CHANITO ISIDRÓN: LA VOZ MAYOR EN LA DÉCIMA HUMORÍSTICA

Chanito Isidrón.

Chanito Isidrón, el elegante poeta de Las Villas, cumbre de la décima humorística en Cuba.

A Chanito Isidrón “el elegante poeta de Las Villas” lo recuerdo transitando las calles de mi natal General Carrillo, —poblado del municipio de Remedios, adonde volvía cada año al menos una vez—, haciendo interminables visitas y tertulias en casas de amigos, y sobre todo en sus legendarias controversias —siempre cargadas de humor criollo, con su colega Ramiro Espinosa—, en el círculo social de la ciudad. En aquellas memorables ocasiones el local vestía sus mejores galas para recibir al poblado en pleno y el campesinado de muchos kilómetros a la redonda.

Todavía muchos carrillenses recitan de memoria alguna décima aún inédita de él, o guardan pedazos de papel, hojas de libretas, y cartas enviadas desde lejos, con improvisaciones escritas a mano por el propio Chanito, quien a vuelta de correo o allí mismo en el portal de sus casas, recogía con espíritu de cronista homérico las anécdotas más curiosas del poblado: algún marido engañado con el consiguiente toque del fotuto, la última fuga nocturna de una esposa con el otro, el robo de un animal doméstico, una pelea de gallos… un verdadero tesoro que algún día alguien se ocupará de recuperar.

Confieso que mucho han cambiado mis gustos literarios desde aquella época, pero siempre me ha quedado una eterna afición a las décimas de Chanito, entre otras razones, porque siempre fue el poeta preferido de mi abuela, de mi madre y mi padre, y seguramente que es algo de la herencia que dejaron en mí. Por eso quiero inaugurar esta sección de décima humorística de mi blog con una de sus composiciones, extraída de la compilación hecha por mi amigo René Batista Moreno, y que él tituló “He visto un cangrejo arando”, cuya edición tuve el gusto de diseñar.

Aquí los dejo, con sus chispeantes décimas… y una síntesis biográfica de Chanito Isidrón…
COSAS DE UN GUAJIRO QUE ESTUVO EN LA HABANA

Yo fui a un baile de copete,
a un gran casino habanero
y llevaba mi dinero
en la vaina del machete.
Se formaba el gran sainete
cada vez que iba a «jalar»
el machete «pa» sacar
mi plata tan bien guardada,
que ya por la madrugada
no me dejaban pagar.

Por un drenaje biliar
fui a una clínica a La Habana
y por cierto esa mañana
no podía desayunar.
El doctor me hizo tragar
una manguera «apurao»
y yo le dije «asustao»:
«Doctor, me la siento atrás,
y si empuja un poco más
sale por el otro “lao”.»

Hallé un fotógrafo un día
con su aparato completo
que abajo de un trapo prieto
a retratar se metía.
Yo iba con la suegra mía,
se llamaba Esther Consuegra,
que iba con su saya negra
y el fotógrafo enfocó
y «equivocao» se metió
en la saya de mi suegra.

Vi en La Habana a una criatura
flaquita, que por relleno
se colocaba en el seno
dos chirimoyas maduras.
Luego allá en Monte y Figuras
fuimos a un baile de son
y en el primer apretón
que hube de darle bailando
los dos salimos regando
champola por el salón.

Yo llevé un gato a La Habana
criado en  piso de tierra
que abre un huequito y entierra
todo lo que le da gana.
En el hotel, de mañana,
se puso el gato a escarbar
y le dije: «Si al llegar
no buscaste una barreta
el tesoro en  la maleta
vas a tener que guardar».

En el parque de Colón
me monté en un carro loco,
y aquella noche por poco
me cortan la digestión.
El maldito socollón
me bailó como un muñeco
pero cuando encontré un hueco
salí gritando, «azorao»:
«¡Otro día, ni “amarrao”
me monto en ese tareco!»

Del corazón se enfermó*
mi mujer, allá en La Habana,
y el médico una mañana
a registrarla empezó.
El vestido le quitó,
saya, blúmer y refajo,
y yo al ver ese relajo
le dije: «No me conviene,
qué va,  mi mujer no tiene
el corazón tan abajo».

SU VOZ SE APAGA, LA POESÍA CRECE

Cipriano Sebastián Isidrón Torres nace el 26 de septiembre 1903 en Tajadora, Calabazar de Sagua. A la edad de seis años, demuestra ya su inclinación hacia la música, la improvisación y el humorismo.

En el trabajo rudo del campo sufrió un accidente en el que perdió un dedo de una de sus manos, lo que le imposibilitó continuar en estas labores; por lo que se dedica a ser cantor ambulante para ganarse la vida. Esto lo llevó a recorrer todo el país vinculándose, incluso, con circos que recorrían la isla unas veces a pie, otras a caballo y otras en tren.

En 1938 conoció a Nicolás Guillén y en 1941 al Indio Nabori.

Chanito es considerado “la voz mayor del humorismo criollo en el repentismo”. Su sensibilidad para captar el relato en décimas, lo condujeron en 1938, a escribir su conocida novela en décimas “Amores montaraces”. Después vinieron “Amor y traición” (1939), “El diario de una huérfana” (1943) y “Abrogación” (1941).

Estas novelas formaron parte de la programación de diversas emisoras radiales de todo el país. Es autor también de “Manuel García, rey de los campos de Cuba” (1985) y “Los trágicos errores de Gloria Rangel”, de fecha imprecisa. Se quedaron sin publicar “La huella total” (1943) y “Más allá del amor” (1944). “Con los ojos del alma”, desapareció cuando el manuscrito pasaba de mano en mano.

Chanito también cultivó el cuento en décimas. Las temáticas utilizadas fueron las humorísticas y dramáticas. Durante mucho tiempo escribió décimas sobre hechos de sangre para el popular programa “La Guantanamera”, que eran interpretadas por Nena Cruz, La Calandria, y Joseito Fernández, el creador.

Se jubiló en 1962 pero no dejó de trabajar para su pueblo. Por Radio Rebelde y Radio Progreso, sus chispeantes controversias se oyeron hasta los últimos días de su vida.

Falleció en La Habana el 23 de febrero de 1987. Alguien dijo: “su voz se apaga, la poesía crece”.

Publicado en: http://alocubano.nireblog.com
20 de noviembre de 2008

Décimas grabadas en un laúd de mármol encima de su sepulcro:

Y yo, Cipriano Isidrón/ -quizás si mi nombre asombre, /
porque quien me puso el nombre/ no me tuvo compasión. /
Pero hay una explicación/ por muchos desconocida
y es que mi madre querida/ que se llamaba Cipriana,
años cumplió la mañana/ en que me trajo a la vida. /
Por esa causa al chiquito/ denominaron Cipriano./
el Cipriano bajó a Chano/ y Chano vino a Chanito./
Muchas manos han escrito. / “Señores Chano y Sidrón”, /
figurándose que son/ dos, como Diana y Apolo, /
sin saber que es uno solo/ largo, flaco y narizón. /

 

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