La Ceibita, símbolo de libertad en Santa Clara

La Ceibita señala el sitio por donde penetró el Ejército Libertador en Santa Clara, en la última guerra contra el colonialismo español.

Por Luz María Martínez.— Una ceiba, ubicada en la Carretera Central, dentro de  Santa Clara, alrededor de la cual circula toda suerte de vehículos, señala el sitio por donde penetró el Ejército Libertador a la ciudad, en la última guerra contra el colonialismo español.

Ese árbol, conocido como el coloso de los campos de Cuba, se encuentra protegido por muros y sirve de referencia a los pobladores de la urbe, para la localización de una zona, situada en el perímetro urbano.

La «Ceibita»– como le llaman los pobladores de la central localidad- resulta mucho más que una  señal citadina, pues forma parte de la historia, devenida símbolo del amor de los cubanos por la independencia y la libertad.

Durante los últimos años del siglo XIX, cuando los nacidos en esta Isla desarrollaban una guerra por la emancipación, organizada por José Martí e iniciada en 1895, el gobierno español reforzaba sus defensas en Santa Clara, importante plaza militar.

Entonces, el plan incluía circunvalar  la urbe con una gran alambrada, para evitar la entrada de los insurrectos que peleaban en los campos.

No obstante tal precaución, las cercas fueron burladas en incontables oportunidades, cortadas al finalizar la contienda, y hoy se guarda con celo el lugar donde crece el vegetal, por donde penetró  entonces el Ejército Libertador.

Tanto, desde dentro de la urbe como en sentido inverso, el vallado no significó un obstáculo para el apoyo a los insurrectos.

Terminada la contienda armada, la  alambrada se convirtió en dolor de cabeza para el gobierno local que no podía hacer nada  con ella, ni encontrar comprador interesado, sin embargo el árbol original y su sucesor perpetuaron la imagen de los cubanos  contra las rejas de la opresión.

El simbolismo del paraje está reforzado por la Ceiba,  que en Cuba nunca se corta por la  creencia de que provoca mala suerte.

Capaz de vivir 200 años, esa planta no atrae rayos, porque su copa tiene forma de sombrilla, ni la derriban los huracanes, gracias a la flexibilidad de las ramas y la fortaleza de sus raíces.

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