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EVOCACIÓN DE SOFONÍAS

Los fundadores del Grupo Sofonías, en una foto tomada en Guatemala, 1994.Este año 2009, marca el aniversario 30 de la fundación de una Organización No Gubernamental, GRUPO SOFONÍAS —con sede en Suiza, y ramificaciones en América Latina y África—, cuyo aporte a la ecología, al medioambiente, al desarrollo de EcoMateriales y al hábitat sostenible, rebasa hoy con creces los propósitos que animaron en aquel lejano 1979 a sus creadores, dos parejas en la vida, Kurt Rhyner y Kathryn Pozac; y Martín Meléndez e Isabel Torres.

Y como es época de recuento, también quiero recordar en mi blog que a finales de la década del 90, hace ya más de veinte años, comencé un intenso período de trabajo en la línea de publicaciones, bajo la orientación en Cuba de Fernando Martirena, quien en el Centro de Investigaciones y Desarrollo de Materiales de la Construcción (CIDEM) de la Universidad Central de Las Villas, dirigía los proyectos de EcoMateriales, fundamentalmente el cemento puzzolánico CP-40 y la teja de MicroConcreto (TMC).

Mi incorporación en calidad de redactor y diseñador gráfico, significó una gran experiencia profesional, así como una enriquecedora escuela, al compartir desde mi humilde puesto, con un experimentado equipo multinacional de redactores —encabezado por Kathryn Pozac—, a través de la Red EcoSur para el Hábitat Ecológico y Económico, creada varios años antes. Y uno de los primeros proyectos en los cuales tomé parte fue el diseño del libro De desastre a Dignidad, un poético volumen donde se sintetizaban los veinte años del Grupo.

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EVOCACIÓN AL CHE

Monseñor Carlos Manuel de Céspedes.Breve aproximación personal al Che Guevara

Por Monseñor Carlos Manuel de Céspedes García-Menocal*


Era costumbre del Papa Juan Pablo II viajar acompañado por periodistas que, luego, reportarían el viaje. Durante el vuelo, en algún momento, el Papa pasaba a la cabina ocupada por los periodistas y hablaba un rato con ellos. Le preguntaban habitualmente no solo sobre ese viaje, sino también sobre casi todo lo humano y lo divino que les interesase en ese momento. En la anécdota que voy a referir, se trataba de un viaje a África —Juan Pablo II realizó varios a ese continente—, hacia finales de la década de los ochenta o a inicios de la de los noventa. Ya en esos años se especulaba acerca de una posible visita de Juan Pablo II a Cuba. Se vino a concretar en enero de 1998. En algún periódico o revista de entonces, leí lo siguiente que, ahora, trato de reconstruir, fiado a mi memoria.

En la cabina aérea se había hablado ya de la descolonización de los países africanos, relativamente reciente entonces. Si se tocaba ese tema, resultaba casi ineludible referirse, de algún modo, a Cuba y al Che, uno de los protagonistas de ese proceso. La pregunta fue directa: «¿Qué opina Su Santidad sobre el Che?». Según el artículo que entonces leí, el Papa habría guardado un silencio reflexivo durante algunos instantes. Lo rompió diciendo, con sencillez iluminadora: «No lo conozco a fondo, pero sé que se preocupó por los pobres. Consecuentemente, merece mi respeto». Me doy cuenta de que el juicio de Juan Pablo II me condujo a una aproximación más justa acerca del Che. A la hora de juzgar los hechos de una persona, no deberíamos eludir las motivaciones que tuvo para realizarlos, para asumir una actitud ante la vida. El Che no es una excepción. Una cosa son los excesos que podría haber cometido en el marco de esa «preocupación», y otra, de muy diverso carácter, las que cometen hombres y grupos por las sinrazones del egoísmo y la ambición desmesurada.


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