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MEROLICOS DEL DISEÑO GRÁFICO Y LA FOTOGRAFÍA

Tarjeta postal producida por merolico.Hace ya algún tiempo, un amigo que recién estrenaba su PC, me pedía que le enseñara un poco de computación y lo adentrara en algún software para realizar algunas tareas de diseño gráfico y ganarse así la vida. Estaba pensando él en hacer diplomas, publicidad, montajes fotográficos, edición de vídeos para quince y bodas… todo muy de moda en Cuba en estos días —puede ser que también en otras partes del mundo—, y que reporta cuantiosos dividendos con un buen marketing de por medio.

Este hecho, desgraciadamente, ocurre con bastante frecuencia por estos lares… Para algunos la fórmula es infalible: comprar una PC y una cámara digital, aprender lo elemental de Windows, instalar Photoshop, usar algunas herramientas de recorte, descargar fondos de internet y fotos de artistas famosos… y ya está todo listo para inmiscuirse en una profesión en la cual no ha recibido ninguna o poca preparación técnica ni teórica. Ya estamos ante el merolico* del diseño y la fotografía, que inmediatamente es aupado por el mal gusto de clientes dispuestos a recibir más de lo mismo.

No es de extrañar entonces la abundancia de productos gráficos de dudosa calidad estética y técnica, sin ninguna intencionalidad en el mensaje, cargados de efectos, extrusiones, luces y sombras, estrellitas y globitos de todos los colores, siluetas mal recortadas y peor pegadas sobre fondos cada vez más inverosímiles… un verdadero kitsch digital que inunda por igual presentaciones de tesis, tarjetas postales, vídeos de familia, álbumes fotográficos, y peor aún, algunas piezas de diseño de las cuales esperaríamos mayor rigor profesional.

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DISEÑADOR Y SOFTWARE

Diseñadores gráficos del periódico Vanguardia, tal como se hacía en la década de los 70.Lejana en el tiempo para algunos, casi desconocida para otros, la imagen de aquel diseñador gráfico rodeado de reglas, cartabones, compases, centropens y lápices, diagramando en su buró sobre pautas de formato; o tipómetro en mano, corriendo de la redacción hasta los talleres de composición a revisar sus páginas —calculadas previamente para que ajustaran con la máxima precisión— convertidas en plomo y encuadradas por férreas ramas alineadas sobre mesas también de metal, ha pasado definitivamente a la historia.

Parece imposible que con herramientas tales se crearan las obras gráficas más importantes del siglo XX, y sentado las bases conceptuales y técnicas sobre las cuales se erige el diseño moderno. Y es que la computadora está ocupando desde hace varias décadas un lugar privilegiado, no sólo en el buró del diseñador, sino en todo su entorno: desde las redacciones tradicionales de periódicos y revistas, las oficinas de directores y editores, los laboratorios fotográficos y las imprentas, hasta los «misteriosos» recintos donde se programan y conciben los sitios web y páginas digitales, con sus infinitas posiblidades interactivas, multimediáticas y globalizadoras.

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