29 de septiembre de 1906: Segunda intervención norteamericana en Cuba

Segunda Intervención yanqui en Cuba.

La llegada de Charles Magoon. (Tomada de http://bdigital.bnjm.cu)

El 12 de septiembre de 1906 el presidente Tomás Estrada Palma, temeroso ante la insurrección que había motivado su fraudulenta reelección, solicitó la intervención norteamericana, y el 29 de ese propio mes ya estaban aquí nuestros poderosos vecinos del Norte.

Esta segunda intervención se prolongó hasta el 28 de enero de 1909. A raíz de esta nueva ocupación norteamericana y de los renovados comentarios de anexión cubana a Estados Unidos, los estudiantes de la Escuela Normal de Kansas se dirigieron al patriota y diplomático Manuel Sanguily, solicitándole opiniones directas para apoyar los pronunciamientos que, desde allá, formulaban ellos contra la anexión.

Sanguily les respondió con una carta, larga y ejemplarizante, fechada el 6 de marzo de 1907. En uno de sus párrafos expresó: “Cuba —para su bien, así como para el bien, la honra y la gloria de la nación americana—- debe ser siempre una República independiente y soberana”.

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Una segunda intervención ató más a Cuba a los Estados Unidos

El 29 de septiembre de 1906 se produjo la Segunda Intervención norteamericana en Cuba, tras el pedido de Tomás Estrada Palma, quien desarrolló una reelección fraudulenta y provocó focos insurreccionales en la Isla.

Por Nancy Pérez Medina

Cuando el 20 de mayo de 1902 se izó la bandera cubana en el Palacio de Gobierno, cesó la primera intervención estadounidense a la Isla, no sin antes dejar a Tomás Estrada Palma como primer presidente de la república neocolonial, cuyo entreguismo a Washington estaba sustentado jurídicamente en el artículo 3 de la Enmienda Platt: “Que el gobierno de Cuba consiente que los Estados Unidos pueden ejercitar el derecho de intervenir…”.

Lejos de organizar y consolidar las instituciones, y propiciar la reconstrucción económica, luego de casi medio siglo de guerras, y siglos de dominación colonial, este primer gobierno formalizó los vínculos de dependencia, consolidando el control de nuestro mercado y la monoproducción. Un nuevo partido (existían el Liberal y el Conservador), el Moderado, surge como aparato del gobierno de Estrada Palma para impulsar su reelección en 1906, frente a la candidatura liberal de José Miguel Gómez y Alfredo Zayas.

Una elección amañada lleva a Don Tomás a una nueva posesión del cargo de Presidente de la República, el 20 de mayo de 1906. Se produce un hondo malestar en diversos sectores populares y los liberales deciden rescatar sus derechos por medio de las armas. Comenzó, el 17 de agosto, la llamada Guerrita de Agosto, que se extendió rápidamente. Se producen alzamientos en Las Villas, Pinar del Río y La Habana. El General Quintín Bandera muere en manos de la Guardia Rural cuando lo sorprenden en su campamento cercano a Arroyo Arenas.

Impotente para dominar la reacción, el mandatario solicita, el 12 de septiembre de 1906, una nueva intervención militar de los Estados Unidos en Cuba (la segunda). Tres días después, el 15, una flota de ocho barcos de guerra se acercó a la isla; el 17 los principales caudillos amotinados se reunieron en Santiago de las Vegas para discutir el cese de las hostilidades y envían al doctor Alfredo Zayas a parlamentar con el gobierno (se entrevista con Méndez Capote, vicepresidente de la República y jefe del Partido Moderado).

A bordo del buque Des Moines, y acompañados de una expedición de fuerzas navales y militares superiores a las de la primera intervención, llegan a La Habana, el 19 de septiembre, los “comisionados por la paz”. En este barco se producen las entrevistas con los dirigentes políticos de más alto rango. Como resultado, el 29 de septiembre de 1906, el secretario de Guerra de los Estados Unidos, William H. Taft, asume las funciones de gobernador de Cuba para desarmar y dispersar a los insurgentes.

Taft entrega el gobierno de Cuba a Charles Magoon, un abogado del servicio civil norteamericano, quien desempeñó, como Gobernador Provisional, las funciones de un antiguo Capitán General.

La Segunda Intervención Norteamericana en Cuba definió los rasgos de corrupción en el sistema gubernamental. No desocuparon la Isla hasta casi dos años y cuatro meses después: el 28 de enero de 1909, cuando tomó la presidencia José Miguel Gómez, quien acentuó la podredumbre y los crímenes políticos.

Bajo el gobierno interventor el ejército permanece como salvaguardia de los intereses de los gobiernos de turno y de Estados Unidos, y se mantuvieron los mecanismos que aseguraban la dependencia económica cubana. Se caracterizó, además, por las malversaciones de los fondos públicos y la corrupción. Habiendo recibido del gobierno anterior $13 625 539, Magoon dejó a su sucesor sólo $2 800 000, de los cuales un millón estaba en bonos de la deuda exterior.

Durante ese tiempo, Manuel Sanguily recibió de los estudiantes de la Escuela Normal de Kansas la solicitud de su opinión contra la anexión. El patriota y diplomático respondió, el 6 de marzo de 1907, explicando extensamente en una carta sus puntos de vista, y asegurando que para el bien de Cuba, y la honra y gloria de Estados Unidos, nuestro país debía ser siempre independiente y soberano.

Las consecuencias más nefastas dejadas por la Segunda Intervención estadounidense para la República Neocolonial fueron que sentó las bases de la corrupción desenfrenada, la violenta represión, y la generalización del uso de la moneda estadounidense para controlar la economía cubana. No faltaron los intentos armados contra la misma, y algunos historiadores reconocen como el único aspecto aceptable la elaboración de una serie de leyes complementarias a la Constitución de 1901, necesarias para el regreso a un gobierno dirigido por los cubanos.

Esas leyes fueron elaboradas por una Comisión Consultiva integrada por tres estadounidenses, uno de los cuales la presidía, y por nueve cubanos. En esa Comisión desempeñó un papel decisivo el combatiente independentista Juan Gualberto Gómez, que logró importantes victorias democráticas, como el sufragio universal y la autonomía de los municipios, frente a la tesis de sufragio limitado y de organización centralizada que defendían los delegados foráneos y algunos cubanos reaccionarios.

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