UN BESTIARIO A LA MANERA DE RENÉ BATISTA

Presentación del libro de El libro La fiesta del tocororo, de René Batista Moreno, fue presentado en el Centro de Estudios Martianos, durante la Feria de La Habana, con estas palabras de la ivestigadora Dulcila Cañizares, amiga del escritor fallecido recientemente en su natal Camajuaní, provincia de Villa Clara. Allí también, Alejandro Batista reveló detalles del proceso de creación de esta obra, que su padre comenzó a gestar a partir de un volumen anterior publicado por la editorial Capiro, Cuentos de guajiros para pasar la noche.

Los lectores villaclareños tendrán acceso a estas obras cuando la semana próxima la fiesta del libro se traslade a Santa Clara.

UN LIBRO INUSITADO Y SORPRENDENTE: EL PRIMER BESTIARIO CUBANO

Por Dulcila Cañizares

Gracias al Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau tenemos el honor de presentar un libro inusitado y sorprendente: el primer bestiario cubano.
Sabemos de jigües, güijes y madres de agua, pero confieso que jamás había escuchado mencionar al cabraco, al surugú, al cucubá, al makariaco ni al júa, por sólo nombrar algunos de los ciento veinticinco seres surgidos de la imaginaría rural, cuyo inicio tuvo lugar —conservados gracias a nuestra oralidad popular— en la época de los conquistadores.

Hace ocho años, este investigador manifestó, respecto al folclor campesino, que

«Para nadie es un secreto que en la actualidad goza de gran difusión el folclor afrocubano; parece que tiene mucha demanda, o mejores perspectivas económicas. Pero eso no quiere decir que el “otro folclor” haya muerto, pues lo que ocurre es que se ha movido del campo a la ciudad, en lógica reorientación, dada la insoslayable realidad de que ahora más de un 80 % de la población cubana vive en áreas urbanas. Entonces el folclor campesino hay que buscarlo en la ciudad».

Y tuvo mucha razón, pues el éxodo hacia las ciudades ha sido notable.
En este libro, además, encontramos la riqueza sobresaliente del testimonio de la más valiosa muestra de topónimos aborígenes —por ejemplo, Taguayabón, Manajanabo, Jibacoa, Jinaguayabo, Caonao, Barajagua—, sólo encontrados en obras especializadas, y me aventuro a creer que el escritor no se percató de este legado, por lo que es triste que haya olvidado señalar la ubicación geográfica de muchos de sus informantes, de los que sólo nos menciona los nombres de las fincas en las que vivían, pues, con seguridad, la evidencia de topónimos aborígenes hubiera sido aún mayor. La fiesta del tocororo no sólo será un festejo para nuestra ave nacional, sino para los que tengan la oportunidad de disfrutar de su lectura.

Su autor, René Batista Moreno, nació en una finca cercana a Camajuaní y, desde pequeño, ayudó en las labores agrícolas, pero las noches tenían un significado especial que marcó para siempre el futuro de este campesino impar: después de las comidas, la familia se reunía a la luz del habitual quinqué alrededor del abuelo, que recostaba su taburete contra un horcón y empezaba la sesión de remembranzas de chistes, mitos, dicharachos, leyendas, décimas, costumbres, adivinanzas, tradiciones, refranes y cuentos de asesinatos y aparecidos. El niño René escuchaba aquellas historias fantasmales aterrorizado, pero fascinado. Nunca las olvidó…

Cuando tenía doce años sus padres se mudaron para Camajuaní y René empezó a estudiar en una escuelita del pueblo, pero la carencia monetaria familiar lo obligó, muy pronto, a buscar algunas monedas para que sus padres y hermanos no carecieran de lo más necesario para subsistir, y fue ayudante de un carnicero y de un carpintero, y luego, cuando era un jovencito, fue gastronómico hasta el momento de su jubilación. Pero antes y después de casarse con María López —su María de siempre—, René doblaba una libreta escolar y la colocaba en el bolsillo posterior del pantalón, ponía un par de lápices en el bolsillo de la camisa y echaba a andar por trillos y vereditas, sabanas y lomas, atravesaba montes y le caían inesperados aguaceros tropicales, pero nada lo detenía en su búsqueda de las joyas que buscaba, todavía sin saber a ciencia cierta para qué las atesoraba.

Un día conoció a Samuel Feijóo —fabuloso y reconocido explorador de las mismas reliquias—, se hicieron amigos y anduvieron juntos por los vericuetos de la antigua provincia de Las Villas, que Batista Moreno conocía como a las palmas de sus manos. Más tarde, René se desplazó hacia las regiones occidental y oriental de la isla para aumentar sus investigaciones.

Los años continuaron hasta que en la década de los sesenta empezó a colaborar en el periódico santaclareño Vanguardia y en 1967 fundó la revista Hogaño. Al jubilarse se dedicó por entero a la literatura, aunque, mientras trabajaba como cajero en la gastronomía, en los momentos en los que no tenía maniobrar con monedas de ida y vuelta, leía, leía, leía…
Batista Moreno fue un hombre modesto, dicharachero, amigo excepcional, investigador incansable, presuntuoso de ser guajiro hasta la médula y también gran fabulador, con una capacidad para inventar que disfrutamos sus amigos, y hasta era muy posible que en algunos momentos no pudiéramos saber si lo que nos decía eran verdades o mentiras, para hacernos reír, aunque también, por supuesto, decía frases lapidarias, como cuando comentó que “…mientras haya pueblo, y en el pueblo, imaginación, habrá cultura popular”.

Este camajuanense obtuvo los premios Julián del Casal, en 1971; Ser Fiel, en 2005, y la Distinción por la Cultura Nacional, en 2006. Batista Moreno legó para nuestra cultura obras de incalculable valor folclórico, como Ese palo tiene jutía, Los bueyes del tiempo ocre, Fieras broncas entre chivos y sapos, Limendoux. Leyenda y realidad y Éditos e inéditos, entre muchos otros, además de Cuentos de guajiros para pasar la noche, fuente inspiradora de La fiesta del tocororo.

Hoy, René, te rendimos otro homenaje, al ofrecerle a los lectores tu libro que fue Premio Memoria 2010, pero es un agasajo muy especial, porque en esta hora muchos de tus amigos estamos presentes y tengo a mi lado a tu único hijo, diligente y solícito albacea de tus creaciones publicadas e inéditas, obras que permanecerán vigentes, pues forman parte del patrimonio cultural cubano.

Muchas gracias.

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Una respuesta a “UN BESTIARIO A LA MANERA DE RENÉ BATISTA

  1. Muy hermoso trabajo de nuestro René Batista, ymuy buena noticia saber que sus libros siguen.
    JC Recio
    NY

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