EDELMIS ANOCETO: LA PRISA NO CONDUCE AL PARNASO

Edelmis Anoceto Vega, poeta, crítico, traductor y editor.Desde que conocí a Edelmis Anoceto (Poeta, crítico, traductor literario y editor), casi siempre hemos hablado de esas cosas triviales que nos acercan a la vida, a toda esa vida terrenal que nos hace más humanos, comunes. De vez en cuando nos hemos referido superficialmente al acontecer actual de la cultura en general, siempre sin adentrarnos demasiado en temas que pudieran provocar una discusión interesante o comprometedora. Hoy me acerco a él diferente: con intención mayor, con la pesquisa de conocer su carne propia. Me aproximo ante este gran bardo y una de las principales figuras de la nueva poesía cubana actual. Me acerco menos familiar, como alquien que quiere conocer a fondo otra esencia, descubrir el paisaje interior de este ser es lo ideal, desde el punto de vista –claro está- con que se puede mirar a un poeta.

Los dejo con una entrevista desde una ciudad en el centro de Cuba llamada Santa Clara y con un poeta que nos dice que LA PRISA NO CONDUCE AL PARNASO.

Por Gélico
Tomado de Cañasanta

¿Qué es poesía o cuál es tu definición de ella?

-Lo que distingue a la obra artística del resto de las obras creadas por el hombre es precisamente que esta contiene poesía. Eso que hace que una obra sea entendida, asumida o apreciada como artística es sin duda su contenido poético.

Partiendo de esto puede asociarse la noción poesía con la noción belleza, y aquí entra la eterna cuestión de la subjetividad: ¿qué es lo bello o poético?, ¿algo que se asocia al bien, a la virtud, al conocimiento?, ¿un destino?, ¿desprendimiento?, ¿frugalidad?, ¿ambición?, ¿armonía?, ¿movimiento del espíritu?, ¿hallazgo?, ¿extrañeza?, ¿sobrecogimiento?, ¿salvación?, ¿un acto de libertad individual?, ¿mera creación por la creación?, ¿escape?, ¿diatriba?, ¿rebeldía?, ¿libertad?, ¿trance?, ¿experiencia?, ¿nupcias?, ¿coito?, ¿inconciencia?, ¿retórica?, ¿exaltación?, ¿catarsis?, ¿labor?, ¿artesanía?, ¿Dios?, ¿nacimiento y muerte?, ¿viaje?, ¿origen? En contraposición a todo aquello que el hombre ha logrado más o menos definir en su afán conquistador de la naturaleza, la poesía es aquello que, por suerte, se nos indefine. Ah, que tú escapes, diría Lezama .

Poesía es también, en otro plano digamos más terrenal, un género literario, así establecido desde la poética aristotélica. El hombre capta la realidad y la vierte en palabras, discurre sobre su propio ser y su relación con el medio, la historia, la tradición, cuestiona el mundo, la vida y la humanidad, descubre sus verdades íntimas, pero, y esto es definitorio, su modo de expresión no es sin embargo semejante al lenguaje común y directo, no se expresa de la manera más diáfana mediante el coloquio empleado por sus iguales, sino que busca, y halla, un decir singular y propio de sí, crea su lenguaje personal, toma el camino menos recto para decir las cosas: es un poeta. En ese sentido la poesía es aquello que tenemos dentro y que podemos expresar libremente, aunque no de manera ordinaria, sino a través de esa salida de emergencia que es el poema. Es un yo más yo que yo mismo, diría Vitier .

Podemos estrechar un poco más el cerco. La lectura de un texto poético es un acto complejo sobremanera. El poema es, en principio, un sistema de signos: sonidos, ritmos, metros, rimas, palabras, frases, versos, estrofas, silencios, cesuras… los cuales en su especificidad, y en sus combinaciones, acuerdos íntimos, denotaciones y connotaciones, hacen que ese sea tal poema en particular. Ahora, estos signos pueden o no activarse en el momento de la lectura, o sea, pueden adquirir un valor estético; una metáfora, por ejemplo, puede realizarse.  Cuando esto no sucede el signo «queda» allí inactivo y entonces se suele hablar en los talleres de elementos gratuitos o forzados por el autor en el poema, lo que entraña también una gran subjetividad y relatividad. Pero es que nada hay más subjetivo que un poema.

La poesía se realiza en esa operación que va desde los signos en el poema hasta su activación por parte del lector, según su experiencia, sensibilidad y cultura, produciendo en este una conmoción del espíritu. Podríamos atrevernos a sintetizar que la poesía es un proceso que va desde lo material (en el poema) hasta lo espiritual (en el lector).

¿Crees que escribir poesía es una selección divina, solo para algunos?

-El no creer en la divinidad me hace descartar la posibilidad de que algún poeta haya sido tocado por la gracia divina. Todos los seres humanos tienen la capacidad de expresarse. Lo que sucede es que algunos son muy curiosos, hábiles para la observación y tienen además gran pericia para decir aquello que observan. Algunos lo hacen hasta con arte, esos son los poetas. Pero la poesía no es meramente el arte de la buena expresión —eso es retórica—, lo expresado debe encerrar también una manera otra y nueva, peculiar, de ver el mundo, encerrar una verdad que nos resulte inquietante, un misterio. Lo que está dado «solo para algunos» es la combinación de una captación audaz de la realidad y destreza para verterla en palabras, o en colores y formas, o en sonidos…

¿Consideras que la poesía es de esencia interna o una forma de trabajo íntimo para un colectivo?

-Hay cosas que no deben confundirse. Como decía, la poesía sucede en el espíritu, y el espíritu es del ser individual. Considero que, por lo menos en cuanto a poesía, no existen los espíritus colectivos ni totalitarios, aunque sí tendencias epocales, escuelas, modas… Los intentos de «colectivizar» la poesía obedecen a esfuerzos coyunturales y hasta oportunistas que nada tienen que ver con las esencias de la poesía y de los cuales esta ha prescindido siempre. La poesía no es un instrumento, sino un fin. Los poetas verdaderos no viven de, para o desde la poesía, viven simplemente en ella.

En poesía ni se triunfa ni se fracasa; ni se escalan peldaños ni se rompen récords. Todo logro que no sea del poeta con su obra es superfluo. Una cosa es la poesía y otra la vida literaria y el deporte, la masificación —palabra que estuvo de moda en los predios cubanos.

¿Cuáles son tus voces preferidas dentro de la poética actual y por qué?

-En los últimos tiempos no leo muchos poemarios.  Como en todas latitudes, en Cuba se publica también mucha poesía que no merece atención, no es un fenómeno privativo de mi país como suele pensarse aquí. Lo que sucede es que nosotros nos hacemos creer que nuestra política editorial en ese sentido es infalible, por altruista y «bien intencionada», como también nos decimos que tenemos un público lector para esa poesía que se publica, pero eso es un asunto que no viene con tu pregunta. Yo leo con mucho agrado en la actualidad los poemas coloquiales, sosegados y de una inteligencia exquisita del cubano Sigfredo Ariel; admiro la altura, la apropiación de lo universal en lo criollo y la eticidad en el también cubano Roberto Manzano . Y por citar ejemplos foráneos, me parecen muy interesantes las obras del mexicano Ernesto Lumbreras y de los argentinos Oscar Portela y Víctor Redondo.  Hay mucha poesía y poco tiempo para detenerse a pensar a quién preferimos. Lo que prefiero es buscar siempre la poesía.

¿Qué es la poesía moderna, contemporánea, o sea, llámese novísima?, ¿qué la diferencia de la coloquial?

-Hablo de Cuba, que es mi única tierra conocida, y en la que soy lector de poesía. Vimos a partir de los años ochenta una reacción al coloquialismo en una nueva poesía de considerable peso intimista, y paralelamente algunos neolezamianos hicieron seudocátedras. Las reacciones nunca se hacen esperar cuando de arte se trata, y el sol de la poesía coloquial sujeta al el nuevo entusiasmo social vería su pronto enfriamiento. Ante la circunstancialidad de la vieja expresión era inminente una nueva forma de decir inscrita en la tradición universal de la poesía. Es necesario precisar que lo que se conoce como poesía coloquial en Cuba no se distingue en los planos estéticos, formales, experimentales, éticos o filosóficos, ontológicos, sino, como bien señala Virgilio López Lemus en su libro Palabras del trasfondo, por el motivo histórico de la revolución social —aunque sí hubo coloquialistas desligados de este motivo—. Luego vendrían, en creciente énfasis hasta los días de hoy, maneras expresivas procedentes de posiciones críticas, un pensamiento de descrédito y escepticismo ante todo discurso generalizador, replanteo de la Historia, en una actitud consecuente con la posmodernidad. El desenfado, el desapego, la ingravidez, los temas de la intrascendencia, la marginalidad y el homoerotismo, la insularidad, cierto recelo ante lo sentimental, son en nuestra poesía de hoy una forma de contradiscurso, una sutil, eficaz y lógica manera de oponerse a los mensajes de la oficialidad.

¿Tienen los escritores cubanos bastante información de la literatura latinoamericana o universal del momento?

-Creo que los lectores cubanos en general, incluidos los escritores, están sumidos en el en el acontecer literario nacional. El contacto con otras literaturas y autores foráneos depende en primer lugar del acceso a la información según las posibilidades de cada cual, en lo que salta el tema de Internet. En segundo lugar está la posible participación, en el caso de los escritores, en eventos en el extranjero, sujeta a una decisión institucional, cuestionable o no, que determina quién y a dónde, o a una gestión personal del escritor. Por último la literatura de otras latitudes que se publica es escasa y en los últimos años las tiradas se han reducido. Por ejemplo la colección Cocuyo, que puso al lector cubano en contacto con lo mejor de la literatura universal contemporánea, ya no existe. Los libros electrónicos vienen a ser la vía más efectiva, aunque solo para quien tiene una computadora en casa. Esto no lo planteo con intenciones de justificar nada, quien se interesa por la literatura halla siempre la forma de indagar. Recientemente escribí: «Es dañino mirar solo con amistosa complacencia el ambiente doméstico; el debate sobre las obras que ahora mismo se publican en otras regiones nos haría salir del desconcierto, la parálisis o la deriva en un aparente ambiente de calma»1.

¿Para ti cuál es la diferencia entre poesía buena y la poesía mala?

-Como todas las vertientes o maneras de expresión poética son válidas a mi entender, supongo que la buena poesía es aquella que, como ya dije antes, logra realizarse en el lector, aquella cuya propuesta se le hace efectiva. En ese sentido sería más conveniente no hablar de mala o buena poesía, sino de poesía únicamente como algo que supone lo anterior, que cumple su función genérica en un público lector y un contexto.

¿Si estuvieras en un jurado de poesía en estos momentos cuál y cómo sería la obra que le darías el premio?

-La que me pareciera sincera ante todo, la que demuestre creación imaginativa y al mismo tiempo coherencia. Ser jurado de poesía es una de las cosas más comprometedoras que puede enfrentar un escritor: se trata de evaluar calidades poéticas, algo tan íntimo y sublime, siempre a partir de puntos de vista personales, gustos, experiencias. Es una de esas cosas que no deben ser, pero que son necesarias en las prácticas institucionales. Quisiera premiar siempre una obra que se inscriba en la tradición poética cubana, pero paradójicamente también me atraen los modos de decir apegados a corrientes como el imagismo, u obras de pathos romántico-existencial, igualmente me atraen obras que apelan a la ironía y al humor. En todo caso, afortunadamente, el fallo de un concurso depende por los menos de tres criterios.

Han surgido en la historia de la humanidad diferentes corrientes poéticas… si te dieran a escoger ¿con cuál te quedarías y por qué?

-Me apasionan los románticos ingleses, los cuales, contrarios a sus antecesores, ya no tenían en Dios una fuente de inspiración. Los hombres ya no eran clasificados en aristócratas, comerciantes, artesanos o campesinos, sino en seres humanos individuales, cuyas vidas particulares podían significar material literario legítimo. Ellos abrieron el camino al espíritu del individualismo, a la búsqueda de nuevas formas expresivas, haciendo énfasis en la creatividad del individuo. Centraron la atención en la lengua del hombre común, lo que suponía una mayor audiencia y alcance de la nueva poesía. En Defence of Poetry Shelley sostiene que el poeta es el creador del lenguaje y que su labor es renovar el lenguaje de la sociedad.

Wordsworth, Coleridge y Southey nacieron todos entre 1770 y 1774, evolucionaron de liberales a conservadores, y vivieron en su país una vida normal. Byron, Shelley y Keats —la Escuela Satánica según el propio Southey— nacieron entre 1788 y 1795, fueron lo mismo liberales que radicales y murieron jóvenes fuera de Inglaterra. Los tres últimos grandes románticos difieren mucho entre sí. Byron se ve como un egoísta en su arte, Shelley a todas luces era un quimérico idealista, y Keats, un obrero forjador de la belleza. Las diferencias se establecen además en los contenidos y formas de sus obras, y es en este sentido que en poesía se señala el período romántico inglés no como una escuela o movimiento estético, sino más bien como el espíritu de una época, una forma nueva de enfrentar la vida y el mundo.

¿Crees que estamos a un paso cercano o lejos de una nueva corriente?

Permíteme hora responder con un poema:

CANCIÓN DE LA NUEVA ERA

Ya viene la nueva era
a realizar su prodigio.
Ya viene, solo un vestigio
en el aire desespera.
Están las voces afuera
sin que nadie las perdone.
Un ave que el sol no pone
consigo mismo, se aleja.
También la hojarasca deja
que su timidez detone.

En cada insomnio una terca
pregunta va madrugando.
Están las voces gritando:
“La nueva era se acerca.”
No tan cerca, no tan cerca
del corazón esa hoguera.
Un incendio, y la bandera
pasa del hombre a su presa.
Ecos desgarra la ilesa
canción de la nueva era.

Bajan dos cuervos del mal
a fundirse con el viento.
Suman los dos un intento
desolado, sepulcral.
Víctimas de lo irreal,
su música es un disparo
sublime, y el desamparo
pone su rostro en la huida.
En los ojos del suicida
la vida es un sitio raro.

¿Algún mensaje que desees dirigir a los nuevos frutos poéticos, a los noveles, a los que comienzan a escribir?

No pretendo ser un escritor-maestro, ni siquiera me atraen los talleres, me parece que se adelanta más con la lectura. Lo primero que debe hacer quien se aproxima a la poesía es preguntarse, como Rilke: «¿yo necesito, en verdad, ser poeta?». Luego más que acercarse a los talleres o a los escritores-maestros, el acercamiento debe ser a los libros.

Los poetas jóvenes, y los escritores jóvenes en general, se centran en leer a sus coetáneos con el propósito de «ponerse al día», «ir a la par», «no quedarse atrás», y no tiene sentido el tratar de actualizarse sin haberse leído a Dante, Shakespeare, Homero… eso es más bien desactualizarse. Otra cosa que escribí recientemente es que prefería leerme diez veces seguidas Los miserables que El dinosaurio de Monterroso.2  La sentencia es un poco hiperbólica pero sinceramente creo que el poeta debe formarse su noción propia de la poesía y para ello es ineludible comenzar por el principio, no es una opción. No se puede ser escritor sin saber qué es la literatura, y la literatura está allí, en los clásicos. Una idea de lo que es la poesía le pone un techo a quien escribe poemas, le da una medida de las cosas, confianza y respeto por su obra.

Si después de leerse a los clásicos uno aún cree y necesita ser poeta, entonces debe tener paciencia, la prisa no conduce al Parnaso.

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