JFK Y OBAMA, SEMEJANZAS Y TEMORES A LA VISTA

El magnicidio cumplió 45 años, pero sus causas todavía están ahí.Estados Unidos recordó hace unos días el aniversario 45 del magnicidio contra el presidente John Fitzgerald Kennedy, un símbolo de la esperanza y el cambio en los años sesenta, tal cual es hoy Barack Obama, adalid del mismo ideal de transformaciones en la política norteamericana de los últimos tiempos republicanos.

El 22 de noviembre de 1963, Kennedy era asesinado en Dallas (Texas), tres años después de su llegada a la Casa Blanca. Para algunos no escapan las semejanzas y temen que igual riesgo se corra a partir del próximo 20 de enero.

El nuevo presidente no ha llegado al poder porque unánimemente lo haya querido la élite, sino a pesar de una parte de ella. Él primer negro de la Casa Blanca triunfó, en gran medida por el voto de los jóvenes, los hispanos, los negros y la clase media, que en ese país incluye a parte de la clase obrera, los granjeros y los empleados y, para escalar esa posición, tuvo que derrotar a poderosas fuerzas ultra reaccionarias y conservadoras. El hecho de que haya sido respaldado y financiado por otro sector de la misma élite, aunque matiza el proceso, no suprime su contenido.

 

En la década del sesenta Estados Unidos atravesó excepcionales episodios de violencia contra sus personalidades, desde Kennedy a su hermano Bob, candidato a la presidencia, y asesinado en 1968, justo después del crímen contra Martin Luther King, el defensor de los derechos de los negros.

Además de Kennedy, otros tres presidentes estadounidenses fueron asesinados: Abraham Lincoln, quien abolió la esclavitud, en 1865, James Garfield, en 1880, y William McKinley, en 1900, sin contar las tentativas contra Andrew Jackson, Theodore y Franklin Roosevelt, Gerald Ford o Ronald Reagan.

Desde el momento en el que Obama emergió como un candidato creíble se benefició de una protección sin precedentes, incluso le atribuyeron el mismo nivel de vigilancia que a un presidente. Dos amenazas contra él fueron neutralizadas, una en Colorado (oeste) en el momento de la convención demócrata, y otra a finales de octubre en Tennessee (sur), donde dos jóvenes neonazis, sospechosos de haber tratado de masacrar a decenas de negros, fueron detenidos.

Los que proclaman la supremacía blanca están muy preocupados por la elección de Obama, y todavía hay muchos grupos en ese país que propagan el odio racial.

Aunque en Estados Unidos llaman «cambios» a los ajustes estructurales o funcionales dentro del propio sistema, por lo que no hay el más mínimo temor de que la próxima administración cambie el sistema, modifique a fondo el estilo de vida de la sociedad norteamericana o abandone las prácticas imperialistas, para muchos sectores ultraconservadores esta palabra despierta en sí misma un singular temor.

Y si bien estos cambios de orientación o corrección son propios del sistema, lamentablemente lo es también la violencia, y todos recuerdan en estos días, que al menos en dos ocasiones, cuando Lincoln y Kennedy, estos fueron paralizados por asesinatos contra la máxima figura del Estado. Por eso, ante tantas semejanzas, el recuerdo de JFK está hoy más presente que nunca en el pensamiento americano.

Fuentes: AFP y Ria-Novosti

Anuncio publicitario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s