Desaparición física del Comandante Camilo Cienfuegos

Camilo Cienfuegos.

El legendario Héroe de Yaguajay Camilo Cienfuegos.

El 28 de octubre de 1959, en vuelo de regreso desde Camagüey a La Habana en una avioneta bimotor, el comandante Camilo Cienfuegos desapareció en medio de una tormenta.

“En el pueblo -dijo Fidel al confirmar su pérdida definitiva después de dos semanas de incesante búsqueda- hay muchos Camilos”. “Y Camilo seguirá viviendo en otros hombres como él, seguirá viviendo en los hombres que se inspiren en él. Porque lo único que nosotros podemos pedirle a nuestro pueblo es que, cada vez que la patria se encuentre en una situación difícil, en un momento de peligro, se acuerde de Camilo y cada vez que nuestros compatriotas vean que el camino es largo y difícil se acuerden de Camilo, de lo que hizo, de cómo nunca perdió la fe en los instantes más difíciles y cómo supo hacer grandes proezas”.

Desde entonces, los niños, jóvenes y pueblo en general, como homenaje al Héroe de Yaguajay, lanzan una flor en los mares y ríos cubanos. Así está sucediendo hoy en toda Cuba.

Ver también en este blog:
Camilo se multiplica en el verso
Cuando Camilo se perdió en la tormenta
El Congreso Azucarero en General Carrillo, organizado por Camilo Cienfuegos


CAMILO
I
Jinete en el aire fino,
¿dónde estará, dónde cayó,
el comandante Camilo,
que no lo sé yo?

Entre la tierra y el cielo,
¿adónde fue donde voló
el comandante Cienfuegos,
que no lo sé yo?
II
Sin cruz vino la muerte,
sin sepultura, nada.
Un rayo apenas de luz inerte,
su vacía, su redonda mirada.

(Lentas guitarras de ardor marítimo
llegan llorando a llorar conmigo.
Llegan violetas color obispo:
morado luto mortuorio fijo.
Raudos machetes de amargo filo
y girasoles luto amarillo).
III
Duerme, descansa en paz —dice la mansa
costumbre de las flores, la que olvida
que un muerto nunca descansa
cuando es un muerto lleno de vida.
Ahí viene, avanza el río
de su barba serena.
Suena su voz, su permanente voz resuena,
arde en la patria pura un gran fulgor de estío.
Se oye ¡Partir!, que ordena
y partimos. ¡Avanzar!, y avanzamos.
Todos lo mientan, dicen:
—Puño de piedra, resplandor de paloma,
el aletear del corazón te damos;
oh joven padre, toma
nuestra violenta sangre en peso: ¡Vamos!

Nicolás Guillén (1902-1989)

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