JOSÉ ANTONIO FULGUEIRAS: “Lo que quiero es que la gente me lea”

Hombres de negro.

Los hombres de negro, de José Antonio Fulgueiras, será presentado por su autor en la Feria Internacional del Libro.

Por Celia Medina LLanusa.— Desde el humor, José Antonio Fulgueiras atrae a la audiencia: una frase graciosa o una imagen ocurrente despiertan con facilidad la risa entre los que atienden la conversación ágil e imprevisible de este periodista villaclareño que propone descubrir el universo complejo y fascinante de los árbitros cubanos de béisbol a través del título Los hombres de negro.

Las formas escogidas por el autor para este libro –el testimonio, la entrevista, la anécdota simpática, controvertida, inverosímil a veces– van muy a tono con la manera desenfadada con que Fulgueiras habla sobre este proyecto, reconocido en el 2009 con el Premio Memoria del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau . Y es que luego de varios altercados con algunos ampayas, con el paso del tiempo, este reportero, que considera la crónica como su mejor lanzamiento y habla en claves de béisbol, resolvió mostrar al público cubano –tan apasionado en sus juicios, sobre todo si de defender a su equipo se trata– el tremendo fardo de injusticias y soledades que lleva consigo la labor arbitral. El diálogo comienza entonces cargado de interrogantes en torno al nuevo volumen, que propicia los más variados comentarios desde su presentación en Villa Clara y que adopta interesantes matices por estos días, con la celebración de la 51 Serie Nacional.

¿Por qué escoges a los árbitros de béisbol como material de estudio en Los hombres de negro?

“En una ocasión les hice una crítica a los árbitros y ellos me expulsaron, debo haber sido el primer periodista que sacaron de un terreno, creo que no se ha dado más el caso. Pero con el paso del tiempo las perspectivas cambian, y un día andaba con César Valdés –un árbitro excelente que es amigo mío– y le dije que les iba a hacer un libro a los ampayas, un poco para zanjar eso. Y empecé a trabajar con ellos, a entrevistarlos. A medida que el proceso iba avanzando, me inserté en ese mundo difícil y me solidaricé con ellos”.

Decía que lo expulsaron del estadio…

“En ese entonces tenía una sección muy interesante que nunca se había hecho antes en Cuba, que se llamaba Desde la cueva, donde contaba sobre lo que sucedía dentro de un banco (dugout) de béisbol, qué es lo que dice un pelotero cuando da un jonrón, qué le dice el entrenador cuando se poncha. Eso no lo ve el espectador, no sale por la televisión. Es un mundo muy cerrado e interesante,

En una ocasión hubo un out en home de Lourdes Gurriel y yo publiqué en el diario Vanguardia –que salía diario– que la jugada había sido un quieto más grande que el 12 Plantas, el edificio donde vivo, que queda frente al Augusto César Sandino en Santa Clara (por eso le digo a la gente que el béisbol me llega muy de cerca, y piensan que fui un gran pelotero, pero lo cierto es que nunca jugué, lo que pasa es que vivo casi al lado del estadio).

Bueno, siguiendo con la anécdota, a los árbitros les molestó esa nota. En el próximo juego Mongo Vélez, ya fallecido, esperó al segundo inning y fue para allá y me dijo: “usted, fuera”. Y empezó la gente a chiflar –porque yo soy una persona muy conocida allá en Santa Clara–, pero al final me botaron.

Llegué al periódico y le conté a mi jefe Roberto González Quesada –el mejor periodista que ha dado Villa Clara–, que habían acabado conmigo. Él me dio luz verde para hacer un trabajo, donde puse que los árbitros ganaban más que los médicos que hacían trasplantes de corazón y que eran altamente ineficientes.

Ellos se molestaron muchísimo, fueron a buscarme al albergue, me querían linchar. Finalmente nos reunimos en el periódico y empezó la discusión, me dijeron neófito y un millón de cosas más. Luego de un buen rato llegó Aldo Madruga, que era corresponsal de Granma, diciendo que lo habían llamado del Comité Central porque habían profanado a un periodista, y ahí terminó aquella reunión”.

Luego de estos desencuentros con los ampayas no debe haber sido fácil el proceso de recopilación de material para este libro,

“No, la interacción fue muy buena, y mira que yo tengo muchísimas anécdotas con los árbitros de béisbol. Por otro lado, a veces uno hace una entrevista y si no tiene cosas interesantes pierde la motivación por continuar indagando, pero estos encuentros fueron todos reveladores”.

En el prólogo, el escritor Yamil Díaz dice que “al final no son contrarias, ni siquiera demasiado diferentes, la labor del periodista y la del árbitro”.

“Efectivamente: el pelotero está muy bien con un ampaya siempre que este no tome una decisión que lo desfavorezca, y con el periodista sucede lo mismo: mientras hables bien de ellos, todo va perfecto, pero si los criticas, se molestan contigo, se distancian”.

¿Qué estrategias comunicativas utilizó en la concepción de este volumen?

“Yo vengo al periodismo como poeta campesino, como repentista. Pedro Hernández, mi director, siempre me entusiasmó para hacer crónica, que es, como digo yo, el mejor lanzamiento que tengo, que lleva mucho de poesía, a mi juicio. Y esa experiencia la llevé a Los hombres…

El humorismo también es una cosa que me gusta trabajar. Las secciones “Limpiando el plato” son, por ejemplo, las que más la gente me comenta, quizás por sus elementos humorísticos. Cuando una crónica es muy emotiva, desgarradora, salgo con estas historias, que presentan una situación cómica, simpática, y es que cuando hay tirantez en un juego los ampayas limpian el plato, para dar una pausa a las tensiones, a las emociones de los jugadores y del público, y eso es lo que busco también en el libro.

Además, yo escucho mucho al lector, converso con la gente. Tengo un amigo que hacía poesía y yo le pregunté que a cuántas novias había ligado con sus poemas, y me dijo que a ninguna, y le respondí que no hiciera más poesía, ¿para qué si nadie las entiende y para nada sirven?  Por eso mi búsqueda va por escuchar a los lectores, al pueblo, por caminar a ver qué le preocupa, qué le interesa. Yo no quiero pasar a la posteridad por tratar temas muy encumbrados o por usar de una forma muy sofisticada el lenguaje; yo lo que quiero es que la gente me lea”

Sin embargo, elige como protagonistas en este texto a personajes, por lo general, poco populares.

“Sí, pero tienen público; contrario, pero tienen. Fíjate: son los únicos actores que antes de comenzar la función el público les grita, sin saber si lo van a hacer bien o mal”.

Fuente: Centro Pablo de la Torriente Brau

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