en un verdadero rompecabezas para la familia cubana.

Así, el periodista analizaba un problema que sigue gravitando sobre la economía del país: el impago de los electrodomésticos, vendidos a toda la población a precios relativamente módicos en comparación con sus costos en divisas. En el artículo se refiere en términos numéricos a una provincia, pero es similar en el resto, y sus resultados se multiplican a nivel de país, incluido el territorio de la Isla de la Juventud:

“Datos analizados durante un examen de asuntos económicos consignan que todavía en Las Tunas faltan por cobrar 38 millones de pesos, entre módulos de cocción de alimentos, televisores, refrigeradores, aires acondicionados y otros equipos pendientes de pago.

“¿Dónde están esos 38 millones? Al menos en este instante nadie podría precisarlo con exactitud. Consideraciones en torno a ese nocivo e inaceptable fenómeno remiten una buena cuota del monto total a la ingratitud de bolsillos que no han abonado lo que deben, empleados que recibieron el pago por parte de los usuarios y no depositaron después, fisuras en el control, insensibilidad.

Y finaliza el comentario: “Es una realidad que, en medio de muy sanos propósitos, durante la entrega de esos equipos las aguas del río se revolvieron por insuficiencias de organización y de control. Pero esa turbulencia no le da derecho a nadie, ni debe constituir pretexto para que haya quienes eludan el pago, violen impunemente lo establecido y se conviertan en “pescadores de ganancias” personales en detrimento de un Estado que no es abstracto ni ajeno, sino la suma de cada uno de nosotros mismos, con todo lo que tenemos, más lo que seamos capaces de mantener y de aportar”.

(http://www.granma.cubaweb.cu/2010/10/08/nacional/artic03.html)

Y ¿qué sucede en el lado opuesto?… el del consumidor, con las cocinas, las lámparas fluorescentes, las ollas arroceras y las “frijoleras”, muchas de ellas desactivadas ya, por no encontrar por ninguna parte la vía para arreglarlas o sustituir sus componentes dañados o gastados.

Un lector lo resumía así:

“… Las familias se reajustaron y adaptaron al consumo eléctrico necesario para la cocción de alimentos, pero con el tiempo nos vamos enfrentando con la falta de piezas y componentes para la reparación de los equipos eléctricos. Por ejemplo, la resistencia de la hornilla.” Y aunque el cliente no lo menciona, también se suma a esta problemática la olla marca Reina, de procedencia china, cuyos componentes están ausentes o son altamente deficitarios en los talleres de reparación.

“Otro paso de avance fue el cambio de los bombillos incandescentes por lámparas de luz fría de 18 W, pero ¿dónde están los tubos para la reposición de los que se funden?, cuando los sacan al mercado (en pocas ocasiones) los compran los revendedores que piden por ellos el doble de lo que les costó en la tienda.

“En los hogares se va acumulando un grupo de necesidades difíciles de enfrentar de esa manera. Hay que seguir hablando de ahorro y eficiencia, pero hay que ocuparse de los aseguramientos para lograrlo.

“El cubano no se deja vencer tan fácil, en cualquier momento las casas estarán llenas de artefactos rudimentarios que no serán eficientes, serían más gastadores, pero les quitan el dolor de cabeza de cómo resolver los problemas”.

http://granma.co.cu/secciones/cartas-direccion/cart-132.html

No me cabe la menor duda, si queremos que los objetivos de la Revolución Energética, referidos al consumo de electricidad en el hogar sigan consolidándose, los deudores deberán ajustarse a aquel refrán: “Toma chocolate, paga lo que debes”… así las instituciones estatales que invirtieron recursos en la compra de esos electrodomésticos, recuperarán lo suyo y podrán, quizás, reinvertir para aumentar los niveles actuales de venta y reparación.

De la otra parte, cuando se vende un producto, existe un compromiso tácito con el consumidor de ocuparse del servicio y los suministros de piezas de repuestos y componentes para ellos. En el caso de la cocina, una obligación ineludible, pues la cocción de los alimentos es una necesidad de primer orden desde la existencia misma del hombre. También se le añade la necesidad del país de lograr eficiencia y racionalidad en el consumo eléctrico en esa parte del hogar.

Cada cual a cumplir su tarea y obligaciones, y seguramente todos saldremos ganando: acreedores y consumidores.

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