Más que reggaetón, cultura cubana ¿Usted qué piensa?

Baby Lores.

Baby Lores en la entrega de los Premios Lucas 2009. El reguettón también puede ser incorporado a nuestra cultura popular.

Por  Vladia Rubio y Armando Santana.— Por estos días, ciertos números de reggaetón han pasado a primer plano en el debate nacional, oportunidad para recordar que la Comisión parlamentaria de atención a la juventud, la niñez y la igualdad de derecho de la mujer analizara el pasado mes de julio el mismo tema, centrándose en determinadas letras, facturadas por grupos cubanos que distorsionan ante el mundo la imagen de las cubanas; en tanto otras, promueven la violencia.

En aquella oportunidad, Isabel Moya, directora de la Editorial de la Mujer, de la Federación de Mujeres Cubanas, presentó el tema y sentenció que los medios son espacios que socializan valores, producen ideología, y estos compiten hoy con productos que circulan en formatos de DVD, memorias flash e incluso, son promovidos por los propios trabajadores por cuenta propia, violando regulaciones ya establecidas.

La doctora Moya afirmó entonces que «están coexistiendo discursos contradictorios, se habla de los valores, y, por otra parte, hay una serie de propuestas que no tienen nada que ver con lo que tratamos de promover en los medios de comunicación cubanos».

Especial para Cubasí

Tomaron parte en aquel debate parlamentario representantes del Instituto Cubano de Radio y Televisión, del Instituto de la Música, de la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales e integrantes del secretariado de la Federación de Mujeres Cubanas, encabezadas por Yolanda Ferrer, miembro del Consejo de Estado y secretaria general de esa organización.

Como invitado al debate asistió asimismo Orlando Vistel, presidente del Instituto de la Música, quien protagonizó allí una de las más aplaudidas intervenciones, merecedora de ser reproducida por Cubasí:

«Es un tema de máxima actualidad y la máxima responsabilidad nos toca a los de Cultura, porque en el fondo estamos hablando de la cultura que nos identifica y nos define. En la medida en que nos apartemos de ciertos presupuestos culturales elementales, estamos arriesgando muchos; y a veces perdemos el pulso de la identidad en nuestro proyecto social.

«Solo podremos avanzar si cada uno asume el pedacito de Socialismo que le toca en esta tarea. Es una responsabilidad cultural.

«Todo el mundo dice “yo no tengo nada en contra del reggaetón”, yo sí tengo cosas en contra del reggaetón: en primer lugar, en contra del modo de vida reggaetonero, de sus modos de conducta, de vestir, de tatuarse y agujerarse el cuerpo.

«Y yo soy músico, además de presidente del Instituto de la Música, y puedo afirmar que no estamos hablando de un género, sino de un producto hecho en un laboratorio. Ha sido elaborado gota a gota para buscar un esquema rítmico de fácil elaboración y reiteración, que permita fijarlo. También con poca elaboración armónica, que la armonía es un segundo nivel del pensamiento musical, lo primero es el ritmo, la armonía es el revestimiento. Una armonía complicada es más difícil de fijar, por tanto, esta es elemental; y la melodía, de muy fácil reiteración, ayudada por textos con temas que no llevan a pensar y tienen ganchos elementales, desprovistos de imágenes profundas y que tienden al populismo.

«Si a esto le ponemos un celofán con elementos tímbricos de contemporaneidad, lo convertimos en un producto de fácil y rápida comercialización. Y así el reggaetón desplazó a la salsa del mercado.

«El reggaetón llega hoy con la tecnología del mp3, mp4, y se ha convertido en boom artístico en el mercado cultural, algo entre una intención de la industria del ocio y de las grandes transnacionales, que elimina hasta al disco.

«O sea, que no es un fenómeno ni tan sano, ni tan rudimentario, sino políticamente guiado, dirigido a nuestras repúblicas centroamericanas. En Europa se oye menos y está hecho para nuestro pobre tercer mundo, para convertirlo en cuarto mundo. Porque cuando se ve el modo de vida que proponen, está más para abajo del tercer mundo: drogas, sexo, violencia…»

Vistel volvió a retomar el tema, también como invitado a la Mesa Redonda dedicada a los desafíos de la cultura cubana en el momento actual. Respondiendo a preguntas de los televidentes sobre la calidad del video clip cubano, refirió que no es política de la institución que dirige ni del país promover audiovisuales de baja factura, y reprobó tales composiciones, entre ellas «El Chupi Chupi». A esta última la calificó de «horrible ejemplo» que «se coló por una fisura», porque tal video clip -puntualizó- no fue realizado por ninguna institución artística; el número había sido presentado a la EGREM y reprobado por esa disquera.

Abundó en que nuestras disqueras no graban ese tipo de música y desde hace nueve años son analizados en el Instituto de la Música todos los planes temáticos. No obstante, explicó que la propagación de las tecnologías facilita a particulares realizar grabaciones de óptima calidad, aun cuando no sea así en el caso del contenido.

Pero una cosa es grabar fuera de una disquera -aclaró-, y otra la difusión, que debe contribuir a que lo difundido se corresponda con la política musical, la cual no excluye géneros, sino chabacanerías.

En consecuencia con estas declaraciones, otras personalidades de la cultura cubana han expuesto con posterioridad sus criterios; entre los más recientes se hallan los de la Doctora María Córdova, Titular del Departamento de Musicología del Instituto Superior de Arte,  quien en artículo publicado en Granma, se preguntaba: «¿En dónde reside la mayor responsabilidad por la difusión, promoción y generalización de tales manifestaciones? Indudablemente, un creador, en primera instancia, puede expresarse como mejor considere, aun cuando su obra pudiera resultar socialmente irresponsable, así como artísticamente negativa. Ese tipo de creación que carece de calidad artística no debería generalizarse, y si ello sucede, considero que la mayor responsabilidad recae en los artistas y especialistas designados como mediadores entre los compositores y el público, tanto en la radio como en la TV».

En otro material difundido hoy por el sitio Cubadebate, su autora, Paquita Armas Fonseca, retoma aristas del debate que aconteciera  en la comisión parlamentaria, insistiendo ahora en el papel de la familia y en los valores que se difunden, ya no por los medios, sino por aquellos que, teniendo posibilidades, reproducen contenidos de muy mal gusto en ómnibus, escuelas, centros laborales y otros espacios públicos.

Cita una interesante intervención del escritor y crítico Rafel Grillo en una asamblea de la UNEAC, donde expuso: «no son la radio, la televisión, el cine, sus directivos, u orientaciones partidistas quienes están imponiendo el gusto en Cuba, son los vendedores de DVD que bajan por las antenas los programas, desde series hasta video clips, lo que luego ofertan, vendiendo o alquilando a quienes tienen un aparato para verlos, en su casa, rodeados de familiares, niños incluidos, sin que nadie cuestione la violencia o el sexo subido de tono».

Orlando Cruzata, entrevistado por Paquita Armas Fonseca, explica cómo en los años 90 «quienes más posibilidades económicas tenían de hacer video clips eran los salseros, ya después eso se estabilizó porque todo el mundo cobró conciencia de lo importante que era tener un video clip, tanto la televisión nacional como las disqueras, los músicos, y por supuesto, los realizadores».

Y más adelante expone: «Después vino el boom del reggaetón, que le sucede lo mismo, pero no es el mismo momento. Ya se hacen video clips de pop, de rock, de música bailable. Ahora se hacen muchos de reggaetón, aunque algunos no se ponen porque son muy primitivos, o son muy malas las letras, o son muy malos los videos».

A lo largo de las opiniones que el tema ha suscitado, se hacen evidentes las muchas aristas que lo conforman y comienzan a inquietar al público, realizadores y otros involucrados, e incluso saltaron ayer a las redes sociales en un debate digno de ser reproducido.

Entre las inquietudes expresadas en Twitter, blogs y otros espacios de la Red de Redes, figura el alto costo de producción que suele acompañar a esas obras, así como ciertos compromisos de difusión. A propósito, José Luis Cortés había ya comentado en una reciente entrevista al portal Cubasí: «Yo hice varios videos y se los he mostrado a mucha gente y creo que hay algunos que pueden ser presentados perfectamente en los Lucas. Sin embargo, me dicen que no, pues no tienen la calidad suficiente, y yo he visto en ese programa horrores.

«Me parece que no hay consideración al esfuerzo de los músicos, porque yo no tengo lo que cuesta pagar un video clip y ningún realizador hace los trabajos de gratis. Yo estoy por la cultura. A lo mejor en mis clips faltó el dolly o determinadas luces, pero creo que la historia de los videos está en talla.

«Además, los hice con cámaras de alta resolución. Creo que de cinco que hice, al menos debían poner uno, aunque no coja premio. Pero en los Lucas me dijeron que eran videos de palo».

El acercamiento al debate no concluye con este resumen, donde han quedado recogidos solo algunos de los tantos puntos de vista emitidos por estos días. Que sea ahora la voz del pueblo la que se apropie de este espacio para continuar enriqueciéndolo. Porque es de todos el convencimiento expresado por Abel Prieto, Ministro de Cultura, durante la Mesa Redonda ya citada: «La cultura es el alma de la nación, como afirmaba Fernando Ortiz, y eso es lo que está en juego, si nos equivocamos en términos de política cultural. Yo estoy absolutamente convencido de que no nos vamos a equivocar».

Publicado en Cubasí.cu
Otra visión: La fiebre de Reguettón

LA HABANA.  (REUTERS)- Para grabar su próximo éxito, El Micha, una estrella ascendente del reguetón cubano, sólo tiene que golpear la puerta del vecino.

Un micrófono enchufado a una vieja computadora, al final del pasillo insonorizado con cartones de huevos en un apartamento del Reparto Eléctrico, un suburbio obrero de La Habana, es el estudio donde el músico graba algunos de los reguetones más populares de Cuba.

“El reguetón es incontrolable porque se graba en las casas. Es totalmente independiente”, dice a Reuters Michael El Micha Sierra, un ex jugador de baloncesto de 27 años, con una enorme sonrisa de dientes de oro.

Sin mucho apoyo oficial ni espacio en las radios estatales, la música que los reguetoneros graban en estudios improvisados se transmite luego como una epidemia mediante discos caseros y memorias flash.

Y así la fiebre tropical del reguetón abrasa la Isla, haciendo delirar a los jóvenes y levantando ronchas a un “establishment” cultural alarmado por sus letras, a menudo vulgares como Coge mi tubo o Métela.

“El público cubano sabe de música y si eligió el reguetón hay que respetarlo. El pueblo manda”, opina El Micha.

El reguetón suena por la mañana en los autobuses, retumba en los vidrios del barrio y llena las discotecas noche tras noche. Sus golpes de pelvis están estremeciendo la cultura local.

¿Por qué gusta tanto? Porque habla de la calle, porque es pegajoso y porque a los cubanos les encanta bailar, dicen en la Isla.

Pecar de ingenuos

“No deben pecar de ingenuas en este asunto ni la escuela ni la familia”, advirtió hace poco la televisión estatal, mostrando a niños de seis años que imitaban a la estrella puertorriqueña del reguetón Daddy Yankee.

Fue la última señal de alarma sobre lo que las autoridades consideran una banalización de la cultura. El diario oficial Juventud Rebelde dijo que el reguetón era un reflejo del “pensamiento neoliberal” y el ministro de Cultura, Abel Prieto, propuso “empujarlo”.

“En el mundo de la cultura hay una preocupación por el exceso de avance del reguetón”, dijo a Reuters el presidente del Consejo Nacional de las Artes Escénicas, Julián González.

Pero en una discoteca de Guanabo, un balneario al este de La Habana, donde El Micha tocó un domingo reciente, Selene, una maestra infantil de 28 años, revolea frenéticamente la cintura.

“Es cierto, a veces el reguetón tiene letras vulgares, pero a mí me gusta. Lo disfruto, lo bailo, perreo”, dijo. “¿Qué esperan? ¿Qué la juventud baile danzón?”.

Sí. Algunos funcionarios han sugerido promover el danzón, son, casino y otros ritmos tradicionales para contener el avance del reguetón.

“Yo creo que declararle la guerra sería un error. No son tiempos de ese tipo de soluciones”, dijo González, del Consejo Nacional de las Artes Escénicas.

Y tiene razón, dijo la investigadora puertorriqueña Raquel Z. Rivera, editora del libro Reggaeton, publicado recientemente por Duke University Press. Los intentos por censurarlo en su país sólo aumentaron la popularidad.

“Las autoridades cubanas están molestas por las mismas razones que las autoridades en otros países: el reguetón tiende a ser híper sexual y a glorificar el consumismo y la moda”, dijo la socióloga del Center for Puerto Rican Studies, en el Hunter College en Nueva York.

Música independiente

Los reguetoneros cubanos dicen que los prejuicios mantienen cerradas las puertas de las disqueras y casi inaccesibles la radio y televisión. Su música no está en las tiendas. Aquí los fanáticos “queman” sus propios discos.

“En Cuba, el reguetón camina a golpe de piratería”, dice El Micha.

Un principiante graba por dos dólares la hora de estudio, copia los discos en casa y los reparte en las discotecas. Algunos hasta se hicieron famosos distribuyendo gratuitamente su música entre los taxistas.

Unos pocos arañaron la fama como Gente de Zona, Baby Lores o Kola Loca. Pero la mayoría se mueve debajo del radar, asomando los fines de semana para conciertos en discotecas estatales.

“El reguetón se mueve por la delgada línea que separa el mundo oficial y el independiente”, dijo Geoff Baker, un académico del Royal Holloway College de la University of London que investigó el tema en Cuba.

Incluso, artistas de géneros tradicionales, como la timba, están coqueteando ahora con el reguetón.

‘Pa’ gozar’

El reguetón cubano, dicen los músicos, tiene un “flow” diferente al de su pariente puertorriqueño e incorpora sonidos locales. Es además menos violento que el importado.

“Mis letras hablan de lo que vive la juventud, sin meterme en la política ni en nada, porque eso no tiene nada que ver conmigo. El reguetón es una música pa’ que la gente goce”, dice El Micha antes de subir al escenario.

Los trabajadores sociales del Centro Cultural de Guanabacoa descubrieron, por ejemplo, que el reguetón ayuda a levantar la autoestima de jóvenes que a menudo caminan por el filo de la legalidad.

En un tarde reciente, un trío todavía desconocido fuera de Guanabacoa ensayaba sus canciones en el sopor del gimnasio del Centro Cultural, donde a menudo el barrio entero se entrega al reguetón.

“Yo no tengo la culpa de que la gente nos quiera”, dice el estribillo de Gerente, uno de los hits de El Micha.

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