El embarazo en la adolescencia

Usa condón.

Usar condón es un método más eficaz. Prevenir es mejor que lamentar.

Por Vladia Rubio.— Conversando naderías para espantar tensiones, las seis aguardan en la pequeña antesala. Las toscas y estériles batas, de lienzo unas, verdes otras, apenas permiten entrever sus figuras; pero, mirando de cerca, algunos de esos rostros que gesticulan, evidencian no haber vivido mucho, ni siquiera dos décadas.

Difícil será saber si, de no haberse dado el lezamiano “azar concurrente”, alguna vez sus vidas se hubiesen cruzado, pero en esta mañana de lunes comparten, casi uniformadas, un mismo susto ante el aborto que les será practicado.

Aunque en Cuba existen amplias posibilidades de acceder a métodos anticonceptivos muchos jóvenes mantienen relaciones sexuales desprotegidas Aunque en Cuba existen amplias posibilidades de acceder a métodos anticonceptivos muchos jóvenes mantienen relaciones sexuales desprotegidas.

Publicado en Cubasí
Fotos: Armando Santana

Yenifer G es de las que menos habla. Aunque asiente y sonríe a lo dicho por las otras, sus pensamientos andan por otra parte. Quizás esté preguntándose una vez más lo que luego repetiría a la periodista: “¿Por qué yo, si para salir en estado tiene que darse una posibilidad entre no sé cuántas?”

Sus quince años no pueden responderle, y probablemente tampoco esté en posibilidades de hacerlo la amiguita que la ha acompañado hasta el hospital materno, a espaldas de la mamá.

La coyuntura que atraviesa esta estudiante de politécnico de gastronomía no es excepcional. Recientes estudios indican que, lamentablemente, el aborto inducido y la regulación menstrual se han convertido en un método anticonceptivo en la Isla.

No obstante, las últimas estadísticas apuntan a cierta disminución en el número de estas prácticas. El Anuario Estadístico de Salud de Cuba, correspondiente al pasado año, indica que si bien del 2007 al 2009 la curva de los abortos inducidos siguió una línea ascendente, alcanzando en ese último año un total de 84 mil 724; para el 2010 había disminuido el indicador. Mientras que en el 2009 de cada 100 mujeres embarazadas, 39,1 lo interrumpían; al siguiente año eran 35,6 las que tomaban tal decisión.

Según el profesor Miguel Sosa Marín, especialista en Gineco obstetricia y presidente de la Sociedad Cubana de Desarrollo de la Familia, menos de la cuarta parte de los abortos que se practican están relacionados con el fallo del anticonceptivo, en tanto que una parte significativa de tales interrupciones podría impedirse con una conducta más responsable de la pareja.

Pero, con los adolescentes en particular, algo parece estar fallando en cuanto al empleo de métodos de anticoncepción –los cuales, a su vez, son la barrera para las Infecciones de Transmisión Sexual, VIH incluido-. Una seria investigación publicada por la Revista Cubana de Salud Pública sobre Percepciones de un grupo de adolescentes sobre iniciación sexual, embarazo y aborto, evidencia que conductas como las de Yenifer G están condicionadas, entre otras razones, porque la educación sexual que reciben no siempre parece ser del todo efectiva.

“No hemos sido capaces de proporcionar a los adolescentes –de la forma más apropiada- la educación necesaria para que adopten un comportamiento sexual responsable”. Así  asegura la investigación citada, donde se hace referencia a  la necesidad de tomar en consideración el marco de referencia de los receptores. Ello influye directamente en la interpretación de esos mensajes educativos, porque “son las audiencias las que más saben sobre sus comportamientos, los factores que los determinan y las condiciones en las que ocurren”, indica el estudio.

Según dicha indagación -que se nutrió de las respuestas de 399 adolescentes, hembras y varones, de noveno grado de cuatro escuelas del municipio Plaza de la Revolución-, poco más de una cuarta parte de los muchachos estudiados no reconocen al aborto como un “método riesgoso para interrumpir el embarazo”.

Ello es evidencia de mensajes que no han llegado de manera eficaz a su destino, y entre los que se incluyen, además de los generados por las instituciones educativas y de salud, también los del marco familiar con un peso particularmente significativo.

“Es verdad que mi mamá siempre me decía que me cuidara, que no podía tronchar mis estudios por una barriga. Por eso no me dejaba regresar nunca después de las 11 de la noche. Me prohibía llegar tarde pero no, nunca me habló de usar preservativos. Pa’ mí que ella pensaba que yo era virgen”.

Así declaró con una sonrisa amarga Yenifer, suscribiendo cuánto de educación sexual deben recibir también los padres de hijas e hijos adolescentes, quienes puertas adentro del hogar continúan reforzando una educación sexista, e insisten sobre todo con las muchachas, como si la concepción fuese asunto de uno solo.

Con dos que se quieran, no basta con uno responsable.

Aun cuando hembras y varones deciden de común acuerdo –con muchos y diversos matices entre ambos géneros- el momento para iniciar la práctica de relaciones sexuales, -lo cual está sucediendo a edades cada vez más tempranas en opinión de algunos expertos-,  parece continuar recayendo en las muchachas la responsabilidad de evitar el embarazo.

Una vez confirmada una preñez no deseada, más que la pareja, es la familia, según han constatado varios estudios, la que con mayor peso influye en la decisión de abortar, aunque, paradójicamente, no haya sido su participación tan decisiva para impedir la concepción.

Autora de varios libros sobre sexualidad y adolescencia, la doctora cubana Laura Alvaré Alvaré, asegura que en la mayoría de los casos, los varones adolescentes usan el condón como prevención de las infecciones de transmisión sexual y no como método anticonceptivo.

A la vez que algunas indagaciones apuntan a que son ellos quienes más identifican el aborto como un método para evitar el embarazo.

Tales posturas y razonamientos contrastan con las amplias posibilidades de acceder a métodos anticonceptivos como píldoras y condones, a precios asequibles y ampliamente promovidos, lo cual ratifica la necesidad de una comunicación más efectiva con el mundo adolescente por parte de todos sus interlocutores.

Más que un problema familiar e incluso de la salud pública, el aborto en la adolescencia ha de ser un tema de interés social, en el más amplio sentido. “Se convierte en un problema social sólo cuando la sociedad alcanza determinado grado de desarrollo y coincide con el crecimiento acelerado de la población de las ciudades, la incorporación de la mujer al trabajo, disminución en la tasa de mortalidad infantil y cambios demográficos que inician el envejecimiento de la población, esta es precisamente la problemática actual que enfrentamos en Cuba.”

Así subraya el Master en Atención Integral a la Mujer, Diplomado en Ginecología Infanto Juvenil y Salud Reproductiva Adolescente; Profesor Auxiliar y Especialista de II Grado en Obstetricia y Ginecología, doctor Jorge Peláez Mendoza, en su investigación Aborto en la adolescencia. Consideraciones bioéticas en torno a la decisión de abortar, del año 2008.

Publicado en la versión digital de la Revista Cubana de Obstetricia y Ginecología, Peláez Mendoza también subraya en su aproximación científica al tema, que “El aumento de la tasa de abortos en un país no se puede explicar mediante un análisis exclusivamente ético, ni se resuelve con campañas de información para tratar de modificar las conductas sexuales, estimular el uso de anticonceptivos y/o reforzar la moral de la población. No sería suficiente divulgar un proyecto de control de la fecundidad sin hacer la más mínima referencia al papel del Estado, las condiciones de vida, la situación económica, las formas de distribución, la educación de la población, el sentido de la vida y el grado de satisfacción existencial alcanzado en una comunidad y tiempo concretos.”

Tantas son las aristas del aborto en la adolescencia como problema social, que, aun cuando en Cuba se trata de un procedimiento médico relativamente seguro, tiene una influencia nociva en la salud reproductiva de ese sector poblacional. Y, aunque no resulta para nada recomendable que sigan su curso los embarazos en esa etapa de la vida, vale recordar que, en general, el descenso acelerado de la fecundidad en la Isla, tiene como variable intermedia también al aborto.

Desde hace más de cuatro décadas el aborto es legal en la Isla, decisión que inscribió a la Mayor de las Antillas entre los pocos países del área donde ese es un proceder despenalizado. Se trata, sin dudas, de una importante conquista; el asunto está en considerarla en su justa dimensión y en apelar a ella de manera equilibrada.

De esa manera, adolescentes como Yenifer G no se verán en la necesidad de echar mano a tal alternativa, a partir de una supuesta autonomía que no está realmente anclada en sólidos pilares, sin en verdad conocer la trascendencia de decisiones como la de tener relaciones sexuales sin protección.

Tal y como asegura el doctor Peláez Mendoza en las conclusiones de su investigación –y haciéndolo extensivo también al sexo masculino, que debe ser responsable por igual de la procreación-, pretender limitar la autonomía de las adolescentes para enfrentar la planificación familiar es reducir su capacidad, pero liberar su autonomía sin prepararlas para saber usarla, puede conducir a decisiones que distorsionen sus necesidades y dañen su salud.

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