Nicolás Guillén y sus motivos de música

Nicolás Guillén.

Nicolás Guillén. Poeta Nacional de Cuba.

Así a lo loco (aunque no tanto) amanecí pensando que este domingo 10 de julio se conmemora un año más del nacimiento, en Camagüey, de Nicolás Guillén, cuyo legado poético se fue abriendo paso con matices cada vez más hondos y abarcadores hasta ocupar un sitio entre los tesoros del cancionero cubano. Guillén abrió los ojos a este mundo en 1902 y los frutos de su genio –ya desde los tiempos de juventud– fueron acogidos como algo propio por algunos de los grandes de nuestra música nacidos también en la primera década del siglo: Amadeo Roldán y Rita Montaner (1900), Emilio Neno Grenet (1901), Alejandro García Caturla (1906).

Más allá de esas coincidencias naturales, el siglo XX musical cubano está plagado de ejemplos que colocan a Nicolás Guillén entre los poetas más frecuentados por compositores e intérpretes. Este fenómeno, verdadero muestrario de ejemplos interesantes, alcanzaría un momento de especial significación en la década de los setenta con la musicalización de obras del poeta por autores de larga trayectoria como Walfrido Guevara así como por talentos jóvenes que despuntaban en el escenario nacional -Pablo Milanés– mientras en el ámbito internacional darían fe de ello los españoles Ana Belén y Víctor Manuel quienes, en aquel momento tan temprano de su espléndida carrera, visitaron La Habana para presentar su hermoso proyecto, abarcador de un buen número de canciones con textos de Guillén, ante un público que contó, en primera fila, con la presencia del poeta.

Por Marta Valdés, Cubadebate.cu
Según el testimonio de Emilio Grenet que he leído en algún sitio, su musicalización de algunos Motivos como Vito Manué, tú no sabe inglé, Búcate plata o Mi chiquita (que con el paso del tiempo alcanzarían la categoría de clásicos en el repertorio de Bola de Nieve) fue anterior a la publicación, en 1930, de estos y otros poemas agrupados en el libro Motivos de son. Envidiable experiencia debió haber sido, para cualquiera, el haber coincidido en el tiempo con ambos jóvenes, todavía veinteañeros; acaso, el haber podido curiosear desde la acera, a través de las persianas de alguna ventanita familiar, y convertirse en testigo del momento en que el segundo en edad de los tres hermanos Grenet sacaba de la manga toda la música que, como por arte de magia (o por linaje), se hallaba implícita en alguna de las estampas armadas por el ingenio de aquel poeta cuya sonrisa de las fotos tiene que haber estallado en una carcajada sonora y retumbante luego del acorde final del piano. ¡Qué emoción profunda habrá experimentado el camagüeyano ante la primera audición de ese monumento de nuestra música que hemos conocido como Yambambó! Años duros en la vida republicana que ven hermanarse a Eliseo, el mayor de los Grenet (antes de que su Lamento cubano le impusiera el destierro) con el Guillén de esa otra página incomparable que es Sóngoro cosongo.

Recuerdo haber leído en el libro de testimonios acerca de Amadeo Roldán, las palabras de Nicolás Guillén dejando constancia de que jamás llegaron ambos a sostener una conversación sino –acaso– un saludo al cruzarse en algún sitio; mucho menos, para departir acerca del trabajo que el compositor realizara sobre los Motivos de son y que el poeta sólo conoció en la interpretación de la soprano Iris Burguet, tiempo después del fallecimiento del creador de las Rítmicas. Esta versión de dicha obra aparece recogida, afortunadamente, en uno de los Volúmenes de Tributo a este compositor que se compilaron en el año 2000 para conmemorar su Centenario.

La relación de quienes nos hemos dejado llevar por la tentación de captar la música que transmiten los versos de Nicolás Guillén abunda en ejemplos de cultivadores que se expresan mediante los más diversos lenguajes musicales pero existe una constante: ese sentido de cubanía sin mezcla ni fusión; ese yo-mío-de aquí que, soplado desde la boca de un tinajón y esparcido por todos los rincones en los barrios habaneros, hizo sentir el golpe de sangre al músico de Remedios, al bayamés, al santiaguero y hasta a la pareja de inquietos peninsulares. Buena fecha la de este domingo para releer a Nicolás y hallar, al son de sus versos, motivos de música que nos acompañen a rememorar otro 10 de julio.

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