Aspectos polémicos de la fundación de Santa Clara

Primera misa por la fundación de Santa Clara.

Primera misa por la fundación de Santa Clara.

Por mucho tiempo se ha polemizado acerca de la fundación de Santa Clara, fundamentalmente en cuatro de sus aspectos: el móvil, el número de familias fundadoras, el lugar y el tamarindo.

Siempre se ha dicho que los remedianos se trasladaron y fundaron a Santa Clara huyendo de los constantes ataques de corsarios y piratas a aquella villa. En realidad, esto no fue más que un aparente motivo porque la causa real, según han podido probar científicamente los historiadores, no fue otra que el interés puramente económico por la necesidad de poblamiento interior, pues ya las tierras costeras, en su mayoría, habían sido mercedadas.

Hasta el momento han surgido cinco versiones diferentes acerca del número de familias fundadoras, de las cuales merecen atención dos de ellas. Una, la más difundida, la de Manuel Dionisio González, en su obra Memoria histórica de Santa Clara y su jurisdicción (1860), plantea que los fundadores fueron 157 personas agrupadas en 18 familias y lo ilustra con la relación de nombres de los participantes.

Publicado por Centroarte.cu

Natalia Raola Ramos, historiadora remediana, en época más reciente, partiendo de la versión de Manuel Dionisio logró interrelacionar, teniendo en cuenta lazos de consanguinidad, los participantes y conformó una nueva teoría que tituló “La fundación de Santa Clara. Un caso de nepotismo”, donde reduce el número de familias a 8, una “Gran Familia”, como ella la denomina, vinculada a los apellidos Díaz de Pavía y Rojas de Pavía y 7 conformadas por 37 personas sin vínculos con dichos apellidos. “La Gran Familia” formada por 26 herederos directos de Antonio Díaz (dueño de la hacienda donde se efectuó la fundación) y 112 descendientes de Rojas de Pavía, para un total de 138 personas, vinculadas entre sí a estos apellidos, más 37 sin nexos familiares con los Díaz de Pavía, para un total de 175.

Como puede apreciarse estas dos versiones difieren, fundamentalmente, en su aspecto conceptual, pues Manuel Dionisio se basó en el concepto de familia como núcleo y Natalia Raola lo analizó atendiendo a lazos consanguíneos, también hay pequeñas diferencias con respecto al número de participantes en el acto de la fundación. Es necesario que la generación actual conozca ambas teorías, una por ser la más actualizada y con mayor nivel de cientificidad en su tratamiento y la otra, por haber sustentado el diseño del Monumento a la Fundación emplazado en el parque El Carmen de Santa Clara.

El lugar original, Manuel Dionisio lo situó en un plano que publica en su Memoria histórica, aproximadamente al final de la calle, que hoy lleva el nombre de Máximo Gómez y ribera del río, al pasar la actual calle Garófalo, esta ubicación responde a que en la época que él vivió (Siglo XIX ) existía una cruz de madera que el pueblo se encargaba de sustituir cuando se dañaba para señalizar el lugar.

En 1744 fue mercedado el terreno muy próximo al lugar referido, es decir la parcela situada en las actuales calles de Máximo Gómez entre Garófalo y Río, para la construcción de una ermita que el padre Juan de Conyedo ideó y le llamó “Nuestra Señora del Carmen” porque el 16 de julio es el día de esta virgen y es el siguiente al de la fundación, de manera que la nueva ermita perpetuara tan memorable lugar.

En 1754 se construyó una nueva edificación para esta iglesia que sustituía la anterior que era muy modesta, (de guano y de madera) y para ello se utilizó otro terreno aledaño ( el que ocupa ahora) a fin de no interrumpir los oficios religiosos mientras duraran los trabajos de construcción.

Posteriormente, no se conoce la fecha, fue sembrado un tamarindo en el costado sur de la iglesia y el pueblo de Santa Clara lo veneraba como el símbolo de la fundación de la ciudad. En el año 1918 apareció en una publicación especial por el 229 aniversario de la ciudad denominado 15 de julio en la que el periodista Francisco López Leiva hacía una crítica al gobierno de Santa Clara por la tala indiscriminada de este árbol legendario y en el mismo número aparece la foto del tamarindo antes de ser talado. A juzgar por el tamaño y la frondosidad, ya hacía mucho tiempo que se había sembrado en ese lugar, lo que demuestra que se situó allí como simbolizando la idea inicial del Padre Conyedo de construir la iglesia cerca del lugar de la fundación, por lo que, al trasladar la iglesia, también se trasladó el árbol.

En 1923 fue colocada una tarja por la Asociación de la Prensa en el nuevo tamarindo que se sembró unos metros más alejado de la iglesia, de forma tal que se preservara de otra posible tala, e incluso se le rodeó con una reja de hierro y todo indica que el cambio de lugar se debió a que el hueco dejado por el tronco del tamarindo talado se llenaba de agua y lo niños lo utilizaban para bañarse, ese hoyo creció y la popularidad también, le llamaban “Lago de Conyedo” y los santaclareños realizaban en sus alrededores la fiestas del 15 de julio como una demostración de repudio al acto irrespetuoso contra un símbolo de la identidad del pueblo.

En 1950, El Grupo Los Mil lanzó una convocatoria para el diseño de un monumento más acorde con el acontecimiento, y obtuvo el primer premio el escultor Boabdil Ross Rodríguez, profesor de la Escuela de Artes Plásticas de Santa Clara “Leopoldo Romañach”, quien se basó en la teoría de Manuel Dionisio acerca de las 18 familias fundadoras y así las representan las 18 columnas que hoy bordean al tamarindo, simbolizando aquellas familias remedianas fundadoras. Fue inaugurado en l952, y en l99l lo declararon Monumento Nacional.

Quedaría por aclarar que no existe ningún documento o indicio que pruebe la existencia de este árbol en el lugar de la reunión inicial de los remedianos e incluso Manuel Dionisio no lo refleja en su Memoria histórica…. por lo que ha quedado como leyenda, como parte de una tradición, pasando de una generación a otra sin conocerse exactamente cuándo se sembró el primero.

El tamarindo es hoy un símbolo de nuestra identidad, es un árbol legendario del cual se ha generado otra tradición más joven: “La siembra del tamarindo”, cada año, el 15 de julio en la loma del Capiro a partir de los 300 que se sembraron en 1989 cuando la ciudad cumplía su tricentenario.

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