EXHIBICIÓN DE CINE CUBANO ANTERIOR A 1959

Escena de Parque de Palatino.Una antigua polémica en relación con el reconocimiento oficial del cine cubano anterior al triunfo de la Revolución, parece quedar resuelta definitivamente tras el anuncio de una exhibición —a partir del 15 de diciembre—, que organizan el ICAIC y la Cinemateca de Cuba de filmes producidos antes de 1959, en conmemoración del cincuentenario del organismo rector de la cinematografía cubana.

Surcos de Libertad, filme de Antonio Vázquez Gallo.Podrán verse, entre otras, un minuto salvado de El parque de Palatino, uno de los primeros trabajos que captura imágenes en movimiento  filmadas en Cuba. Este documental es el primer cortometraje de Enrique Díaz Quesada, filmado el 25 de marzo de 1906. Trata sobre un parque de diversiones al estilo del Coney Island de Nueva York, que se había inaugurado en la capital el día 8 de marzo.

En el ciclo Historia de nuestro cine contada en imágenes se exhibirán María la O (1947), una coproducción cubano-mexicana de Adolfo Fernández Bustamante que incluye en el elenco a  Rita Montaner; Surcos de libertad, de Manuel de la Pedrosa, y La vida comienza ahora, de Antonio Vázquez Gallo; y La serpiente roja, de Ernesto Caparrós, que marcó el comienzo del cine sonoro en 1937.

Remedio contra la nostalgia

Por Pedro de la Hoz

Un apreciable número de filmes estrenados antes de 1959 se exhibirán en la primera parte del ciclo Historia de nuestro cine contada en imágenes. Se trata de uno de los más colosales empeños del ICAIC y la Cinemateca de Cuba para conmemorar el cincuentenario de la fundación del organismo rector de la cinematografía, o para decirlo con mayor propiedad, del nacimiento de una concepción auténtica del cine nacional como arte, industria y significación cultural.

La serpiente roja inicia el cine sonoro en 1937.Quizá como nunca antes el espectador tenga la posibilidad de acceder, en estas proyecciones que tendrán lugar en la sala Chaplin y la sala de video Charlot, a una cronología ilustrada de la filmografía insular que antecedió a la creación del ICAIC, para lo cual se ha hecho un notable esfuerzo de búsqueda, recuperación y restauración de copias. El resultado debe ser un verdadero remedio contra la nostalgia y una manera de situar las cosas en su justo lugar.

El mismo lunes 15 a las 2:00 p.m. podrá verse un minuto salvado de El Parque de Palatino, filmado en 1906 por el pionero Enrique Díaz Quesada, mientras que en la última función del día 31, a las 5:00 p.m. se exhibirán María la O (1947), una coproducción cubano-mexicana de Adolfo Fernández Bustamante que incluye en el elenco a la inefable Rita Montaner, y La tremenda corte (1945), registro de chistes de Leopoldo Fernández (Trespatines) producido por la agencia publicitaria del refresco Materva.

No deja de ser una curiosidad que el ciclo incluya cuatro filmes estrenados luego del triunfo revolucionario de Enero de 1959: dos de ellos, Surcos de libertad, de Manuel de la Pedrosa, y La vida comienza ahora, de Antonio Vázquez Gallo, al menos intentan ponerse a tono con la nueva realidad que se abría paso, aunque a partir de fórmulas estéticas enmohecidas. Los restantes, La vuelta a Cuba en 80 minutos, de Manuel Samaniego, y Mares de pasión, también de Manuel de la Pedrosa, se mueven entre la ordinaria revista musical y el más ramplón melodrama.

Al comentar esta primera parte del ciclo, el destacado realizador Manuel Herrera, director de la Cinemateca, explicó cómo durante años se han polarizado las opiniones entre quienes reconocían un cine anterior a la Revolución y quienes lo ignoraban. También reinaba un poco de ignorancia —aclaró—, ya que al estar desaparecida la casi totalidad de las obras de la etapa muda y carecer de una amplia investigación sobre nuestras raíces no podíamos considerar cómo, en manos de hombres como Enrique Díaz de Quesada, se intentaba echar las bases de un cine culturalmente cubano abundando en nuestra historia. Pero el sonoro comienza en 1937 con La serpiente roja, de Ernesto Caparrós, que, pese a los valores que pretendiéramos encontrarle, responde a un criterio comercial, como presagio de lo que vendría después.

En medio de esta polémica —puntualizó— dos cosas nos aparecen claras: existió un cine cubano antes de la creación del ICAIC pero, a despecho de obras aisladas, el cine cubano revolucionario, el cine como creación artística destinado a la superación cultural del espectador, que se proyectó y se lanzó hacia un continente en el Nuevo Cine Latinoamericano, nació con el decreto que creó el ICAIC en marzo de 1959. Para cualquier Cinemateca, patrimonio fílmico es todo lo producido en el país independientemente de su calidad artística. No hacerlo, no reconocer nuestras raíces, sería muestra de suprema ignorancia.

Logradas o no, estas cintas nos devuelven hoy la imagen de notables figuras, actores, músicos, cantantes, que de otro modo no conoceríamos. Apegadas al costumbrismo vernáculo se asoman a la vida de entonces, a los conflictos cotidianos, a la filosofía de un ector social, callejero y vividor, parte de nuestra identidad en formación apresada en
imágenes.

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