Rubén Urribarres en las agitaciones excelsas de la Gloria

Rubén Urribarres, al frente de la Orquesta de Música Moderna, en un concierto homenaje.

Rubén Urribarres, dirigiendo su último concierto en el teatro La Caridad.

¡Hay golpes en la vida, tan fuertes…Ya lo sé! / Son las caídas hondas de los Cristos del alma, / de alguna fe adorable que el Destino blasfema /¡Hay golpes en la vida, tan fuertes…Ya lo sé!

Estos versos, escritos sobre el dolor por el gran poeta peruano César Vallejo nos persiguen en estos días por las céntricas tierras villaclareñas. Repiquetean en nuestras conciencias, nos tiran del corazón como una advertencia, como prueba de que amar no es una faena estéril.

Pocas horas atrás era dueño del entrañable escenario del teatro La Caridad. Todavía se puede palpar en el aire el estruendo de los aplausos. Por sobre el olvido venían a homenajearlo, a agradecerle tanta historia.

Hay seres que parecen predestinados a iluminar. Más allá de la frase manida, del autoconsuelo, del lugar común, hoy sí podemos afirmar que  Rubén Urribarres quedará para siempre, no solo en nuestro recuerdo agradecido sino también en nuestras más profundas necesidades espirituales. Porque Rubén fue un hombre necesario, una importante luz en el camino del día a día nuestro y ya notamos su falta.

Por Alexis Castañeda Pérez de Alejo
Foto: Ramón Barreras

Niño prodigio que sacaba música a cualquier superficie golpeándola con una barita. Apenas había traspasado los límites del barrio pero ya sabía de composiciones musicales; lo poseía el  trance de la creación.

Desde la Banda de su pueblo alcanzó al mundo. La Orquesta del Ballet Nacional respondería a su batuta durante muchos años, también agrupaciones sinfónicas de Praga, Madrid, París y otros lugares del orbe. Otras agrupaciones populares como el combo de Gustavo Rodríguez, la orquesta del cabaret Venecia. Pero la Orquesta Sinfónica de Villa Clara fue su casa. Aquí volvió para sembrar.

Cuando en 1967 se crea la Orquesta de Música Moderna de Las Villas no fue casual que su nombre figurara al frente del aquel hermoso proyecto, entonces declaró: «Esperamos con nuestro estudio estimular la superación musical en nuestro país y en especial en la provincia». Y esa fue su máxima, su sino; el magisterio.

Porque fue Rubén de esos hombres fundacionales, a él se debe buena parte de la grandeza musical que ha salido de nuestra provincia, también la UNEAC guarda entre lo más valioso de su historia los cimientos que Urribarres fijó en la base de la organización con su prestigio y don de convocatoria.

Claro que extrañaremos su peregrinar por las veredas villaclareñas. Le faltará su aire a sus seguidores de la sala Caturla, a los del pequeño loby del teatro La Caridad adonde llegaban a deponer su asombro los transeúntes. ¿Quién protagonizará ahora las variopintas noches del café de El Mejunje, allí donde por primera vez  escucharon aquella música divina los más humildes oídos?

¿Quién nos dará el consejo especializado, quien nos alentará proyectos y sueños, quién nos dirá del último rumor del mundillo cultural, quién nos pasará la canequita subrepticiamente encargada al bar La Diana para alegrar la tarde.

¡Cuántos planes nos quedó debiendo con su Orquesta de Cámara! Como aquel soñado concierto con Diego Gutiérrez, o con los niños de la agrupación lírica,  con Lucía Labastida, con Pucho López. ¡Cuanta voluntad trunca, cuanto empeño interrumpido!

«Se fue arrastrando rápido a la nada». Nos cuesta aún admitir el vacío, Porque a la familia se quiere, se siente y se llora, y Rubén Urribarres era nuestra familia.

No es la frase hecha, no es la socorrida beatificación del que se va. Rubén era un hombre completamente bueno, fue de aquellos que citó Martí, de esos que vienen a hacer bien, lo hacen y vuelven, como de un rayo de luz

Cada vez que la orquesta triunfe sobre el aire, allí saldremos a buscarlo. Cada vez que algo se nos niegue invocaremos sus sentencias y aciertos. Cuando se nos haga confuso el sendero buscaremos la batuta de su prudencia, de su sabiduría, de su virtud.

Ante esta rotunda realidad podemos evocar aquellas palabras escritas por Martí a propósito de otra muerte estremecedora: «A sus restos no les deseo  paz pues se que vivirán en las agitaciones excelsas de la Gloria»

Salve Maestro, que viviste como quisiste vivir: amado entre la música y las agitaciones propias de la plenitud, esas que solo llevan a la Gloria.

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Una respuesta a “Rubén Urribarres en las agitaciones excelsas de la Gloria

  1. Muy triste la muerte del maestro Rubén Urribarres .
    Alguién puede enviarme la fecha de su muerte ?
    A RobertoGarcia.Musicuba@gmail.com

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