CENSO 2012: En Cuba todos contamos

Desde el 15 al 24 de septiembre.

Por Yoelvis Lázaro Moreno.— Por estos días Cuba se examinará de punta a cabo. Cientos de comunidades y asentamientos a lo largo y ancho de la Isla viven el ajetreo de una gestión de búsqueda y acopio de información, que, sin excep­ciones ni tratos diferenciados, se interesa por aproximarse a todos, desde la abuelita, el campesino, el recién nacido, la divorciada, el universitario, el exrecluso, hasta el obrero y el ama de casa. No existen salvedades, la intención es que contemos por igual.

Como parte del decimoctavo Censo Nacional de Población y Vivienda, que se desarrollará desde hoy y hasta el próximo día 24, miles de estudiantes universitarios han postergado el inicio de sus clases en este septiembre con el propósito de ayudar a tomarle el pulso estadístico a nuestra población, de lo que podrán inferirse no pocos comportamientos y tendencias de la Cuba de hoy, situada en una coordenada crucial para el empuje de ciertos engranajes económicos, e inmersa en la progresiva implementación de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución.

Como bien se ha referido en varios espacios televisivos y radiales, este muestreo —cuarto que tiene lugar en el período revolucionario— constituye un acontecimiento trascendente y oportuno para la actualización de la situación demográfica del país, al permitir estar al tanto y constatar en la práctica elementos tipificadores de los cubanos: cuántos somos, cómo vivimos, en qué trabajamos, qué nivel de escolaridad hemos alcanzado, y muchas otras variables que buscan conformar una radiografía completa de la Isla y su gente.

Para que se tenga una idea de la relevancia de este evento al que asistiremos por más de una semana, vale referir que el conocimiento de la población ha interesado históricamente a gobernantes, filósofos y estadistas, quienes, desde la perspectiva del poder y la supervivencia de la sociedad, han expresado su inquietud por lo numérico, ya que les preocupaba sobremanera saber a cuánta gente se extendía su autoridad, cuántos eran los que pagaban impuestos, o cuántos trabajadores y soldados potenciales tenían con ellos.

De ahí que no sea difícil inferir que un estudio demográfico pone el énfasis en el aspecto cuantitativo como base, buscando tamaño, composición, distribución espacial, crecimiento, estructura y evolución; pero sin olvidar su relación recíproca con la economía, la historia y la cultura.

Por ello, en la medida en que ayudemos a facilitar el trabajo a los encuestadores, cooperemos con su intención de cuantificarlo todo con el mayor rigor y les brindemos una información veraz, ordenada y clara, tendremos como resultante un balance de cifras que por sí solas podrá identificarnos, autenti­ficarnos y servir de punto de partida para el quehacer inves­tigativo de otras materias y áreas del saber.

Es oportuno recordar que la población mundial arribó en octubre del 2011 a los 7 mil millones de habitantes, valor trascendente si se tiene en consideración que ese crecimiento poblacional no ha ocurrido de la misma forma en todas las regiones ni bajo las mismas con­dicionantes sociales y económicas. Así, se ha experimentado un acelerado crecimiento, básicamente durante el pasado siglo xx e inicios del presente milenio, que se traduce en el hecho de que cada vez se requiere un número menor de años para incrementar en mil millones la cifra de personas que habitan el planeta.

Sin embargo, en la Mayor de las Antillas, de acuerdo con datos ofrecidos en el curso de Universidad para Todos sobre las características socio­demográficas, se evidencia una disminución del crecimiento natural, proceso en el cual la mortalidad permanece cons­­tante y la natalidad declina, algo que viene observándose desde el Censo realizado en 2002.

No deja de llamar la atención que, a escala global, las perspectivas de la población cifra grandes desafíos para casi todos los países, especialmente los subdesarrollados, en términos de atención a grupos vulnerables como los jóvenes, las mujeres y los ancianos, la disminución y erradicación de la pobreza, la conservación del medio ambiente y, en general, la elevación sistemática de la calidad de vida de toda la sociedad.

Habrá que esperar hacia dónde apunta este nuevo examen, cuánto hemos evolucionado desde hace diez años, más allá de lo que sistemáticamente se puede deducir de lo computado en los registros de estadísticas continuas. Un censo busca ser conteo preciso, fijo y fiable de un momento, y su eficacia, si bien depende de factores científicos y humanos, se decide de cierta manera en la base, en ese espacio donde, por estos días, todos estamos llamados a contar.

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