Centenario de la llegada de los restos de Félix Varela a Cuba

Restos de Félix Varela.

El 6 de noviembre de 1911, llegaron los restos de Félix Varela a Cuba, procedentes de San Agustín de la Florida.

Por Narciso Fernández Ramírez.— El 6 de noviembre de 1911 arribaron a La Habana, procedentes de San Agustín de la Florida, los restos mortales de Félix Varela y Morales, el cubano «quien nos enseñó primero en pensar»,  como lo definiera su alumno y discípulo José de la Luz y Caballero.

A cien años del importante acontecimiento, Vanguardia rinde homenaje a tan inolvidable pilar de la nacionalidad cubana, cuyo nombre lleva la Universidad Pedagógica de Villa Clara. En ese recinto se encuentra la caja original que contuvo los restos del ilustre sacerdote, educador y filósofo, un hecho desconocido por la mayoría, y revelado con la inestimable colaboración de la Cátedra Honorífica Félix Varela, del centro de altos estudios.

Muerte de Varela en San Agustín de la Florida

La caja donde se guardaron los restos de Félix Varela, se conserva en Santa Clara en la Univesidad Pedagógica que lleva su nombre.

En febrero de 1853, a los 64 años, fallecía lejos de Cuba el primero de nuestros inde­pendentistas. Moría en tierra extraña y en la mayor pobreza el ilustre sacerdote nacido en La Habana el 20 de noviembre de 1788, el profesor de Filosofía en el Seminario de San Carlos y autor de un proyecto antiesclavista presentado en las Cortes Españolas en 1823, que le valiera la pena de muerte y el destierro perpetuo.

En relación con el día de su muerte, la historiografía tradicional lo consigna el 25 de febrero de 1853, y así, precisamente, consta en su acta de defunción. Sin embargo, estudios más recientes inducen a modificarlo para el 18 de febrero, fecha en la cual coinciden la mayoría de los estudiosos de la materia.

Al respecto, en el libro Félix Varela: retorno y presencia, de Heriberto Hernández González, editado por la Casa de Altos Estudios Fernando Ortiz, de la Universidad de La Habana, en 1997, se plantea: «Murió el 18 de febrero de 1853, lo amortajó el cariño de un pueblo extraño al cual también había servido con desvelo. Mientras en la Isla, se le rindió el tributo discreto de un pueblo condenado al silencio por las autoridades coloniales».

Un criterio que también defiende monseñor Carlos Manuel de Céspedes García-Menocal en su obra dedicada a Varela, Señal en la noche. Allí aparece una escla­recedora misiva al Arzobispo de Nueva York, fechada el 26 de noviembre de 1853, en la que se le notificaba día y hora exactos de la muerte del revolucionario cubano: «[…] me toca ahora el triste deber de comunicar a usted la deplorable noticia de que el Padre Varela ya no existe, murió en la noche del viernes 18 del corriente, como a cosa de las 8 y media y su cadáver fue enterrado ayer a las cinco en el cementerio católico de esta ciudad».

Todavía no habían pasado dos meses de su fallecimiento cuando sus miles de discípulos en Cuba, con el auxilio del sacerdote norteamericano Edmund Aubril —última persona que viera con vida al ilustre cubano—, costearon la edificación de una capilla en el cementerio de San Agustín de la Florida, hermosa imitación de la Catedral de La Habana, donde Varela había sido nombrado sacerdote. Su primera piedra fue puesta el 22 de marzo y finalizó su construcción el 13 de abril del propio 1853, día en que los restos de Varela fueron depositados allí y donde permanecieron hasta los inicios del siglo xx.

Traslado a Cuba

Al fallecer el presbítero y educador cubano, la primera intención de sus seguidores y discípulos fue traer sus despojos mortales a la Patria; sin embargo, los fieles católicos de San Agustín de la Florida no lo permitieron.

En 1891, cuando finalizaba el dominio colonial español en la Isla, una comisión de destacadas personalidades cubanas, entre las cuales se encontraba Enrique José Varona, lo intentó de nuevo, pero sin éxito.

No fue hasta 1911 —a instancias del gobierno que presidía el general José Miguel Gómez—, en que el obispo norteamericano William Kenny exhumó los restos de Félix Varela y los entregó para su traslado definitivo a Cuba al Dr. Manuel Landa González, presidente de la Audiencia de Pinar del Río, y a Julio Embil, cónsul cubano en la ciudad de Jacksonville.

El 6 de noviembre de 1911 llegaron los restos a La Habana, y de inmediato comenzaron los merecidos actos de recordación a nuestro primer independentista. Con la mayor solemnidad y presencia popular fueron celebrados los homenajes en el Ayuntamiento de La Habana, en la Catedral donde había sido ordenado sacerdote; y el último de todos, y de mayor trascendencia, el domingo 19 de noviembre en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, del cual, exactamente, se cumple hoy un siglo.

De las muestras de cariño y respeto al destacado intelectual revolucionario, y figura clave de la nación cubana, extraemos un fragmento de la crónica publicada en el periódico La Discusión, del lunes 20 de noviembre de 1911: «En aquella mañana del 19 de noviembre de 1911, después de haber recibido todos los honores de un pueblo que se agolpaba en las calles y plazas en interminables manifestaciones de respeto, aproximadamente a las 10, el doctor Diego Tamayo, presidente del Comité Ejecutivo de homenaje a Varela y a quien se debió principalmente el traslado de los restos a Cuba, le entregó al rector Dr. Leopoldo Berriel, los mortales despojos».

Y continúa La Discusión: «No pudo haber sido elección mejor para pronunciar el discurso en el Aula Magna que el maestro Enrique José Varona, quien a pesar de su salud quebrantada no perdió la ocasión de convertirse en la conciencia crítica de la sociedad».

Un año después, el 22 de agosto de 1912, los restos del precursor del ideario inde­pendentista en Cuba quedaron depositados de manera definitiva en el cenotafio del Aula Magna de la Universidad de La Habana. En la inscripción en latín, traducida al castellano, se lee: «Aquí descansa Félix Varela, sacerdote sin tacha, eximio filósofo, egregio educador de la juventud, progenitor y defensor de la libertad cubana, quien viviendo honró a la Patria y quien muerto sus conciudadanos honran en esta alma universidad en el día 19 de noviembre de 1911. La juventud estudiantil en memoria de tan grande hombre».

La caja que contuvo sus restos

En 1954, una comisión de profesores de la Universidad de La Habana hizo un estudio detallado de los restos de Félix Varela para corroborar o no su autenticidad. La razón fue que en la misma capilla de San Agustín de la Florida, en la que estuvo enterrado el patriota cubano, también, en 1870, fue inhumado un sacerdote norteamericano nombrado Agustín Verot, y existían dudas al respecto.

El acta emitida por los destacados científicos determinó, y cito textualmente: «Habiéndose dudado que estos restos del Presbítero Félix Varela y Morales, depositados en esta urna cineraria en veintidós de agosto de mil novecientos doce, fueran efectivamente los de tan preclaro varón, el Consejo Universitario en fecha de siete de julio de mil novecientos cincuenta y cuatro, decidió crear una comisión encargada de dilucidar ese extremo […]; cuyos comisionados, después de efectuar un estudio exhaustivo del asunto, llegaron, por unanimidad, a la conclusión en quince de noviembre de mil novecientos cincuenta y cuatro, de que sin duda alguna tales restos son los de tan insigne sacerdote cubano».

Este estudio antropométrico fue llevado a cabo en el Museo Montané, de la referida universidad habanera, y durante esos meses los restos de Varela estuvieron depositados en una caja provisional.
Dilucidado el trascendente asunto, la caja permaneció olvidada hasta que en 1988, con motivo del Bicentenario del natalicio de Félix Varela, y por solicitud expresa del Instituto Superior Pedagógico que lleva su nombre, el importante objeto museable fue transferido a la reconocida universidad villaclareña.

El 20 de noviembre de ese año —día del aniversario 200 del natalicio del destacado patriota—, quedó depositada en el local que ocupa la Cátedra Honorífica Félix Varela, fundada ese propio día, y que desde entonces preside la Dra. en Ciencias Pedagógicas Selva Dolores Pérez Silva.

Hoy, la Cátedra Varela, como se le conoce, impulsa el estudio de la vida y obra de tan relevante figura, y en honor del precursor de la enseñanza científica en la Isla y autor de las famosas Cartas a Elpidio, organiza cada año un evento que profundiza en el ideario pedagógico, político, filosófico y ético vareliano, en el cual participan alumnos y profesores de toda la provincia.

Un digno homenaje al Patriota Entero, como lo llamó José Martí, y al revolucionario brillante que todo lo sacrificara por ver a su Patria libre y tan Isla en lo político como lo era en lo geográfico.

Agradecimiento especial al profesor Adolfo Enrique Rodríguez Cima, de la Cátedra Honorífica Félix Varela, quien brindó una inestimable contribución a la realización de este artículo histórico.

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