DE SANTA CLARA, EL MEJUNJE: UN ESPACIO DE TOLERANCIA Y CULTURA

El Mejunje, un espacio de tolerancia homosexual en el centro de Cuba.
En el mismo centro de Santa Clara se erige desde hace veinticinco años —cuando era poco común hablar de tolerancia y derechos de los homosexuales en Cuba, y aún en otras partes del mundo— un centro cultural sui generis: El Mejunje. Nació así, y sigue siendo un sitio de encuentro para tolerantes y homosexuales. Pero hay algo más: aquí puedes encontrar un show de travestis, pero también una sesión de nueva trova, una noche de boleros, una buena obra de teatro, un concierto o un espectáculo para niños. De ahí el carácter tan abarcador de su propuesta cultural.

El Mejunje también da cabida a shows de travestis desde hace más de dos décadas.Martha Abreu dejó de ser para Santa Clara una calle sagrada. Las mismas esquinas que nacen en una esquina del Parque —así lo decribe Félix López en una crónica para Juventud Rebelde— conducen por igual a la iglesia y al Mejunje. Entre quienes dejan el centro de la ciudad buscando el paradero de los coches o el ancho portón de la Catedral, se distinguen aquellos transeúntes de ropas entalladas, miradas tímidas y gestos afeminados. Ante los ojos inquisidores de los que esperan el ómnibus o cruzan en sus autos, se detienen ante la pared mural donde se mezclan, en un escándalo de colores, lenguas con fuego, crucifijos, santos y güijes.

A esa casa en ruinas no hay ley que le limite la entrada. Solo una sentencia regula la elección voluntaria de su público: “Nadie, si presume de Dios, toque a mi puerta”.

El Centro Cultural ideado y fundado por Silverio celebra el 26 de enero su aniversario 25 en medio de múltiples actividades y espectáculos con carácter de especiales…

Los espacios habituales que allí suceden han realizado en estos días presentaciones especiales, como El bombín de Barreto –protagonizado por el Club del Danzón; el Guateque campesino dominical, con la agrupación Cocodrilo Verde; el Gran Tambor del Grupo folklórico Oché, dedicado al cuarto de siglo del Mejunje, y toda la programación del Festival Longina, que halló magnífico público y variada selección artística donde suele ocurrir el fenómeno trovadoresco más prominente de la isla: La Trovuntivitis.

El Mejunje, en Santa Clara.Aún faltan momentos de homenaje, entre ellos a Los Fakires —quienes llevan 14 años protagonizando El viernes de la Buena Suerte—; sucederán espectáculos de travestis, algo que ha caracterizado a esta plaza desde su fundación, habrá reposiciones del Grupo teatral Mejunje, se anuncian los conciertos de Frank Delgado y Carlos Varela, más la actuación de compañías invitadas que se unirán para recordar el Día del Teatro Cubano.

El Mejunje se concibe —dando crédito y razón a su nombre— como algo diverso e informal: alguien llega y dice un poema, se presenta un libro, se organiza un concierto de rock, los domingos muy temprano entran no menos de cien niños. Anualmente se reúne aquí lo mejor del teatro de pequeño formato del país en un evento único.

Este sitio único le nació a Santa Clara a contracorriente en medio de los años ochenta, derivó por la ciudad como un Sebastián, asaeteado por detractores con poder y otros gratuitos –que no le faltan– hasta asentarse definitivamente en las hermosas ruinas que hoy lo protegen en la Calle Marta Abreu No. 12; los rebeldes empeños de un hombre completamente bueno llamado Ramón Silverio lograron el apoyo e interés sincero del gobierno, que ya subiendo los noventa, se eligió en la ciudad, y también de las últimas generaciones de dirigentes culturales.

Por El Mejunje también han pasado el Ballet Nacional de Cuba, la Opera, el Folclórico, Elena Burke, Miguel Barnet, Zaida del Río, Rosita Fornés, Vicente y Santiago Feliú, Pablo Armando Fernández, Abel Prieto, Bobby Carcasés, Lina de Feria, Vicente Revuelta, Gema Corredera, Carlos Varela, Luis Carbonell, Sergio Corrieri, Sara González, Verónica Lynn y tantos que no es posible guardar en la memoria humana. La entrañable Conchita Fernández no sólo fue visita frecuente sino que recomendaba a todo el que viniera a Santa Clara llegar a El Mejunje.

Unos vienen a dar su arte, otros a aportar desde esa posición llamada público, porque es que en El Mejunje ocurre una situación particular —Omar Valiño, Verónica Lynn o Ramiro Guerra, por ejemplo, no me dejarían mentir— y es que el artista pone sólo la mitad del hecho cultural, la otra parte la completa el público lográndose una interacción sui géneris. En este lugar no hay horarios límites, Silverio siempre alerta que el que se va peca, usted nunca sabe que va a pasar después, quién puede llegar, hasta donde subirá el in cressendo espiritual, y sólo un público creador puede garantizar tan intensa estancia.

El Mejunje está en “provincia” pero no es provincial ni provinciano, no es raro encontrar cualquier día, o noche, sencillamente confundido entre el público, a algún ministro cubano, un funcionario de la UNESCO o de algún lejano país.

Los artistas llegan casi siempre con la luna ya alta y no pocos se ofrecen gratuitamente después de sus actuaciones programadas en otros centros. En El Mejunje entran todos, sin excepción, incluso los extranjeros, se cobra 1 ó 2 pesos, salvo en eventos extraordinarios y siempre en moneda nacional.

Si usted viene a Santa Clara esté atento, que todas las noches en la calle Marta Abreu, muy cerca de donde se venden flores, se abre una puerta y un amigo completamente bueno, sencillo, sin ceremonias, vacía los bolsillos de su corazón y nos convida a pasar a coronar el alba. (Alexis Castañeda Pérez de Alejo)

Ramón Silverio contó así a Félix López, los orígentes de El Mejunje:

Bastaron dos toques. Flaco, alto, encorvado y decente, Ramón Silverio me invitó a pasar a lo que antes fue una suntuosa casa colonial. Entre los ladrillos desnudos, árboles salidos de los cimientos, epitafios de bohemios poetas, neumáticos de camiones…, y sentado sobre un viejo y solitario sillón —una vez más— contó su historia.

“El Mejunje comenzó siendo y es un proyecto cultural. Cuando el Gobierno de la ciudad nos entregó el primer inmueble, tuvimos la intención de dedicar cada noche a “velar” a una personalidad ausente de nuestra cultura; y al finalizar la noche, sacaríamos el ataúd y realizaríamos una peregrinación por el Parque Vidal y sus alrededores… No fue más que una idea, porque algunos burócratas comenzaron a ver fantasmas y terminamos por perder hasta el local.

“Me llevé a toda aquella gente a mi casa, e inventamos una peña. Allí repartía una infusión de hierbas, y alguna de aquellas noches a alguien se le ocurrió bautizarla como “el mejunje de Silverio”. El nombre se quedó para siempre. Después de tocar aquí y allá, de persistir ante sordos y funcionarios, apareció la casa de Marta Abreu. Que estuviese en ruinas no nos importó tanto, también tiene sus encantos. Pero estaba llena de escombros y era una suerte de vertedero del barrio. Trabajamos ciegamente para construirnos este paraíso”.

—¿Un club “gay”?
—”Sabíamos que si lo proclamábamos como un sitio exclusivo de homosexuales no lograríamos otra cosa que marginarnos más. Durante mucho tiempo este lugar estuvo marcado en toda la ciudad como la cueva de los maricones. Lo cierto es que aquí viene todo el mundo, y siempre hemos tenido a un público mayoritariamente homosexual, asociado a los proyectos culturales. Claro, no todos son personas cultas. Una cosa es la opción cultural y la otra encontrar un sitio que no sea discriminatorio para dos personas de un mismo sexo que constituyan pareja. Esos últimos están cansados de lo rígido y llegan buscando libertad, espontaneidad”.

—¿Haber logrado este espacio es como una suerte de reivindicación social…?
—”Para ser justos, no podría comparar lo que está sucediendo hoy en Santa Clara con otros lugares del país. Aunque aún quedan muchas personas soñando con incendiar el Mejunje, en esta ciudad se ha demostrado que puede haber respeto por los homosexuales. Hace unos años, si la policía intervenía en una bronca entre un guapo y un maricón, terminaba por soltar únicamente al primero…”.

—Usted habla de un proyecto cultural, ¿arte para homosexuales?
—”El Mejunje es un centro promotor de arte, de buen Arte. No hacemos concesiones al gusto, ni montamos espectáculos para homosexuales. Ya son conocidos en todo el país nuestros Festivales de Teatro. Además de estar asociados al Consejo Provincial de las Artes Escénicas, servimos de sede a proyectos teatrales y cada domingo, en las mañanas, un enjambre de niños revolotea en este patio, felices con las funciones del Guiñol”.

—¿Podríamos decir que el Mejunje ha sacado del anonimato a muchos homosexuales…?
—”Ha despertado la autenticidad de muchos. No es un fenómeno fácil. Vivimos en una sociedad que por herencia es machista. Los que se han dado a respetar hoy vienen hasta con sus parejas y todo el mundo los acepta. También hay que reconocer que, aunque a nivel de Estado, no existe una política que discrimine al homosexual, sí está presente en la sociedad. Ese es el motivo de tanta doble moral que anda agazapada por ahí, y de que muchos no acaben de asumirse como lo que son”.

El Mejunje se entrega a la noche con todos sus precios: blancos, negros, parejas, solitarios, jóvenes y otros no tanto se desdoblan para llegar a la madrugada siendo ellos mismos. Sobre un viejo neumático cabe el enfermo de SIDA, el atónito turista español y el curioso que entró para despejar comentarios y dudas.

Un poco de todo

“El Mejunje” es tal vez el único sitio de Cuba que ha logrado nuclear a todos sin excepción, desde abuelos amantes del bolero hasta espectáculos travestis, incluyendo festivales de roqueros y actividades infantiles, reseña el corresponsal de BBCmundo en Cuba.

“Para nada es un club gay, aunque no quiere decir que no haya gays y travestis, es un lugar donde todo el mundo se acerca. No me interesó nunca hacer un club gay porque eso solo crearía guetos y apartaría a la gente”, nos explica Silverio.

Sin embargo no es menos cierto que es uno de los pocos lugares públicos donde gays y travestis tienen cabida y sobre todo donde pueden compartir con otras personas de diferentes tendencias sexuales.

Silverio nos relata que “así avanzamos, demostrando que en eso no hay nada malsano, que esa es la sociedad, que el mundo es ese, que esa gente, la que hace al país, los que trabajan, los que están en las universidades, los médicos”.

Agrega que “en una sociedad integradora tenemos que trabajar por integrar. Yo siempre he tenido muy presente el pensamiento martiano ‘con todos y por el bien de todos’ y ahí están todos”.

“Es un lugar magnífico, libre y espectacular”, nos dice en “El Mejunje” Yaikiel Cintras mientras que Kalia Domínguez nos explica que “es el único lugar que tiene un precio asequible para los jóvenes”, la entrada es 24 veces más barata que en las discotecas.

¿Cómo surge El Mejunje?

Cuenta Silverio:
La directora general del Guiñol era muy amiga mía y empezamos el sábado por la noche allí, pero como toda actividad que comienza y que nadie conocía había sábados que no iba nadie, o íbamos nosotros dos y otra persona pero siempre se hacía, estábamos allí al menos.

Después algunos artistas se empiezan a nuclear alrededor del lugar: músicos, actores, poetas. Esta constituye una etapa muy íntima de El Mejunje, porque iba poca gente, y la mayoría eran personas vinculadas con la cultura, artistas. Como la ciudad no tenía otras opciones por la noche, este se convirtió en el lugar de lo músicos que salían del cabaret. Llegaban y empezaban a tocar. Recuerdo las descargas de Chucho López al piano, un piano destartalado que había allí, y muchos músicos se sumaban.

Aquel ambiente va creciendo y por supuesto empieza la gente y los funcionarios de cultura a fijarse en aquel lugar. Hasta entonces no era común que se hiciera nada que no fuera organizado, que no tuviera objetivo, que no tuviera un plan, que no se aprobara, y este era un lugar libre, donde no había funcionarios y por supuesto empieza a chocar. Cuando se empiezan a fijar en aquel lugar ya habían pasado un grupo importante de artistas, sobre todo de escritores, pintores, y la prensa, que siempre ha aceptado “El Mejunje”.

Al empezar la primera crisis con la directora, el periódico Vanguardia escribe sobre el lugar, destacando la importancia de no perder el espacio. Finalmente deciden que “El Mejunje” no puede seguirse haciendo en el Guiñol porque este era un lugar de teatro para niños, y no podía haber actividades de otro tipo, por lo tanto tiene que dejar de existir.

¿Por qué “El Mejunje”?

Después de salir del Guiñol me ofrecieron un lugar que está detrás del teatro La Caridad. Eran unas ruinas también, pero había una parte que conservaba el techo donde se ubicaban los servicios técnicos de cultura, y un patio grandísimo. Paso “El Mejunje”, que no era Mejunje todavía para allí y poco a poco se va convirtiendo en un sitio popular, se va sumando mucha gente, comienza toda esta historia de los graffiti, por personas muy vinculadas a ellos. Estaban escritos en carteles que luego se pegaban a las paredes y también se empiezan a escribir las paredes.

Algunos graffitis

Si después de hacer el amor da las gracias, eso es educación sexual…

Después de mi, fa…

Ahí empiezo a repartir una infusión de hierbas que yo hacía y la daba a las 12 de la noche. Un día, un humorista que trabajaba aquí, entre los tantos carteles que llevó había uno que decía “El Mejunje de Silverio”. A partir de ahí es que empieza a llamarse Mejunje, que se pone por la infusión que se repartía. Después me doy cuenta que me hubiera pasado años buscando un nombre y nunca hubiera encontrado un nombre que definiera tanto el espacio. El Mejunje es una mezcla y esto era una mezcla.

– ¿Cuáles eran las principales características de “El Mejunje” que lo convertían en un lugar diferente?

Había gente que todos los sábados hacía un mural en las paredes empapeladas del fondo. Allí se armaba un espectáculo siempre. Tenías la opción de sentarte en el piso, aún no había sillas, y ver el espectáculo o seguir para aquel patio grande a conversar.

Esa fue una etapa grande del Mejunje. Una etapa popular donde comienza a vincularse la gente, a conocerse, hasta llegar a un punto donde no cabían. Fue la etapa en que hicimos socios, dimos credenciales, que la gente conserva todavía como muchísimo amor y nostalgia. Pasaron muchos artistas importantes por allí en esa etapa. Nos mantuvimos en ese lugar un año haciendo la noche del sábado solamente.

Después de aquel espacio, donde El Mejunje toma este desenfado y las características que ha mantenido hasta hoy, viene toda una campaña en contra del lugar, decían que se podía derrumbar y que las personas corrían peligro. Me ofrecieron como salida el patio de la Biblioteca Martí que yo había rechazado porque era una institución con otras características, y no tenía nada que ver con lo que yo hacía; pero finalmente nos trasladamos para allá. Esa etapa de “El Mejunje” no fue muy buena porque era muy frío el espacio, pero pasaron cosas importantes, se vinculaban artistas reconocidos, fue una etapa rica pero sin el alma de los graffiti.

Un día dejé de hacerlo allí y puse un cartel en la puerta: “Cesado. Para mis amigos estoy en mi casa”. Comenzó una etapa de dos años donde El Mejunje deja de hacerse, aunque algunas veces nos reuníamos en mi casa; pero eran menos personas: amigos, conocidos…

– ¿Cómo llega a este lugar?

Hay algunos empeños de aceptar el espacio y hacerlo. Incluso por radio se intentó hacer un programa radial, pero no resultó. Se acabó el Mejunje, pero los jóvenes y artistas comenzaron a plantearlo en las distintas reuniones. En el año 91, Humberto Rodríguez nos dio este lugar, que era un solar destartalado. Aquí no había nada, cuando llegamos era un monte, hacía 15 años que se había derrumbado. Un domingo rojo se hizo un trabajo voluntario, se recogió la basura, se botó lo que se pudo, sacamos los escombros, apisonamos el piso y construimos algunas cositas.

Lo inauguramos con gomas de carro. Las poníamos en el piso de asiento; pero había gomas de carros, de camiones. La gente trasladaba las gomas de lugar, buscaban bancos; pero estas gomas no eran muy funcionales porque cuando llovía se llenaban de agua. Finalmente se hicieron las gradas. Las que hay ahora son de Teatro Escambray.

El Mejunje pasa de tener una programación los sábados a tener una programación diaria. Se fueron integrando más personas.

– ¿Qué tipo de personas?

Algunos grupos marginales que veían aquí un nuevo espacio. Sobre todo los roqueros, que eran diferentes a los roqueros de ahora. Eran personas más bien nómadas. Después viene el SIDA y muchos de estos roqueros mueren. Cuando empieza el sanatorio para enfermos de SIDA, El Mejunje comienza a vincularse con ellos enseguida. Por el rechazo que sufrían, ellos vienen a pedirme un espacio en este lugar. A partir de ahí comienzan los vínculos. Llevábamos espectáculos al sanatorio, ellos vienen para acá y surge así todo el movimiento de trasvestis. Muchos de estos enfermos comienzan a trabajar como trasvestis. El caso de Samantha o Humberto es muy conocido. Humberto se convierte en una gran estrella. Hacía ese personaje que marcó una pauta, incluso venían artistas de todo el país a ver el show de Samantha.

– ¿Cómo influyó “El Mejunje” en la vida de estas personas?

A partir de este espacio ellos encontraron un motivo para vivir. Estaban vinculados con el movimiento artístico y se sintieron verdaderos artistas. Cuando miro las fotos de esa época no existe casi nadie. Ya todas esas personas se fueron del sanatorio, volvieron a sus casas, retomaron su trabajo. Desde entonces “El Mejunje” corrió todos esos riesgos. Aquí hicieron cosas buenas y malas, pero logramos que fueran mejores personas.

También tenemos enfermos trabajando aquí; pero el hecho de trabajar en un lugar donde la gente tiene un concepto distinto de la enfermedad hace que no piensen nunca ni en la muerte, ni se sienta rechazado.

La gente viene aquí buscando ayuda, buscando comprensión. Los atendemos siempre de manera muy especial.

Después que surgió “Fresa y chocolate” la gente se puso muy a tono con los homosexuales. Se dieron cuenta que existían. Pero ya “El Mejunje” llevaba 10 años trabajando con homosexuales. Ahora la juventud le da apoyo al rock, pero ya nosotros llevamos muchísimos años trabajando con ellos.

– ¿Cómo insertan la prevención de las enfermedades de transmisión sexual en el espacio de “El Mejunje”?

El Centro de Prevención de las ITS desarrolló un trabajo en este lugar. Capacitaron a los trabajadores de aquí como promotores de salud, se creó un hábito de pedir el preservativo y creo que la gente ha adquirido un poco de conocimiento a partir de esta campaña. Lo importante es sacar la prevención de un programa específico e integrarlo a la vida.

Ellos han logrado que esas personas eleven su autoestima, que se sientan respetados y no rechazados. Aquí siempre han encontrado comprensión, aún cuando a veces su actitud no ha sido la mejor; pero hemos ido ganando poco a poco. Al principio eran indisciplinados, ahora no, incluso cuidan el espacio de los nuevos que llegan. Ya comienzan a sentir este como su espacio, y saben que el peor castigo que se les puede poner aquí es expulsarlos. Aquí han trabajado, aquí han sido felices, aquí se les ha elevado su autoestima, a pesar de que el lugar ha sido rechazado.

“El Mejunje” ha tenido un impacto social en la ciudad de Santa Clara… La ha convertido en una ciudad tolerante, ha logrado la reconciliación de las familias con los homosexuales, con los trasvestis, a partir de que han venido aquí, los han visto trabajando. Ahora los padres, los hermanos vienen aquí, ven el show, les cosen las ropas, los ayudan.

Hoy en Santa Clara nada de esto es tabú. La gente lo ve como una cosa normal, y el Mejunje ha contribuido a que haya ese criterio, que exista esa tolerancia y aceptación. Lo que no se explica la gente es por qué en Santa Clara sí y en otros lugares, no. Este es un sitio humano, donde todo el mundo se siente tratado, pero que se realiza de una manera muy espontánea, nada está forzado.


Entrevista a Ramón Silverio: “El Mejunje es un hecho cultural, pero también un hecho social inédito. Es un sitio que pasó hace mucho tiempo de la tolerancia a la aceptación, es un espacio que ha influido enormemente en el pensamiento social de Santa Clara”

Por José Luis Estrada Betancourt

No temo al afirmar que no existe a lo largo y ancho de Cuba un lugar tan querido, atractivo y polémico como el Centro Cultural El Mejunje, de la ciudad de Santa Clara. La explicación de que así suceda la ofrece su director, el actor, promotor y Premio Nacional de Cultura Comunitaria, Ramón Silverio. «No hay que pensarlo mucho: se debe a su originalidad, a su seriedad, a haber roto con todo lo que estaba establecido y a tener propuestas culturales de alto valor cultural y estético.»

«El Mejunje ha sido un lugar polémico y a mí me encanta, porque los que no son así son casi siempre aburridos. El Mejunje es un lugar sui géneris en el panorama cultural cubano, porque es la diversidad misma. Te puedo asegurar que no hay en Cuba ni en el mundo un lugar tan diverso, donde confluyan tantas personas que, aparentemente, no tienen nada que ver entre sí, y, sin embargo, aquí se unen y comparten, aquí se abrazan y se besan cuando hay una fecha importante, cuando vienen a esperar el nuevo año…

«Esa polémica se ha ido atenuando con el tiempo, porque ha pasado una cosa muy curiosa: los jóvenes todos lo tomaron. Antes, este sitio era un lugar para gente con un pensamiento más avanzado, que retaban al mundo con venir aquí. Ellos se citaban y decían: “nos vemos en el lugar“, “nos vemos en el sitio“, porque los padres no lo podían saber. Esa era la clave. Ha pasado el tiempo, todo se ha invertido, ahora los padres llaman aquí para ver si sus hijos están, para darles recados, y están muy contentos de que sus hijos hayan escogido este sitio como medio de diversión.

«Trabajamos con propuestas muy cubanas y estamos siempre a lleno total. A mí no me puede decir nadie que eso no funciona. Yo hago aquí los “Lunes de victrola”, un espacio con música de los 50, al que pensé que vendrían tres o cuatro amigos míos, y la realidad es otra. Los jóvenes vienen a escuchar a Tejedor, a Orlando Contreras, a La Lupe… Nunca se pone otra cosa, y alrededor de eso montamos mesas de dominó y hago un Bingo a las 12 de la noche.

«No es que yo haya inventado el agua tibia, simplemente he interpretado el alma del cubano. Les propongo cosas que son sanas, que funcionaron siempre y que históricamente van a funcionar. En eso se basa la propuesta de El Mejunje. Los Fakires, un grupo donde todos tienen 70 años y hacen música cubana pura, tienen aquí su espacio, y ¿quiénes vienen?: jóvenes y adolescentes. No vienen viejos. Ahora últimamente se ha mezclado un público de más edad con estos jóvenes, pero mayoritariamente son jóvenes.

«El Mejunje rescató el filin que tuvo en Santa Clara una plaza fuerte, que se dejó perder; personas que estaban en sus casas retiradas, olvidadas, las trajimos hace más de diez años. Lo que empezó con cuatro o cinco gatos, hoy hace que se llenen las gradas. La trova empezó con Roly Berrío en el bar, con tres o cuatro que iban cantando, y aquel fenómeno se fue convirtiendo en algo verdaderamente grande. Ahora cada jueves vienen 500 jóvenes a escuchar la trova, y se saben y cantan todas las canciones. ¿De dónde salió ese público que sigue el Longina, independientemente de la labor que en ese sentido ha realizado Leyda Quesada Quesada, en el Museo de Artes Decorativas que dirige? Siempre somos sistemáticos. Aunque llueva la gente viene con paraguas. Es un nivel de locura muy sana.

«Mira, el ejemplo más elocuente es que siempre, para fin de año, en este lugar se reúnen los intelectuales más importantes de Santa Clara, pero también trasvestis, roqueros, la gente de la calle y el copón divino. Pero cuando llegan las doce de la noche, se canta el Himno Nacional con una devoción que jamás he visto en otro lugar. Y todo el mundo se abraza y se besa de verdad, no hay diferencias. Es un sitio que pasó hace mucho tiempo de la tolerancia a la aceptación, es un espacio que ha influido enormemente en el pensamiento social de Santa Clara.

«Y claro está, El Mejunje ha hecho una contribución muy grande a la familia: aquí han venido los padres a reencontrarse con sus hijos, que habían abandonado, y salen orgullosos. El Mejunje es un hecho cultural, pero también un hecho social inédito».

¿Cómo se puede trabajar con tanta gente joven cuando no se es joven?

—Mira, yo tengo las mejores relaciones con esos muchachos y me puedo pasar la noche conversando con ellos, porque los escucho. La mayoría de las propuestas juveniles han partido de ellos. Yo solo me entusiasmo y les doy espacio. A mí no me gusta el rock que ellos oyen, pero le damos el audio para que pongan su música. Ahora estamos haciendo una actividad que se llama “Cuando éramos chamas”, que es la última sensación de El Mejunje. Se hace con la música que ellos oyeron durante el período especial, cuando muchos eran jovencitos. La aceptación ha sido unánime, y cada miércoles hacemos una fiesta house

«Por ahí van los tiros: darles lo que piden, pero también les mostramos que no es reguetón y salsa lo único que existe. Eso cuesta trabajo. Significa que tengo que buscar qué música pongo; aquí les hacemos escuchar a X Alfonso, Habana Abierta, Kelvis Ochoa, pero también Frank Sinatra, Elena Burke y Barbarito Diez. Solo así se producirá un proceso de asimilación y aceptación. Está claro que no pocos se acercan por otra cosa, pero ya se quedan con esa música y la conocen.

«Quizá el quid está en que no soy un teórico. A mí se me ocurre una cosa hoy y lo pongo en práctica mañana, sin estar viendo el objetivo ni nada de eso. Una actividad está hasta que sea interesante; cuando no lo sea, se va. Ahí está la clave: tratar de superarse a sí mismo; en saber adaptarse sin hacer concesiones. Ah, también hay otro elemento importante: este es un lugar que cobra solo dos pesos, y si no los tienes también entras».

Supongo que todo eso que usted me cuenta sería imposible sin el apoyo de los artistas…

—Hay un vínculo muy estrecho con los artistas. El Mejunje tiene un nivel de convocatoria que no tiene nadie. Cuando convocamos, la gente viene, porque también hemos sido muy serios con los artistas. Tengo que decir que si no hubiera sido por el Gobierno y el Partido, por la prensa —solamente yo sé hasta qué punto han tenido que defender este espacio—, no estuviéramos hablando ahora de lo mucho que se ha logrado.

COMO LA VIDA MISMA

Para Ramón Silverio, si la vida no es como El Mejunje, no vale la pena. «A mí nadie me dijo que tenía que atender a los roqueros, cuando eso se puso de moda, hacía tiempo que yo lo estaba haciendo.

«Yo pienso que el Curso de Superación Integral para Jóvenes es una de las ideas más brillantes de Fidel en los últimos tiempos. Ha ido al rescate de esos muchachos que no estaban haciendo nada. Muchos de ellos vienen a El Mejunje. Ahora llegan aquí y me dicen: “mañana tengo prueba de Historia”. Ellos nunca lo habrían hecho si no hubiera sido por esas escuelas. Van como son, no le ponen ninguna condición que no sea estudiar. Por eso creen en esos profesores, en esas escuelas, en la política que tienen esas escuelas.

«El aporte que ha hecho El Mejunje a Santa Clara y al país es que hay muchas cosas que se han empezado a mirar diferente a partir de este espacio. Yo no me he propuesto absolutamente nada, ha sucedido. Cuando leo lo que se escribe es que me percato de lo mucho que se ha hecho, porque para mí lo normal es levantarme todo los días y venir para aquí.

«El Mejunje es un hecho sociológico cultural y político que deberá ser estudiado en algún momento, porque podría dar pie para otras acciones, lo que no implica que haya que hacer un Mejunje en Santiago y otro en Camagüey. El Mejunje son estas ruinas, estas paredes, este espacio y esta gente. La gente me pregunta por qué no quito una de las paredes para ampliarnos, y yo me niego. Aquí está la magia, las alegrías, los sufrimientos, ¡cuánta gente no habrá cantado ahí! Por aquí ha pasado lo mejor de la cultura cubana».

Pero este no es su único proyecto…

—Efectivamente, llevo más de 20 años metido en la montaña con una brigada artística con la que trabajamos en las zonas de difícil acceso. Recibimos el Premio Nacional de Cultura Comunitaria por esa labor sostenida durante dos décadas.

Silverio, ¿cuál ha sido su formación?

—Autodidacta. Fui maestro primario y campesino. Nací en el camino real y me crié en el campo, yo soy un producto de la Revolución. Esa ha sido mi raíz, y nunca renunciaré a ella, porque es lo mejor que me ha pasado en la vida: haberme nutrido de esa cultura del campo, que me ha servido para llevarlo a la práctica en la vida diaria, en el trabajo en la montaña. Sin embargo, creo que mi obra mayor es haber creado este fenómeno cultural, y nunca pienso que estoy acabando ni que me queda poco.

«Me levanto con la alegría de un proyecto nuevo y el día que no lo tengo, me lo invento. Mis trabajadores provienen de la marginalidad, mis actores eran gentes que nadie quería, y mejor colectivo no quiero, son incondicionales por una simple razón: creen en mí, únicamente así se pueden hacer todas estas cosas. Yo he visto el mejoramiento humano, por eso creo que a la gente hay que escucharla, oírla, la gente tiene muchas cosas que decir, y tú los puedes guiar, apoyándote en el poder transformador del arte».

En este mejunje de textos escaneados por la web, intervienen Alexis Castañeda, Félix López, Jorge Luis Estrada Betancourt, Leonor Esther Martínez, el corresponsal de la BBCmundo, tal vez hasta alguien más… Ellos recogieron en sus crónicas y entrevistas la vida de este centro cultural desde su nacimiento hasta hoy…

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6 Respuestas a “DE SANTA CLARA, EL MEJUNJE: UN ESPACIO DE TOLERANCIA Y CULTURA

  1. Excelente trabajo sobre este sitio de Santa Clara, represenativo de una cultura de la diversidad y el respeto. Ya es hora de que el Mejunje sea clonado en otras provincias.

  2. pronto estare con ustedes les dise el predicador

  3. pronto estare con ustedes les dise el predicador

  4. Excelente trabajo sobre este lugar que te gana el corazón con el primer paso que das hacia su interior. Tuve el placer de conocerlo en este enero de 2011 y parece un lugar de otro mundo. Gracias a Silverio y a todos los que hacen el Mejunje, me lo llevo a mi pais bien atesorado en el corazon, junto a todo Santa Clara.

  5. Fui a Santa Clara al comienzo de este año. He descubierto El Mejunje y esta ciudad magnífica. Ahora sueño en poder regresar a Santa Clara para disfrutar plenamente de una de las comunidades más ricas y bellas que he conocido en toda mi existencia. Viva Cuba! Viva Santa Clara! Y que vivan los 5 héroes!

  6. Nunca ido al El Mejunje , pero si a la bella Santa Clara y he notado que se consigue muchos discos de regueton , salsa , música mejicanos , pero no de los trovadores locales , me gustaria conseguir algunos.Donde puedo?

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