Batalla de Santa Clara, días de fuego y metralla

Che Guevara.

Che Guevara y Aleida March en Placetas, días antes de la trascendental batalla de Santa Clara.

Por Narciso Fernández Ramírez.— En diciembre de 1958, la dictadura de Fulgencio Batista —entronizada en el poder desde el Golpe de Estado de 1952— se caía en pedazos sacudida por los demoledores golpes del Ejército Rebelde, que, impetuoso, avanzaba hacia los llanos del país.

En La Habana, las conspiraciones militares se sucedían unas tras otras con el beneplácito de la embajada norteamericana en Cuba, que buscaba reeditar la fórmula de la mediación aplicada con éxito en 1933.

También se buscaban otras alternativas de emergencia, como la intervención en el conflicto por parte de la Organización de Estados Americanos (OEA) o el asesinato del Comandante en Jefe, Fidel Castro, en plena Sierra Maestra. Para este último propósito, el Buró Federal de Investigaciones (FBI) contrató por 10 mil dólares al agente norteamericano Robert Nye, quien fracasaría en el intento.

En Oriente, Fidel, Raúl y Almeida coordinaban acciones guerrilleras entre los tres frentes de lucha, y, poco a poco, iban dándole forma a la estrategia revolucionaria de asediar la ciudad de Santiago de Cuba para su ataque y toma definitiva.

Acá en Las Villas la situación era sumamente complicada. Por un lado, estaba la Columna 2 Antonio Maceo, del comandante Camilo Cienfuegos, acampada en la zona norte de la provincia, donde había establecido un nuevo frente guerrillero en coordinación con el Partido Socialista Popular (PSP). Ya por ese entonces, Camilo había desechado la Operación Caja de Tabaco, previamente coordinada con la dirección provincial del PSP, que dirigía Arnaldo Milián, que los trasladaría a Pinar del Río ocultos en dos rastras camufladas.

Mientras tanto, el Che Guevara cumplía con acierto la orden de Fidel de asumir el mando de todas las fuerzas que operaban en Las Villas y daba pasos favorables en función de la unidad revolucionaria. Unidad que, con la firma del Pacto de El Pedrero, el 1o. de diciembre, tuvo un momento clave al integrar bajo su mando los esfuerzos conjuntos del M-26-7, del DR-13 de Marzo y del Partido Socialista Popular. Solo el Segundo Frente del Escambray, dirigido por Eloy Gu­tiérrez Menoyo, mantuvo una posición antiu­nitaria y abiertamente contrarre­volu­cio­naria, y se replegó hacia el sur del macizo monta­ñoso.

La ofensiva rebelde decretada por el Comandante Guevara en el Frente de Las Villas cobraba forma cada día. El 9 intercambiaron por radio los jefes de las dos columnas invasoras. El Che auguró que a la dictadura le quedaba poco y anunció su plan de atacar a Santa Clara. Cuatro días más tarde, el 13, planteó en una entrevista: «Estimo necesario y vital dejar incomunicado el occidente con el oriente y estimo que la ciudad de Santa Clara está virtualmente en nuestras manos, cuando realmente se haga una ofensiva de todos los factores revolucionarios agrupados».

El 16 de diciembre fueron ejecutadas dos importantes acciones revolucionarias. Soldados del Che, bajo el mando del capitán Rogelio Acevedo, derribaron el puente de hierro de Falcón y cortaron en dos la Isla. Mientras, otra tropa rebelde, esta del DR-13 de Marzo, dirigida por el comandante Faure Chomón Mediavilla, ocupó el poblado de Báez.

El 17, Santa Clara sería conmocionada por una acción comando casi suicida del DR-13 de Marzo, que liberó de la Audiencia, en donde era juzgado, a Joaquín Milanés, el Magnífico. En esa demostración de audacia, de gran resonancia local, murió el capitán Ramón González Coro.

El 20 de diciembre, Camilo tuvo un encuentro en Purpurí, Camajuaní, con un teniente de Batista de apellido Casamayor —apodado el Látigo Negro—, quien falleció junto a otro militar. Ese día 20 y el 21 tuvo lugar en el poblado remediano de General Carrillo la Plenaria Azucarera en Armas, cónclave en el cual participaron más de 800 obreros y que brindó un apoyo incondicional a la Revolución.

El 21, Camilo atacó y tomó Zulueta, en un combate que duró unas 12 horas. El médico del pueblo, Dr. Mortera, fue el que pactó las condiciones de rendición con las tropas enemigas. También ese propio día, el Señor de la Vanguardia, como lo bautizara el Che, inició el asedio de diez días del cuartel de Yaguajay. Mientras, de manera simultánea, otros soldados del Comandante Guevara atacaban a Guayos y Cabaiguán, en la actual provincia de Sancti Spíritus.

La ofensiva revolucionaria tuvo entonces de punta de mira a Placetas. Su ataque y toma se concretaron el 23 de diciembre. Allí, el Che dio una nueva prueba de su proverbial arrojo y temeridad cuando, en acción comando, corrió al descampado por el puente de los elevados y neutralizó una ametralladora que hacía mucho daño a los rebeldes.

El propio día 23, tropas del DR-13 de Marzo, dirigidas por el comandante Faure Cho­món, tomaron el montañoso poblado de Ma­nicaragua, y acentuaron la incomunicación del enemigo hacia el este del país.

En Placetas liberada, el Che ordenó al comandante Víctor Bordón Machado marchar hacia el centro-sur de la provincia y, como misión principal, destruir el puente sobre el río Sagua la Grande, en las inmediaciones de Santo Domingo. La idea estratégica del comandante Guevara pretendía evitar todo refuerzo de tropas provenientes de La Habana o detener al enemigo que intentara retirarse de Santa Clara. Un importante cometido que el hijo de Quemado de Güines cumpliría.

El 24 y 25, días de Nochebuena y Navidad, hombres del Che Guevara atacaron y tomaron otras dos importantes localidades de la actual Villa Clara: Remedios y Caibarién; en la Villa Blanca, con fuerzas combinadas de la Co­lumna 2 Antonio Maceo.

Las condiciones estaban ya creadas para atacar a la ciudad más importante del centro de la Isla: Santa Clara. Un vital nudo de comunicaciones, donde Batista tenía concentrada una dotación de más de 10 mil soldados. Por entonces, las fuerzas rebeldes no superaban la cifra de 300 hombres, pero eran dueños del campo de operaciones y en sus manos estaba la ofensiva en las acciones.

La noche del 27 de diciembre, a la tenue luz de unas velas, al carecer la ciudad de Placetas de luz eléctrica, el jefe rebelde preparó desde el hotel Las Tullerías el asalto final a la cabecera provincial. Ernesto Guevara calculó un mes, como mínimo, para poder ocu­parla. Le bastarían apenas cinco días.
Del instante de esa decisión, escribiría años más tarde el propio Che: «Al retirarse el enemigo de Camajuaní sin ofrecer resistencia, quedamos listos para el asalto definitivo a la capital de la provincia de Las Villas. (Santa Clara es el eje del llano central de la isla, con 150.000 habitantes, centro ferroviario y de todas las comunicaciones del país.) Está rodeada por pequeños cerros pelados, los que estaban tomados previamente por las tropas de la dictadura».

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